Inicio / Documentos / CENTENARIO DE FIDEL. RECUERDOS, ANÉCDOTAS Y OPINIONES

CENTENARIO DE FIDEL. RECUERDOS, ANÉCDOTAS Y OPINIONES

BLOG AMÉRICA ha querido contribuir desde sus modestas posibilidades a divulgar a Fidel “delante de la caravana”; además de rendirle tributo en este Centenario suyo de luz, lo necesitamos guiándonos, agrandando los portones de la Historia.

 

 

BIRÁN FUE MI ARACATACA

Katiuska Blanco Castiñeiras, escritora y periodista cubana

 

Yo recordaba lo que el propio García Márquez había escrito en sus crónicas reproducidas en la columna dominical de Juventud Rebelde. Decía entonces que en América Latina y el Caribe los artistas han tenido que inventar muy poco, y tal vez su problema ha sido el de hacer creíble su realidad. Uno tiene esa certeza y la confirma al escuchar a Fidel sus recuerdos del Bogotazo. La gente desbordada en las calles arrastró hasta la muerte al asesino de Gaitán, algunos llevaban pianos en andas y un hombre la emprendía contra una máquina de escribir que Fidel hizo volar por los cielos para ahorrar el esfuerzo descomunal e insólito. Ahora sonríen al recordar la ocasión en que Fidel preguntó: «¿y tú que hacías durante el Bogotazo?». Y el Gabo ingeniosamente ripostó: «Yo era aquel hombre de la máquina de escribir».

Conocedor de los sentimientos del Gabo, no solo lee con avidez todos sus cuentos, novelas y crónicas periodísticas, sino que admira su desenfado y apego a los orígenes. Estoy convencida de que, en las páginas de Cien años de soledad, al viajar por los paisajes polvorientos y olvidados de Macondo, conoció la ciudad natal del amigo.

Tanta Aracataca hay en su Macondo, que Fidel después de pasear la mirada por el paisaje de Birán, sentarse en el pupitre frágil del aula de la niñez y disfrutar la sombra del puntal alto de la casa en que nació, dijo: «La escuelita fue mi círculo infantil y Birán mi Aracataca».

(«Con todo el polvo de Aracataca en Birán», Katiuska Blanco, periódico Juventud Rebelde, 6 de marzo de 2007)

 

 

 

LA INMORTALIDAD NO EXISTE

Tomas Borge, político y héroe nicaragüense, fundador del FSLN

 

Bueno, yo encuentro a Fidel en una  recepción… y le digo: Fidel quiero hacerte una entrevista, él se queda un poco asombrado, porque no es lo mismo que venga un desconocido a que venga alguien que casi es un hermano –porque yo admiro a Fidel profundamente.– Y estaba allí en la entrevista mi compañera Marcela con la grabadora, estaba Felipe Pérez, en ese momento ayudante de Fidel, también con grabadora y empezamos una plática sentados frente a frente.

La primera pregunta que le hice fue: ¿qué siente Fidel al haber entrado a la inmortalidad? Entonces hizo una larga disertación sobre la inexistencia de la inmortalidad, decía que la inmortalidad no existe, porque imagina que algún día va a desaparecer el planeta tierra… la inmortalidad llegará hasta ese momento, y no será entonces inmortalidad.

Toda la gloria del mundo, como dijo Martí, me dice, cabe en un grano de maíz, y de ahí saco el título de mi libro. No me pasó lo que a Gianni que lo acosó veinte veces. Yo la conseguí y la hice en solo un día.

(Arleen Rodríguez: Los afortunados entrevistadores de Fidel, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, Ciudad de La Habana, 2007, p. 13)

 

CENTENARIO DE FIDEL. POEMAS Y CANCIONES

 

RECUERDOS DE UNA ENTREVISTA GRABADA A FIDEL

Kirby Jones. empresario y periodista estadounidense

                 

El equipo –Saul Landau, Dick Pearce y Mark Berger– abandonó el hotel a primeras horas del miércoles para preparar el material. Comimos despacio, nos duchamos, nos cambiamos de ropa y esperamos a que Daniel y Alina vinieran a recogernos a las 9:00 de la noche. Nos habíamos vestido de modo informal. En Cuba ni siquiera una entrevista con Fidel Castro exige llevar chaqueta y corbata. A las 9:00 en punto subimos al Alfa Romeo de Daniel y nos dirigimos hacia el Palacio.

El Palacio es un edificio bien cuidado de techos altos, suelos de mármol brillante y plantas interiores. Se terminó justamente antes de que Castro tomara el poder, y había sido destinado a albergar la jefatura nacional de política. Ahora se destina para los despachos de las personalidades más importantes del gobierno y el cuartel general del Partido Comunista cubano.

El despacho de Castro es una habitación sencilla con varios sofás, sillas y tiestos con plantas por toda ella. Toda una pared está cubierta con una librería llena de libros en español con encuadernación a color, que le regaló el presidente de México. Castro no tenía sitio para ellos en su despacho propiamente dicho, por lo que colocó una librería en esa habitación para exhibirlos.

Una puerta del despacho da a la habitación ministerial, que tiene una larga mesa de cromo para unas cuarenta personas –que, cosa bastante curiosa, dispone de una instalación para traducción simultánea– y otra da al despacho de Fidel.

Dentro del despacho, justamente a la izquierda de la puerta, se encuentra una mesa escritorio, ordenada, con varios teléfonos. Detrás de la mesa hay una librería llena con los escritos del Che, diferentes libros sobre Cuba y diversas obras muy técnicas sobre agricultura, administración de granjas y economía. En el extremo más alejado hay una pequeña mesa de conferencias para ocho personas y, a la derecha, un sofá, dos sillas amplias y una mesa para café.

En el centro del despacho se dispusieron tres sillas para la entrevista: se colocaron las cámaras, se probaron las luces, todo ello ante la vigilancia del personal de Fidel. Observaron y revisaron todo lo que hicimos, de forma parecida a como los agentes del Servicio Secreto observan las instalaciones en que vaya a celebrarse una entrevista con el presidente de Estados Unidos.

A las 10:45 exactamente entró Fidel con Pepín. La pistola había desaparecido de su cintura, y llevaba el cabello peinado con sumo cuidado.

Nos saludó calurosamente, inspeccionó el escenario y pareció dar su aprobación.

Nos sentamos. Se probaron los micrófonos, y comenzamos la primera de las tres noches de entrevista (…). Pero una conversación con Castro hay que describirla.

 

Miraba directamente a los ojos

Realizamos la entrevista totalmente en español.   No presentamos pregunta alguna por adelantado, y Fidel respondió a todas las que le formulamos.

Castro habla con suavidad. A diferencia de la imagen pública que se ha creado sobre él en Estados Unidos en estos años, conversa de forma sosegada, pero seria. Es el jefe de su país, y lo que dice se lo piensa cuidadosamente y lo expone con lógica. Sabe lo que se trae entre manos y lo que dice en todo momento. Era completamente consciente de la cámara, y demostró tanto profesionalismo como un candidato político avezado de Estados Unidos.

Nuestra entrevista fue en realidad una conversación. En general, Fidel permanecía cómodamente arrellanado en su silla, reclinado hacia atrás, con las piernas cruzadas y fumando sus consabidos puritos. Pero cuando quería subrayar especialmente una observación, se inclinaba hacia adelante hasta quedar a pocos centímetros de distancia de su entrevistador, le daba una palmadita en la rodilla y le miraba directamente a los ojos. Le molestaba que no se entendiera bien lo que estaba diciendo. No pedía en absoluto que estuviéramos de acuerdo con él, pero no abandonaba una cuestión hasta que no quedaba satisfecho al ver que por lo menos entendíamos lo que estaba diciendo.

Resultaba tan fácil quedar absorbido por su estilo y su lógica, que con frecuencia nos veíamos empezando en el punto A y asintiendo con respecto al punto B, al cabo de diez minutos. Fidel fue abogado y lo demuestra. Todos sus argumentos siguen una presentación estructurada cuidadosamente. Si se descuida uno, cuando está acabando de exponer su tesis, le ha convencido a uno de cosas en las que no cree.  (Durante nuestra visita de octubre, estábamos, junto con Dan Rather, de la CBS, hablando con Fidel. En medio de una discusión acalorada entre Rather y Fidel, Jones se volvió hacia Mankiewicz y susurró: «Frank, ¿qué te apuestas a que dentro de cinco minutos Dan empieza a mover la cabeza en señal de asentimiento?». Como si nos hubiera oído, mientras Fidel seguía exponiendo su tesis, Dan empezó a mover la cabeza y al cabo de poco empezaba a pronunciar las palabras: «Sí, sí»).

Castro no es un conversador pasivo. Todo su cuerpo parece implicado en lo que está diciendo. Sus dedos acarician la barba, sus brazos y manos recalcan sus argumentos con claridad. Con frecuencia alza un dedo por delante de su cara o en el aire, mientras piensa y habla. Aun cuando permanecía sentado tranquilamente en su silla, mientras hablaba, una energía y un movimiento magnéticos se desprendían de él.

Al cabo de noventa minutos, solicitamos un descanso. Inmediatamente, nos trajeron y sirvieron a cada uno daiquirís helados: a los guardias, a los ayudantes, así como a los cámaras.

Fidel nos ofreció a todos habanos de su estuche de cuero. En un instante, vaciamos el estuche, ante lo cual por encima del hombro de Fidel apareció la mano de un ayudante eficaz que lo cogió e inmediatamente se lo devolvió lleno. Fidel hizo bromas e intentó hablar con el resto de nuestro equipo. Estaba interesado por todos nosotros y nos hizo preguntas con respecto a nuestro trabajo y a nuestra opinión sobre cómo estaba saliendo la entrevista.

(…)

A las 3:00 de la mañana aproximadamente, un ayudante indicó a Saul Landau que había llegado el momento de levantar la sesión.

«Creo que no hemos hecho más que empezar», comentó Fidel. «¿Por qué no continuamos mañana por la noche y empezamos un poco antes: hacia las 10, por ejemplo?».

CENTENARIO DE FIDEL. OPINIONES

Nunca llegó tarde

El jueves, 18 de julio, por la noche continuamos donde habíamos quedado. Habíamos decidido que en la segunda sesión haríamos las preguntas más delicadas: las referentes a las cuestiones que preocupaban a los norteamericanos.

A las 10:00 en punto de la noche, Fidel entró en la habitación. Nunca llegó tarde a ninguna de nuestras citas. De hecho, parece ser que la puntualidad –característica nada latina– es una costumbre cubana.

A la conclusión de la primera parte de la entrevista, le preguntamos cómo obtenía sus noticias sobre Estados Unidos y el mundo.

«Tengo un resumen diario de noticias», respondió. «Cada mañana, a las 8:00, encuentro un resumen sobre mi mesa de despacho. A veces no llego a leerlo todo hasta avanzada la noche, cuando hago la mayor parte de mis lecturas, pero si está ocurriendo algo importante, en este caso estudio el material, naturalmente».

«¿Podríamos verlo?», preguntamos.

«Desde luego».

Se lo dijo a un ayudante, quien rápidamente trajo un cuaderno de tres centímetros de ancho que contenía noticias cablegrafiadas procedentes de todo el mundo, de todas las agencias de noticias desde la AP hasta la TASS. Las noticias aparecían resumidas con claridad y el cuaderno tenía un índice muy claro y estaba clasificado en varias secciones: Cuba, Estados Unidos, Latinoamérica, Europa, Tercer Mundo. Cada sección tenía un índice propio.

«La mayoría de las veces», explicó Fidel, «no tengo tiempo de leer el resumen completo. Pero, si un artículo me parece especialmente interesante o importante, lo leo».

«¿De dónde saca usted el tiempo para leer todo eso?», preguntó Mankiewicz.

«Sobre todo por la noche, generalmente después de medianoche. A esa hora es cuando hago la mayor parte de mis lecturas».

 «¿Ha leído usted algún libro americano recientemente?».

 «Acabo de terminar Jaws y me ha gustado por su espléndido mensaje marxista».

Aquella observación nos sorprendió, pues a nosotros Jaws nos había parecido simplemente una historia de aventuras de primera clase. Pero Castro comentó a continuación esa parte del libro en que el jefe local de policía apremiaba a los funcionarios de la ciudad para que cerraran las playas, mientras perseguían al tiburón blanco, que se había comido a varios bañistas. Los funcionarios se negaron, aduciendo que se acercaba el fin de semana del 4 de julio y que aquella mala publicidad iba a arruinar los negocios del verano.

«De modo que», dijo Castro, «el libro insiste en que el capitalismo es capaz de arriesgar incluso la vida humana para mantener abiertos los mercados». La mayoría de los críticos de Estados Unidos no insistieron en ese detalle.

Cuando nos sentamos después del descanso, Fidel volvió sacar a relucir el tema de Watergate.

«Ayer dije que en Cuba no podíamos contar con el procesamiento de Nixon, pero hoy ha ocurrido algo que parece muy importante. Un miembro republicano del Comité Judicial ha celebrado una conferencia de prensa que a mí me parece significativa».

«¿Se refiere usted al congresista McClory?», preguntamos.

«Exactamente. Ha dicho hoy que votará a favor del procesamiento del presidente Nixon. Me parece que ahora estamos de acuerdo con ustedes. Por primera vez creo que Richard Nixon no va a salvarse».

Acabamos a la una de la mañana, y Castro nos invitó a continuar con la tercera sesión la noche siguiente…

(…) La sesión final, el viernes por la noche, fue más corta que las otras dos. Al terminar, Fidel nos reiteró su invitación a llevarnos a hacer una gira en jeep el día siguiente por la región de los alrededores de La Habana.

(Kirby Jones y Frank Mankiewicz: Con Fidel. Playboy Press, Estados Unidos, 1975, pp. 23-28. Citado por Luis Báez en Así es Fidel, pg 200)

CENTENARIO DE FIDEL. ANÉCDOTAS, RECUERDOS

RECUERDOS DE NAVIDAD Y OTRAS ANÉCDOTAS

Pastorita Núñez, combatiente del Ejército Rebelde y de la clandestinidad

 

Bien me acuerdo del 31 de diciembre de 1952, en que Fidel se apareció        en mi casa con una cazuela de barro (llana) que contenía arroz, frijoles negros y una latica de aceite en el centro, rodeados por una tableta de a libra de turrón de Jijona, otra de Alicante, una cajita de membrillo y muchas avellanas. ¡Qué rico y qué espléndido regalo y qué generoso desinterés de quien se acordaba de mi mesa vacía para compartir alegremente lo que tenía en la suya!

Otro recuerdo de la Navidad de ese año es el del día siguiente, 1ro. de enero de 1953, en que una amiga común, la doctora Moraima Amorós, que residía al lado del restaurante La Terraza de Cojímar, nos invitó a cenar. Allí nos reunimos Fidel, Mirta, Fidelito, Olga mi hermana, Aida Pelayo, Carmen Castro Porta, Martha Frayde, un familiar de la doctora Amorós cuyo nombre no recuerdo, y yo. Esa noche Fidel hizo galas de su buen apetito.

Está vivo en la memoria el día en que enfermó Fidelito en la casita humilde de la calle 41, cerca de la cervecería La Tropical; los recursos de la casa estaban muy escasos, la desesperación de Fidel, que creía que su hijo se moría y se revolvía en los bolsillos para comprobar si había algún dinero, para encontrar que no había absolutamente nada.

El 1ro. de enero de 1954, recuerdo que, con Mirta, Lidia su hermana, y otras compañeras, lo visité en el penal de Isla de Pinos y me contó el inolvidable asalto al cuartel Moncada.

Asociado a estos personales, pero hoy históricos recuerdos de mi amistad con Fidel, está precisado con exactitud el día en que, con Abel Santamaría, que era uno de los jóvenes de vanguardia de la Juventud Ortodoxa y de los que puso proa a la línea insurreccional, fuimos a visitarlo a una casa que le habían cedido unos amigos en la playa de Guanabo.

Fue un domingo de felicidad para todos, pues después del chapuzón, estuvieron las conversaciones en el portal de la casa, donde solo se hablaba de ametralladoras, tiros, revolución y de la forma de «tumbar a Batista», de la indiferencia de los dirigentes ortodoxos ante lo que estaba pasando en Cuba, y de la necesidad de prepararnos para la contienda bélica ineludible.

Después, Fidel cocinó unos spaguettis, que de verdad le quedaron exquisitos, pero en los que utilizó para hacerlos todo el puré de tomate que tenían de reserva, enviado por Mongo. Se oía la voz de protesta de Mirta: «Si sigues echando puré, no vamos a tener para hacerle la comida a Fidelito, y la voz de este: «Sí, papi, echa más tomate, que está bueno», y la risa escandalosa de Abel, que a la sazón estaba enamorado de mi hermana Olga y la enseñaba a envolver los spaguettis en el tenedor, al estilo italiano.

Cuando al anochecer volvíamos al portal con la plática revolucionaria y empezaban a subir los cangrejos a la casa, evoco los gritos de Fidelito: «Ay, papi, papi, mila bicho», y Fidel, en trusa, se levantaba lentamente a recogerlos, diciendo: «Parece que Fidelito le tiene miedo al cangrejo». Al poco rato, era la misma gritería del niño y la vuelta del padre a botar cangrejos.

Estaba la despedida cordial de familias unidas por afectos profundos, por grandes necesidades económicas y por un patriotismo elevado, así como tantos otros recuerdos, de mayor o menor categoría entonces, que hoy, con el rango y la categoría de Fidel, muchos quisieran poder testimoniar. A mí me basta con haberlos vivido y recordarlos.

(Pastorita Núñez: “Una vida de recuerdos” citado por Luis Báez en Así es Fidel, pg 329

 

EVOCACIONES DE FIDEL EN TORNO AL 26 DE JULIO (I)*

SOLIDARIDAD E INTERNACIONALISMO

Héctor Rodríguez Llompart, revolucionario cubano

 

 

En septiembre de 1973 integré una delegación que, presidida por el Comandante en Jefe, visitaba a la heroica nación de Vietnam del Norte. Al día siguiente, saldríamos a visitar el sur del país, donde aún se libraba la guerra contra los agresores yanquis.

Temprano en la mañana llegaron a la casa donde nos hospedábamos, el primer ministro Pham Van Dong, el jefe de meteorología y otros altos dirigentes vietnamitas.

El meteorólogo vietnamita extendió un mapa y pasó a explicar la imposibilidad de realizar el viaje debido a dos ciclones que se aproximaban al sur. Fidel lo oyó pacientemente y comenzó a preguntar por la posición de los ciclones, su velocidad de traslación y dirección pronosticada.

Evidentemente, la intención de los vietnamitas era evitar el viaje al sur, ya que el jefe de la Revolución Cubana correría graves riesgos debido al desarrollo de la guerra, donde persistían los ataques aéreos, se mantenían los campos minados, etcétera.

Ante la insistencia de Fidel, el primer ministro, Pham Van Dong, aceptó que el viaje se realizara, no sin antes decir que, aunque para él viajar al sur era políticamente complicado, se sentía obligado a hacerlo para acompañar al Comandante en Jefe.

El tiempo que la delegación cubana estuvo en el sur de Vietnam fue motivo de regocijo y alegría para Fidel, junto a las tropas que luchaban y enfrentaban al ejército norteamericano y sus secuaces nacionales.

Fue aquella una prueba irrefutable de solidaridad e internacionalismo y expresión concreta de aquella frase inolvidable que pronunciara: «Por Vietnam estamos dispuestos a dar hasta nuestra propia sangre».

(Recuerdos escritos especialmente para el libro Así es Fidel, de Luis Báez, pg. 440)

 

 

 

ES UNA SECUOYA

Alice Walker, escritora norteamericana

No han podido matarlo y eso les ha molestado. No han podido matar a ese hombre que ha persistido en ser quien es, durante años, frente al país más poderoso de la tierra. Es algo asombroso.

Es una secuoya, viejo árbol gigante, que mientras otros han sido segados, él sigue en pie y están desesperados para hacer el corte final. Y entonces no tendremos a nadie como él. Tendremos a otras personas maravillosas, y nosotros mismos seremos los que tengamos que ser, pero él es una inspiración.

(Estela Bravo: documental Fidel, citado por Luis Báez en Absuelto por la Historia, pg. 27)

Autor

Etiqueta:

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *