Por Germán Sánchez Otero
* Tomado del libro CHE SIN ENIGMAS, de Germán Sánchez Otero, primera edición, 2007, publicado por Ocean Sur, impreso en Bogotá, y por la editorial Ciencias Sociales de Cuba, en 2008. Esta versión que ahora publica el BLOG AMËRICA en dos partes, ha sido revisada por el autor para el Curso Internacional 2026 de la Escuela Florestán Fernández, del Movimiento Sin Tierra de Brasil (MST), con fines docentes.
¿Por qué es universal el Che?
Pocas figuras del siglo XX, han logrado una trascendencia en el orbe con los alcances del Che. ¿Cómo explicar esa activa presencia suya en los sentimientos, convicciones y expectativas de millones de personas?
Una de las principales causas que originan la universalización de la figura de Che, es precisamente su conducta e ideario de proyecciones ecuménicas: su internacionalismo.
El Che vivió y murió para la humanidad.
Por ello voy a intentar resumir, desde su propio acervo, los conceptos teóricos y los valores éticos, que son la fuente nutricia de sus actuaciones de alcances mundiales.
La entrega plena del Che a la causa de la mutación raigal del hombre, la sustentó en coherentes argumentos y en su epopeya cotidiana, que permiten comprender el vigor inagotable de su figura, sin enigmas ni distorsiones.
Deber y necesidad
Pensar al Che en su internacionalismo es tratar de comprenderlo en el concierto de sus actos e ideas: su vida la dedicó al objetivo de contribuir a alcanzar, en el menor tiempo posible, las mutaciones revolucionarias de la humanidad y la creación de la nueva sociedad.
El Che es símbolo de la solidaridad por su opción de vida y por el optimismo en el triunfo final de un proyecto renovador del género humano. Y lo es, ante todo, por esa insuperable armonía entre la entrega a la causa de los explotados del mundo y sus ideas científicas y humanistas.
El suyo es el internacionalismo más puro y auténtico, por el sustrato ético que lo alienta. Su quehacer práctico y teórico, tiene como guía y fin la superación de las sociedades capitalistas a escala mundial. Por ello, la decisión que adoptó en México de incorporarse a la expedición del Granma, bajo la guía de Fidel, su ejecutoria en la lucha guerrillera en Cuba y su desempeño multifacético como miembro de la dirección cubana, sus aportes a la sociología de la Revolución, a la Economía Política y a la teoría de la transición socialista o su presencia en el Congo y en Bolivia, son eslabones entrelazados de una concepción y de una misma voluntad de cambiar la vida en sociedad.
Para él, la acción de los pueblos tiene “características mundiales” y “la toma del poder es un objetivo mundial de las fuerzas revolucionarias”.
De esa perspectiva global se desprende un axioma: el revolucionario de nuestro tiempo debe ser internacionalista, o no es revolucionario. Y se deriva otra verdad esencial: “El internacionalismo proletario es un deber, pero también es una necesidad revolucionaria”1.
¿Por qué deber y necesidad? ¿Cómo se formó en él esta certeza?
FIDEL CASTRO Y CHE GUEVARA: EL MARXISMO SIN DOGMÁTICAS ATADURAS
Un soldado de América
“Aquí va un soldado de América”, 2 recuerdan sus familiares que exclamó el joven Ernesto al abordar el tren en el que iniciaría, en julio de 1953, su segundo recorrido por el continente americano.
Desde los primeros lances juveniles, Ernesto captó en su propio suelo natal y en los muchos países latinoamericanos que recorrió, las circunstancias en que vivían esos pueblos. Al terminar la primera gira por América Latina –Chile, Bolivia, Perú, Colombia y Venezuela– escribió: “Ese vagar sin rumbo por nuestra “Mayúscula América” me ha cambiado más de lo que creí”. 3 Durante el segundo viaje –Bolivia, Perú, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, México– la transformación sería definitiva.
Desde Costa Rica, escribe: “En el Paso tuve la oportunidad de pasar por los dominios de la United Fruit, convenciéndome cada vez más de lo terrible que son estos pulpos capitalistas.” Ya desde entonces, esa comprensión del fenómeno de la explotación imperialista se traducía en una decisión: “He jurado (…) no descansar hasta ver aniquilados estos pulpos capitalistas.” Y anticipa: “En Guatemala me perfeccionaré y lograré lo que me falta para ser un revolucionario auténtico.”
Y en esa misma carta a sus familiares, el 10 de diciembre de 1953 proclama, al despedirse, “la luciente fe en el porvenir socialista”. 4
En Guatemala, Ernesto vive hasta 1955 y se compromete con el proceso nacionalista y democrático. Allí, convierte en acto su actitud solidaria al lado de los pueblos: “He tomado posición decidida junto al gobierno guatemalteco y, dentro de él, en el grupo del PGT que es comunista”. 5
Y, al conocer que en junio de 1954 Estados Unidos muestra señales de una probable intervención en Guatemala, Ernesto comunica a sus familiares: “Ya estoy apuntado para hacer servicios de socorro médico de urgencia y me apunté en las brigadas juveniles, para recibir instrucción militar e ir a lo que sea”. 6
En abril de ese año, escribe un artículo –no publicado entonces– sobre la coyuntura guatemalteca, en el que expresa: “La responsabilidad histórica de los hombres que realizan las esperanzas de Latinoamérica es grande. Es hora de que el garrote conteste al garrote, y si hay que morir, que sea como Sandino y no como Azaña”. 7
Los hechos en Guatemala no siguieron el curso que Ernesto planteaba. El 4 de julio de 1954 saca conclusiones: “La traición sigue siendo patrimonio del ejército, y una vez más se prueba el aforismo que indica la liquidación del ejército como el verdadero principio de la democracia”. Y concluía: “Un pueblo en armas es un poder invencible”. 8
Por ello, en México, su decisión de incorporarse al proyecto de los revolucionarios cubanos resultó inmediata al conocer a Fidel Castro: “Un joven líder cubano me invitó a ingresar a su movimiento, movimiento que era de liberación armada de su tierra, y yo, por supuesto, acepté”. 9
El Internacionalista Ernesto Che Guevara –ya sus compañeros cubanos en México lo llamaban Che–, el soldado de América, entró así en acción y en la historia: “después de deshacer entuertos en Cuba, me iré a otro lado cualquiera”. 10
Internacionalismo en y desde Cuba
No es casual, por consiguiente, que, a poco de triunfar la Revolución Cubana, el Che escribiera que el futuro de aquella “está ligado íntimamente al de todos los países de América Latina” y subraya que la Revolución “no está limitada a la nación cubana, pues ha tocado la conciencia de América y ha alertado gravemente a los enemigos de nuestros pueblos”.11 En consecuencia, “la batalla de Cuba es la batalla de América” y “si Cuba gana (…) América entera habrá ganado en esta pelea”.12
En su opinión, el 1ro. de enero de 1959, Cuba inaugura una nueva etapa en la historia de América “en la cual nos ha tocado la enorme dignidad de ser la vanguardia de la liberación”.13
Por eso, invierte la idea inicial y completa su pensamiento: el destino de las revoluciones populares en el continente “está íntimamente ligado al desarrollo de nuestra Revolución”.14
Cuba debe “pagar un precio por el hecho heroico de constituir una vanguardia como nación”.15 Ese concepto del Che, lo repite una y otra vez en sus escritos y discursos. Ser la primera revolución en América es un orgullo, pero supone el enorme deber de una vanguardia.
¿De qué modo concibe Che el papel de la solidaridad del pueblo cubano con las luchas de sus hermanos latinoamericanos y caribeños y de todo el mundo? ¿Cómo, de qué formas y por qué vías practicar ese deber?
Cuando un joven cubano le escribió, ofreciéndose para ir a luchar por la liberación del pueblo dominicano, le respondió en carta fechada el 5 de febrero de 1959: “Dedíquese por ahora a trabajar entusiastamente por nuestra Revolución, que será la mejor ayuda que podamos ofrecer al pueblo dominicano, es decir: el ejemplo de nuestro triunfo completo”.16
Así, para el Che, la primera responsabilidad internacionalista –junto a la defensa de la Revolución– es construir el socialismo rápido y bien. Por eso insistía en “perfeccionar nuestra calidad de ejemplo”17 y exhortaba una y otra vez a “trabajar todos los días pensando en nuestra América y fortalecer más y más las bases de nuestro Estado, su organización económica y su desarrollo político”.18
Ese nexo primordial entre el deber cotidiano de crear la nueva sociedad y la solidaridad mundial, es una idea matriz en las concepciones internacionalistas del Guerrillero Heroico, muy poco destacada en la divulgación de su pensamiento: “tenemos que darle a nuestro trabajo el sello de responsabilidad y de seriedad que entraña el ser espejo donde se miran todos los pueblos de América”19 (…) “tenemos que realizar nuestro plan, cumplirlo, sobre cumplirlo si es posible y levantar nuestro nivel de vida a alturas insospechadas en América”. 20
Él pensaba, además, que al dar a conocer la obra de la Revolución debíamos entregar un balance equilibrado y exacto, esquivar la apología y no ocultar los errores de nuestro proceso: “somos el primer país socialista de América (…) una experiencia viviente que muestra a la luz del conocimiento público todos sus aciertos y sus errores”. 21
Por otra parte, con el ánimo de contribuir a que se conocieran las experiencias de la Revolución Cubana en la lucha por el poder, y frente a los muchos analistas y dirigentes políticos del continente que pretendieron excepcionalizar el triunfo cubano, Che escribió su libro La Guerra de Guerrillas y varios ensayos y artículos –además de sus referencias al tema en muchos discursos y entrevistas–. Su objetivo fue identificar y explicar los aportes de la Revolución Cubana, útiles en el desarrollo de los diversos caminos revolucionarios en la región.
Así, “los excepcionalistas”, sorprendidos por la herejía cubana que no se correspondía con sus teorías acerca del capitalismo latinoamericano, las fases sucesivas para emprender la lucha por el poder, la correlación de fuerzas, las alianzas de clases y otros conceptos, recibieron la réplica en aquellos textos de Che, los cuales representan, desde la teoría, un aporte solidario práctico al avance de la revolución en nuestra América.
Le gustaba sintetizar su internacionalismo humanista en una frase de José Martí, que muchas veces repetía: “todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla, el golpe dado a cualquier mejilla de hombre”. Che, que estudió y enraizó a Martí, habló siempre de él en presente –”está vivo”, dijo– y en su proyección universal y latinoamericana: “es americano”. 22
En esa misma escala de pertenencia y significación continental, colocó a Bolívar y a San Martín. Ellos no pertenecen a un país –insistía– “como Martí no nos pertenece”. 23 De ese modo también se refirió a los grandes combatientes de la clase obrera: “dejan de pertenecer a uno u otro país y pertenecen a toda la clase obrera en general”. 24
Confirmó en el humanismo martiano y reafirmó en Marx y en Lenin su latinoamericanismo y sus convicciones internacionalistas, depuradas y potenciadas en la experiencia revolucionaria cubana, bajo el liderazgo de Fidel.
Con ese espíritu martiano, bolivariano y marxista detenía su atención durante sus discursos –pronunciados en fábricas, en las tribunas internacionales u otros escenarios– para analizar, divulgar y alentar las luchas de los pueblos latinoamericanos, caribeños, de África, Asia y del resto del mundo.
La causa de Puerto Rico –”sigue luchando por dar el primer paso, el más difícil quizás”– las luchas de los pueblos de Guatemala, Venezuela, Colombia, Paraguay, Chile, República Dominicana, Nicaragua, Argentina y de los demás países latinoamericanos –”ruidos precursores de una erupción que se avecina”– fueron todas exaltadas por su verbo solidario, como las del Congo, Argelia, Angola y otros países africanos o la de Vietnam. No hubo, en rigor, ninguna expresión de bregar popular y revolucionario de aquellos años que el Che no conociera a fondo y dejara de mencionar y estimular con hermosas palabras.
En respuesta a las acusaciones que se hacían a Cuba de injerencia en los asuntos internos de otros países, rechazó este infundio y a la vez proclamó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: “No podemos negar nuestra simpatía hacia los pueblos que luchan por su liberación y debemos cumplir con la obligación de nuestro gobierno y nuestro pueblo de expresar contundentemente al mundo, que apoyamos moralmente y nos solidarizamos con los pueblos que luchan en cualquier parte del mundo, por hacer realidad los derechos de soberanía plena proclamados en la Carta de las Naciones Unidas”. 25
Y más, el Che pensaba que una misión de Cuba –totalmente compatible con el derecho internacional– era trasladar por todos los medios de difusión a su alcance el ejemplo de otros pueblos en lucha.
En tal sentido, colocó a Vietnam en la primera de las prioridades: “Nuestra misión aquí, en Cuba, es recoger ese ejemplo vivo (…) y además trasladar su ejemplo por todos los medios, a la América oprimida”. 26
Tales ideas se relacionan con su insistente reclamo de trabajar en el ámbito ideológico y político por convencer a los pueblos de la vía acertada para su liberación. Y en persuadirlos de la posibilidad real de iniciar el camino del desarrollo socialista. 27
Entrevista al Comandante Che Guevara por Lisa Howard de la cadena ABC
¿Cómo deben ser y actuar los colaboradores cubanos en otros países?
Seguro de ese futuro, el preveía que llegaría el momento en que nuestro país ofrecería su ayuda solidaria a otros pueblos subdesarrollados que alcanzaran la liberación.
En aquellos años, en que estábamos inmersos en la faena de sustituir a muchos técnicos que emigraron a Estados Unidos y en formar a las nuevas generaciones de ellos, para además satisfacer las necesidades del desarrollo futuro de nuestro país, se refirió en varias oportunidades al deber de pensar –y preparar al pueblo– en que algún día nuestros profesionales y técnicos serían útiles a otros países hermanos. Así, por ejemplo, en su discurso al inaugurar la planta mecánica de Las Villas (marzo 1964) expresó: “Y que ese ejemplo (…) también debe traducirse un día en técnicos y en fábricas, que vayan desde Cuba hasta otros países de América que obtengan su libertad.”
Ese sueño suyo fue cumplido por vez primera en Chile –en tierras de América–, durante el gobierno de Salvador Allende y, sobre todo a partir del triunfo sandinista en Nicaragua, desde 1979. Por añadidura, fue extendido a otros confines, y profesionales cubanos desde los años setenta del pasado siglo contribuyen al desarrollo de muchos países de América Latina, el Caribe, África y Asia.
¿Qué cualidades deben ser atributos de esos profesionales y técnicos internacionalistas y cómo deben realizar sus quehaceres?
A propósito de opinar sobre la actividad solidaria de los técnicos de los países socialistas en Cuba y en otras naciones subdesarrolladas, el Che emitió una valoración que mantiene plena actualidad y estará vigente siempre para nuestros internacionalistas civiles: “son compañeros que deberán enfrentarse a un medio desconocido, muchas veces hostil a la técnica, que habla una lengua distinta y tiene hábitos totalmente diferentes”. Y concluyó: “los técnicos que se enfrentan a la difícil tarea deben ser, ante todo, comunistas, en el sentido más profundo y noble de la palabra: con esa sola cualidad, más un mínimo de organización y de flexibilidad, se harán maravillas”. 28.
Y con su pupila siempre atenta a la proyección solidaria de nuestra Revolución, incluso en el valor de nuestros errores, razonaba: “los pueblos que se liberen tendrán estos mismos problemas y podrán entonces recurrir a nosotros y a nuestra experiencia para que ese aprendizaje sea menos doloroso”. 29 ¿Acaso no es esta afirmación del Che un retrato de lo que aconteció, por ejemplo, en Venezuela a partir del triunfo de la Revolución Bolivariana y en otros países?
El desinterés en el ejercicio de la solidaridad de la Revolución Cubana es un valor rector de nuestra política exterior, destacado por el Che; el internacionalismo es un deber y una necesidad, no puede ir acompañado de requerimientos o condicionamientos, sean estos políticos o económicos. Nuestra ayuda y nuestro apoyo los entregamos “sin preguntar el régimen político, ni las aspiraciones de los países que luchan por su independencia”. 30
Podrían citarse muchos ejemplos para ilustrar como Cuba ha hecho realidad estas ideas del Che sobre la solidaridad con otros países; por cierto, idénticas a las que siempre concibió y promovió Fidel, quien ha sido el dirigente revolucionario en el mundo que las ha practicado con más generosidad y creatividad, y durante más tiempo. Siendo a la vez el principal educador de esos valores en el pueblo cubano.
El valor de la solidaridad que Cuba recibe
Examinemos ahora en las ideas del Che acerca del significado de la solidaridad recibida por Cuba.
Él fue, desde los primeros meses del triunfo de nuestra Revolución, uno de sus dirigentes más vinculados a los gobernantes de los países socialistas, en especial de la Unión Soviética. Sus responsabilidades al frente de la economía y las diversas misiones que cumplió en las visitas a esos países, le permitieron un conocimiento directo y abarcador de la envergadura, oportunidad y significación para nuestro país de la solidaridad de los países socialistas.
Fueron muchas las veces que Che reconoció la importancia que encerraba para Cuba aquel respaldo material y político. En marzo de 1960, al reseñar el primer contacto económico firmado con la Unión Soviética –este país se comprometió a colocar en Cuba petróleo a un precio 33% más barato que el estadounidense–, afirmó: “Eso se llama liberación económica.”31 En setiembre de 1960, puntualizó: “ese petróleo es entregado sin entregar soberanía ni dignidad nacional a cambio”. 32
Dos años después, en 1962, sintetizó el rasgo fundamental de esa ayuda: “cuando nosotros (…) no habíamos declarado siquiera el carácter socialista de la Revolución, cuando toda nuestra característica era la de una Revolución joven que tenía la osadía de encararse al poder norteamericano, la Unión Soviética nos compró azúcar (…) nos suministró el petróleo e hizo advertencias muy serias en momentos también muy serios”. 33
Al destacar la solidaridad socialista, Che exaltó a menudo la recibida de todos los pueblos del mundo y en particular de nuestra región: “No estamos solos”, decía muchas veces para reconocer este apoyo internacional y estimular a la vez en nuestro pueblo la resistencia al imperialismo.
Insistía, sin embargo, en que nuestra fuerza procede, ante todo, de la unidad y del coraje del pueblo. Sin desconocer un ápice el significado de esa formidable solidaridad mundial que se desplegó en torno a Cuba, advirtió que ella debe ser entendida como “el elemento para consolidarnos” y para asegurar más la defensa de la Revolución, pero no es la base única de nuestras fuerzas. Estas –insistió siempre– dependen en primer lugar de nuestra cohesión y de la disposición de todo el pueblo a morir en defensa de su Revolución: “Nosotros no esperamos nada, estamos de frente a nuestro destino (…) y dispuestos a morir antes de retroceder un paso.” 34
Destacaba, finalmente, que la solidaridad recibida debía hacer crecer en nuestro pueblo la responsabilidad internacionalista, pues la gratitud debe traducirse en la aceleración revolucionaria y en mayor eficacia para crear el socialismo.
Dar solidaridad y convertir la recibida en desarrollo de la Revolución, para así estar en condiciones de dar más solidaridad: una espiral infinita y fecunda de su visión del internacionalismo.
Manuel Piñeiro: “El Che nunca se sintió ni derrotado, ni desmoralizado”
Citas y notas
1. Ernesto Che Guevara. Escritos y Discursos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1965, tomo IX, p. 226.
2. Ernesto Guevara Lynch. Aquí va un soldado de América. Editora Sudamericana Planeta, Buenos Aires, 1987. p. 7.
3. Dirección Política Central de las FAR. Preparación Política de sargentos, soldados y marineros, 1988, p. 28.
4. Ernesto Guevara Lynch. Aquí va un soldado de América, Ob. cit. p. 29.
5. Idem, p. 39.
6. Idem, p. 56.
7. Idem, p. 70.
8. Idem, pp 57 y 58.
9. Idem, p. 136.
10. Idem, p. 142.
11. Ernesto Che Guevara. Escritos y Discursos Op.cit., tomo IV, p. 20.
12. Idem, p. 86.
13. Idem, tomo VI, p. 159.
14. Idem, tomo IX, p. 214.
15. Idem, tomo VIII, p. 271.
16. Idem, tomo VIII, p. 67.
17. Idem, tomo VIII, p. 13.
18. Idem, tomo IX, p. 374.
19. Idem, tomo VI, p. 8.
20. Idem, tomo VI, p. 8.
21. Idem, tomo VII, p. 12.
22. Idem, tomo IV, p. 54.
23. Idem, tomo IX, p. 154.
24. Idem, tomo VI, p. 2.
25. Idem, tomo IX, p. 302.
26. Idem, tomo IX, p. 247.
27. Idem, tomo VII, p. 13.
28 Idem, tomo IX, p. 346.
29. Idem, tomo VII, p. 140.
30. Idem., tomo IX, p. 55.
31. Idem, tomo IV, p. 91.
32. Idem., tomo IV, p. 196.
33. Idem, tomo VI, p. 194.
34. Idem., tomo IX, p. 105.





