El Blog América se complace en acoger en sus páginas la siguiente entrevista concedida en exclusiva para nuestros lectores por el destacado investigador cubano Dr.C Jesús Arboleya Cervera. Esta se desarrolló mediante un diálogo con nuestro colaborador y analista político Fernando García Bielsa.
Arboleya nació en La Habana en 1947. Es Licenciado en Historia (1975) y adquirió el grado de Doctor en Ciencias en la misma especialidad en 1995. Ejerció como profesor titular de la Universidad de La Habana y como investigador en varios otros centros de estudios en Cuba.
Cumplió tareas diplomáticas en las misiones de Cuba en Washington y ante Naciones Unidas, así como en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.
Ha publicado varios libros y numerosos ensayos sobre la Revolución Cubana y las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos. Por su obra: Cuba y los cubanoamericanos. El fenómeno migratorio cubano, le fue concedido el prestigioso Premio Casa de las Américas 2013. En el mundo académico, tanto en Cuba como en el exterior, es considerado como uno de los más calificados expertos en estos temas.
He aquí el diálogo-entrevista con este distinguido invitado:
Fernando García Bielsa – Compañero, tenemos esta oportunidad de tenerte entre nosotros cuando concurren hechos aparentemente paradójicos y desconcertantes a lo interno de Estados Unidos con un momento de tensiones, amenazas y medidas del gobierno de ese país contra Cuba. Sabemos que no son algo nuevo en estos más de 65 años de agresiones estadounidenses contra nuestro país, pero tal agresividad alcanza cotas más altas en los últimos meses. Es una coyuntura que hace más pertinente tener tus valiosos juicios y apreciaciones. Y parto con esta pregunta:
¿Qué relación existe entre la irrupción política de Donald Trump y el momento de polarización interna y declinación qué vive hoy Estados Unidos?
Jesús Arboleya – La sorprendente irrupción de Donald Trump en la política norteamericana, inconcebible por sus características personales hace apenas dos décadas, refleja la confluencia de varios procesos que han alterado el balance de fuerzas y las reglas tradicionales del modelo político en su conjunto.
Por un lado, es el resultado del descontento social con el sistema, en especial de la clase media blanca, determinado por el deterioro relativo de la hegemonía estadounidense a escala mundial y, de manera específica, por el impacto negativo de la globalización neoliberal en ciertos sectores la economía del país, en particular sobre la industria manufacturera, en su momento sostén del American Way of Life, por su impacto en las posibilidades de empleo y la estabilidad económica de estos sectores.
Al mismo tiempo, resulta evidente que estamos en presencia de un reacomodo de las fuerzas económicas que pujan por el control político del país. No es difícil identificar el papel que han jugado las emergentes corporaciones dedicadas al desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones en el respaldo a Donald Trump y su interés por “reventar” las reglas del establishment, para colocarse en posiciones de liderazgo, como ha estado ocurriendo.
Estas industrias requieren de altos niveles de consumo energético y están muy relacionadas con el complejo militar-industrial, por lo cual no han entrado en conflicto con estos sectores –que al parecer caen bien parados en cualquier coyuntura-, pero no es igual con otros grupos de poder más tradicionalistas, incluyendo parte de Wall Street, todo lo cual explica el grado de polarización política que se aprecia en la actualidad y la intensidad de estas luchas.
Condicionados por la propia cultura política norteamericana, este descontento social y la puja por el control político del país, se han expresado con más fuerza desde la extrema derecha, de aquí el auge del movimiento MAGA (Make America Great Again), aunque no es la única manera en que puede ser identificado, también los sectores de una izquierda se han fortalecido y radicalizado, como puede apreciarse en las luchas internas del partido demócrata, aunque con menor respaldo económico y social que la derecha, debido a los intereses prevalecientes y la cultura política norteamericana.
FGB – ¿Cuenta Trump internamente con una real fortaleza, tal como con la que pretende mostrarse?
JAC – Trump cuenta con el respaldo de poderosos grupos económicos, sobre todo las fuerzas emergentes antes señaladas, y con el apoyo social de un importante sector de la clase media blanca norteamericana, portadores de una ideología muy reaccionaria, que lo percibe como su “salvador frente a las fuerzas del mal”, representadas por los inmigrantes, los “diferentes” y los socialistas.
Pudiera parecer un contrasentido que un magnate violador de la ley, acusado y condenado por prácticas sexuales aberrantes e impresentable según las tradiciones políticas norteamericanas, se haya convertido en el preferido de personas trabajadoras, religiosas, mojigatas y tradicionalistas, pero se explica por la hipocresía que siempre ha estado presente detrás del fundamentalismo de estas posiciones y por los intereses económicos que se sobreponen a las mismas.
No es la primera vez que esto ocurre, pero Donald Trump ha sido más insolente que cualquiera de sus antecesores y ello le ha funcionado en su carrera hacia la presidencia, lo que no quiere decir que esta base política sea la mayoría del electorado y en esto radica su dilema: para ganar elecciones tiene que atraer a los sectores moderados y, a veces, esto entra en contradicción con el discurso de la extrema derecha. Cuando ha logrado ampliar su base de apoyo, ha sido más por los déficits y contradicciones de los demócratas que por méritos propios.
La nueva Doctrina de Seguridad Nacional de la actual administración destaca como una mayor prioridad la política hacia este hemisferio, para volver con bríos a dominar su “patio trasero” y con un regreso a la idea de América para los Americanos.
Yo creo que esto también es reflejo del deterioro relativo de la hegemonía norteamericana. Es como el retorno obligado a los orígenes imperialistas del país, cuyo espacio geopolítico lógico, previsto por José Martí, era el Caribe y América Latina. Cuando pudo extenderse por el resto del mundo, la región perdió importancia comparativa, aunque nunca dejó de estar presente entre sus intereses, y ahora vemos que adquiere mayor relevancia, como resultado del retroceso de su dominio en otras esferas y escenarios.
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FGB – En tu opinión, esa política, que denominan como doctrina Donroe y que está asociada con Donald Trump, ¿es de carácter coyuntural? ¿dejara de ser en dos años al término de su administración, o tiene un consenso más amplio y perdurable en Washington?
JAC – En mi opinión, es un problema estructural que no depende de la coyuntura, aunque Donald Trump le incorpora una aplicación más descarnada, exenta de la sofisticación política que pudiera aplicar otro gobierno. Lo preocupante es que Trump ha corrido los límites de lo aceptable y ha demostrado que puede hacer lo que quiera sin una reacción significativa de la región, lo que pudiera servir de patrón para la política norteamericana en el futuro inmediato, que en definitiva tiene los mismos fines imperialistas.
Por ejemplo, no creo que lo ocurrido en Venezuela o en Panamá, en este caso respecto a la presencia China, sea reversible de manera voluntaria por otro gobierno estadounidense, a no ser que previamente se haya producido un movimiento político latinoamericano que obligue a hacerlo.
FGB – Jesús, con los cambios acaecidos en el hemisferio y en las pretensiones globales de Estados Unidos, ¿sigue la política hacia Cuba teniendo un real grado de prioridad? Y si así fuera, o si no lo es, ¿cuáles serían las razones?
JAC – Me parece intrascendente el debate de si Cuba es o no una prioridad para la política norteamericana, porque la política, máxime en un país como Estados Unidos, no solo se ejerce sobre las “prioridades” sino sobre los problemas y Cuba ha sido un problema histórico para Estados Unidos, debido a la condición anti neocolonial de la Revolución cubana y su impacto en el sistema de dominación estadounidense a escala mundial.
Una pregunta que puede caracterizar el dilema de Estados Unidos respecto a la Revolución cubana es por qué no ha invadido militarmente el país, cuando lo ha hecho por aire, mar y tierra, en más de veinte países desde el triunfo revolucionario cubano, para no hablar de los cientos de intervenciones militares encubiertas o limitadas.
Las causas de su contención respecto a Cuba pueden ser muchas, entre ellas la disposición y la capacidad de lucha demostrada por el pueblo cubano, pero, en mi opinión, la más importante es que comprendieron que no bastaba con derrotar a los cubanos debido a la asimetría de las fuerzas militares y que ello se tradujera en un ejemplo heroico de resistencia, que exaltara las virtudes de la Revolución y animara la rebelión de otros pueblos. Para ellos, lo importante es desacreditar el proceso revolucionario cubano y demostrar su inviabilidad, en eso ha consistido la política del bloqueo económico, aplicada en la actualidad con un máximo de presiones, así como el tremendo esfuerzo mediático de la propaganda norteamericana contra Cuba.
Por cierto, es una política aplicada en detrimento de la soberanía del resto de los países del mundo, que, sobre todo en estos momentos, han cedido sus derechos soberanos con tal de no enfrentar los excesos de la política trumpista.
Gaza y Cuba son un terrible ejemplo de la muerte anunciada, pero larga y dolorosa, de la hegemonía norteamericana en el mundo.
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FGB – ¿Cuenta realmente la política hacia Cuba, impulsada por grupos dominantes y grupos anticubanos de la Florida, con el beneplácito de la elite del poder en Wall Street y en Washington? ¿Cuán coyunturales o duraderas son esas conexiones?
JAC – La política hacia Cuba nunca se ha decidido en Miami, sino en Washington, y ello le otorga el sentido estratégico que ha tenido hasta ahora. Lo que ocurre es que la extrema derecha de origen cubano siempre ha sido funcional a esa política, salvo en ciertos momentos muy específicos, como durante los gobiernos de Carter y Obama, que pretendieron modificar algunos aspectos de la política existente y, aunque lograron introducir ciertos cambios, estos tuvieron un alcance efímero y no consiguieron consolidarse.
Eso no quiere decir que estos sectores no hayan influido en el diseño de la política hacia Cuba y que la emigración, en su conjunto, no constituya un factor a tener en cuenta en la misma. Esto se acentúa en la actualidad por el incremento de presencia de la derecha cubanoamericana en el gobierno de Donald Trump – como demuestra el nombramiento de Marco Rubio como secretario de Estado -, por los contactos de estas personas con la derecha latinoamericana, así como la prioridad que, como vimos, tiene la región para la política norteamericana en estos momentos. También por el peso que ha adquirido el estado de La Florida en la dirección del movimiento MAGA y en la propia composición del gobierno trumpista.
FGB – ¿Puedes hacer un corte, mostrar grosso modo, o hacer distinción entre la composición actual de las distintas corrientes o agrupamientos activos de la llamada comunidad cubana en la actualidad? Y ¿cuáles mantienen significativas conexiones con las instancias o grupos nacionales de poder?
JAC – Las fuerzas políticas cubanoamericanas han crecido bajo el influjo de la contrarrevolución y los beneficios extraordinarios que ha otorgado la política contra Cuba. Por demás, se han asentado de manera abrumadora en el “sur profundo” de Estados Unidos y convertido a Miami en la “capital” de la derecha latinoamericana, lo que le otorga características ideológicas muy conservadoras y los ubica a la extrema derecha del espectro político norteamericano.
Ello constituye una actitud mayoritaria, que potencia el acercamiento al partido republicano, aunque ha demostrado variaciones respecto a ciertos aspectos de la política interna, como es el caso de la asistencia social, e incluso en la política hacia Cuba, cuando el gobierno norteamericano ha favorecido un cambio en la misma, como fue el caso de Obama, que ha sido el demócrata que mayor apoyo electoral ha recibido de los cubanoamericanos.
Aunque existen grupos políticos denominados “moderados”, por lo general más cercanos al partido demócrata en lo doméstico y favorables a una política menos agresiva contra Cuba, no han sido capaces de desarrollar bases políticas en la comunidad cubanoamericana que aprovechen estas coyunturas y sirvan de contrapeso a la maquinaria política de la extrema derecha.
Por su parte, la izquierda, que en determinado momento fue bastante visible dentro de la comunidad y en el escenario político estadounidense, hoy día carece de esta identidad y hay que encontrarla sumergida e individualizada en el movimiento de izquierda norteamericano.
FGB – Con respecto a los cambios adoptados recientemente en la política económica cubana y las oportunidades que se ofrecen: ¿Crees que redundaran o no en alguna significativa inserción de capitales de los cubanos residentes en el exterior?
JAC – Estos cambios han llegado en el peor momento y con retraso, lo que ha impedido aprovechar coyunturas más oportunas y, en la actualidad, dificultan su alcance e implementación.
Si socios históricos de Cuba se han retirado como resultado de las presiones norteamericanas, resulta difícil imaginar que capitales cubanoamericanos, al menos en un volumen considerable, se arriesguen a invertir en Cuba contra los designios de Estados Unidos. Máxime, cuando el aislamiento de Cuba del mercado internacional es significativo y la economía atraviesa uno de sus peores momentos históricos.
Esto no quiere decir que esta política no se corresponda con una estrategia, a todas luces imprescindible, que, condicionada por realidades económicas, políticas, demográficas y culturales, trate de insertar a los emigrados cubanos y sus descendientes en la vida nacional, así como aprovechar esta relación para favorecer un balance político más favorable en la emigración y en la política de Estados Unidos hacia Cuba.
FGB – Y, por último: En comunidades asentadas en Estados Unidos, tales como mexicanos, chinos o puertorriqueños, por ejemplo, predomina una relación positiva y amistosa respecto a su país de origen. No parece ser ese el caso con una parte considerable de la población cubana residente en ese país (aun cuando el grueso de ella está compuesto por migrantes de naturaleza económica) ¿Es así? ¿Por qué eso tiene lugar?
JAC – Depende de los factores que han condicionado esos procesos migratorios, toda vez que migraciones como la venezolana (antes del secuestro de Maduro) y la nicaragüense se parecen bastante en este sentido a la cubana, aunque es cierto que ninguna otra ha sido expuesta a tal grado de hostilidad durante tanto tiempo, ni ha disfrutado de ventajas similares por adoptar una posición contraria a sus países, como es el caso de los cubanos.
Aun así, la mayor parte de las investigaciones llevadas a cabo en la comunidad de origen cubano en Estados Unidos, demuestran que la mayoría de estas personas desean mantener un vínculo con su país de origen, principalmente por razones familiares, aunque también por intereses culturales, económicos e identitarios.
Muy pocas de estas personas condicionan estos vínculos al derrocamiento del gobierno cubano, aunque esto no significa que apoyen su permanencia, lo que los distancia de las posiciones fundamentalistas de la extrema derecha. La moraleja es que pueden existir vínculos de mutuo respeto e intereses compartidos incluso con personas que no son favorables al gobierno cubano y en el sentido de propiciarlos debiera estar orientada la política de Cuba.
FGB – Es todo. Creo que esas apreciaciones son bien interesantes y te agradecemos que nos hayas concedido esta entrevista. Muchas Gracias.
JAC – ¡Gracias a ustedes!





