Pastor estadounidense de la Iglesia bautista que desarrolló una labor crucial en Estados Unidos al frente del Movimiento por los derechos civiles para los afroamericanos y que, además, participó como activista en numerosas protestas contra la Guerra del Vietnam y la pobreza en general.
Por esa actividad, encaminada a terminar con el Apartheid estadounidense y la discriminación racial a través de medios no violentos, fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz en 1964.
Luther King es recordado como uno de los mayores líderes y héroes de la historia de Estados Unidos, y en la moderna historia de la no violencia. Se le concedió a título póstumo la Medalla Presidencial de la Libertad por Jimmy Carter en 1977y la Medalla de oro del Congreso de los Estados Unidos en 2004.
King resultó asesinado antes de la marcha del 4 de abril, 1968, en el balcón del Lorraine Motel en Memphis, Tennessee, mientras se preparaba para una demostración pública pacífica. King fue espiado y acosado por el FBI.
Quien fuera director de esa agencia, J. Edgar Hoover, expresó que King era un hombre peligroso, “un instrumento en manos de fuerzas subversivas que buscan minar nuestra nación”.
Infancia y juventud
Martin Luther King, Jr. nació el 15 de enero de 1929 en Atlanta, Georgia. Su padre era el pastor bautista Martin Luther King, Sr y su madre la organista de iglesia Alberta Williams King. El nombre de su padre era originalmente Michael King y el suyo al nacer Michael King, Jr. En un viaje a Europa que realizó la familia en 1934, el padre, durante una visita a Alemania, decidió cambiar los nombres usando Martin Luther en honor del líder protestante Martin Luther (en español Martín Lutero). Tuvo una hermana mayor, Christine King Ferris, y un hermano más joven, Alfred Daniel Williams King.
En 1939, cantó con el coro de su iglesia en Atlanta para la presentación de la película Lo que el viento se llevó.
King estudió en la Booker T. Washington High School de Atlanta. No cursó ni el noveno ni el duodécimo grado, y entró en el Morehouse College, una universidad reservada a los jóvenes negros, a los 15 años, sin haberse graduado formalmente en secundaria. En 1948, se graduó en sociología en el Morehouse y se matriculó en el Crozer Theological Seminary en Chester, Pensilvania, de donde salió con un grado de Bachelor of Divinity (una licenciatura en teología). Luego comenzó en septiembre de ese mismo año sus estudios de doctorado en Teología sistemática en la Universidad de Boston, recibiendo el grado de Doctor en Filosofía.

Lucha por los derechos civiles
En 1954, King comenzó su vida de pastor en Iglesia Baptista de Dexter Avenue en Montgomery, con 25 años de edad.
El sur de los Estados Unidos se caracterizaba en esa época por la violencia contra las personas de raza negra y el Racismo que llegaría a provocar en 1955 la muerte de tres personas negras, incluyendo un adolescente de 14 años y un pastor de iglesia.
Luego de los sucesos del 1 de diciembre de 1955 cuando Rosa Parks rehusó a ceder su asiento a una persona blanca en un autobús, Luther King fue uno de los líderes en el boicot a los autobuses. La población negra apoyó y sostuvo el boicot, y organizó un sistema de viajes compartidos. King fue arrestado durante esta campaña.
El boicot duró más de un año (382 días) y resultó tenso y peligroso. Los racistas blancos recurrieron a métodos terroristas y la casa de Martin Luther King fue atacada con bombas incendiarias la mañana del 30 de enero de 1956, así como la del pastor Ralph Abernathy, quien apoyaba a King y participaba en el boicot.
El boicot terminó gracias a una decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos del 13 de noviembre de 1956 que declaró ilegal la segregación en los autobuses, restaurantes, escuelas y otros lugares públicos.
En 1957 King participó en la fundación de la Conferencia Sureña del Liderazgo Cristiano (SCLC, por sus siglas en inglés), un grupo creado para organizar el activismo por los Derechos Civiles. Continuó liderando la organización hasta su muerte. Fue un defensor de las filosofías de la no violencia, y la desobediencia civil. Cuando fue atacado violentamente por las autoridades racistas, obtuvo una importante atención por parte de los medios progresistas, que generó una ola en pro de los Derechos Civiles en la opinión pública.
King se adhirió a la filosofía de la desobediencia civil no violenta, tal como había descrito Henry David Thoreau y como había utilizado con éxito en la India Gandhi.[4] Aconsejado por el militante de los derechos civiles Bayard Rustin, decidió utilizarla con motivo de las manifestaciones de la SCLC.
El FBI comenzó a someter a vigilancia a Martin Luther King en 1961, en la creencia de que los comunistas intentaban infiltrarse en el movimiento de los derechos civiles. Aunque no consiguieron ninguna prueba, la agencia utilizó ciertos detalles registrados a lo largo de seis años para intentar apartarle de la dirección de la organización.
Mientras estaba firmando ejemplares de su libro en una tienda de Harlem, el 20 de septiembre de 1958, fue apuñalado por Izola Curry, una mujer negra que lo acusó de ser un jefe comunista, y que sería juzgada como desequilibrada. Luther King escapó por poco de la muerte, pues la herida hecha con un cortapapeles le había rozado la Aorta. Perdonó a su agresora y en una declaración a la prensa aprovechó para subrayar y denunciar la presencia de la violencia en la sociedad estadounidense.
En 1959 escribió el libro La medida de un hombre, un intento de describir una estructura óptima de sociedad política, social y económica, libro del que se extrajo el ensayo “What is man?” (¿Qué es un hombre?).
En Birmingham
En 1960, la población de Birmingham, con un 35% de su población compuesta por negros, era una de las ciudades de Estados Unidos que mayor segregación racial tenía en todos los aspectos de la vida. Birmingham no tenía ni policías, ni bomberos, ni tenderos, ni directores ni empleados de banca negros; el empleo para la población negra estaba limitado a los trabajos manuales en las acerías.
Tras la detención de Shuttlesworth, un pastor que luchaba por eliminar la discriminación en Birmingham, por haber violado en 1962 las leyes segregacionistas, este pidió ayuda a Martin Luther King y el SCLC. Las protestas comenzaron por un boicot en Pascua de 1963 para incitar a los jefes de empresas a que abriesen los empleos de vendedores y otros puestos a las personas de todas las razas, y para detener la segregación en las tiendas, manifestad, por ejemplo, en la existencia de cajas de cobro reservadas exclusivamente para los blancos.
Luther Kin fue arrestado el 13 de abril y su carta desde la cárcel de Birmingham, es una apasionada declaración de su cruzada por la justicia. En tales circunstancias, recibió el apoyo directo del presidente John Fitzgerald Kennedy, y la esposa de Kin, Coretta, el de Jacqueline Kennedy; fue liberado una semana después.
El 21 de mayo, luego de largas manifestaciones pacíficas que fueron violentamente reprimidas por la policía, el alcalde de Birmingham dimitió, el jefe de policía fue relevado y en junio todos los carteles segregacionistas fueron eliminados y los lugares públicos abiertos a las negros.
El domingo 15 de septiembre, un atentado con bomba del Ku Klux Klan contra la iglesia baptista de la calle 16 durante el momento de la oración provocó la muerte de cuatro muchachas negras e hirió a 22 niños. El ataque provocó la indignación nacional y reforzó el movimiento de los derechos civiles.
La marcha sobre Washington
Representando al SCLC, Martin Luther King era el dirigente de una de las seis grandes organizaciones por los derechos civiles que organizaron la marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad. Y fue uno de los que aceptaron la sugerencia del presidente John F. Kennedy de cambiar el mensaje de la misma.
Kennedy se había opuesto inicialmente al objetivo de la marcha porque consideraba que podría tener un impacto negativo en el voto de la ley sobre los derechos civiles. El grupo de los seis aceptó bajo la presión e influencia presidencial presentar un mensaje menos radical. Algunos activistas de los derechos civiles pensaron entonces que la marcha presentaba así una visión inexacta y edulcorada de la situación de los negros; Malcolm X la llamó «La farsa sobre Washington»
La marcha planteó, sin embargo, demandas específicas:
- el fin de la segregación racial en las escuelas públicas;
- una legislación significativa sobre los derechos civiles (incluyendo una ley que prohibiese la discriminación racial en el mundo del trabajo);
- una protección de los activistas de los derechos civiles de la violencia policial;
- un salario mínimo de 2 dólares para todos los trabajadores sin distinción;
- un gobierno independiente para Washington D.C, que dependiese de un comité del Congreso.
A pesar de las tensiones, la marcha fue un rotundo éxito. Más de 250 000 personas de todas las etnias se reunieron el 28 de agosto de 1963 frente al Capitolio de los Estados Unidos, en lo que constituyó la manifestación más grande que haya tenido lugar en la capital estadounidense.
El que a la postre sería el momento álgido en la lucha de Martin Luther King fue su famoso discurso «I have a dream», en el que manifestó su voluntad y su esperanza de conocer una América fraternal. Este discurso está considerado como uno de los mejores de la historia estadounidense, junto con el Gettysburg Address de Abraham Lincoln.

Premio Nobel de la Paz
A pesar del fallo de 1954 de la corte Suprema, que declaró la segregación racial como inconstitucional en la escuelas públicas, solo seis niños negros fueron admitidos en las escuelas blancas en St. Augustine (Florida).
En mayo y junio de 1964, Martin Luther King y otros dirigentes de los derechos civiles llevaron a cabo una acción directa en esa ciudad para denunciar los hechos; una marcha nocturna alrededor del antiguo mercado de esclavos terminó con los manifestantes atacados por los segregacionistas blancos y con la detención de cientos de personas. Como las prisiones eran demasiado pequeñas, se tuvo que encerrar a los detenidos al aire libre. Algunos manifestantes fueron arrojados al mar por la policía y por los segregacionistas, y se libraron de ahogarse durante un intento de llegar a las playas de Anastasia Island, reservadas a los blancos.
La tensión alcanzó su punto álgido cuando un grupo de manifestantes se tiró a la piscina del motel Monson prohibido a los negros. La fotografía de un policía zambulléndose para arrestar a un manifestante y la del propietario del motel vertiendo ácido clorhídrico en la piscina para hacer salir a los activistas, se conocieron en todo el mundo y sirvieron incluso para desacreditar el discurso de la libertad de los Estados Unidos. Los manifestantes aguantaron la violencia física y verbal sin responder, lo que entrañó un movimiento de simpatía nacional y ayudó a a la aprobación de la Civil Rights Act el 2 de julio de 1964.
El 14 de octubre de 1964, Martin Luther King se convirtió en el galardonado más joven con el Premio Nobel de la Paz, por haber dirigido una resistencia no violenta con el objetivo de eliminar los prejuicios raciales en los Estados Unidos.
El domingo sangriento
Martin Luther King y el SCLC se unieron con el SNCC en la ciudad de Selma en diciembre de 1964. El SNCC había estado ya ahí trabajando en la registración votante por algunos meses. King y el SCLC, en colaboración parcial con el SNCC, intentaron organizar una marcha la cual tenía planeado ir desde Selma hasta la capital del Estado Montgomery, iniciando así el 25 de marzo del año 1965. El primer intento de marcha, fue el 7 de marzo, fue abortado debido al asedio y la violencia policial en contra de los manifestantes. El día es conocido desde entonces como Domingo Sangriento o domingo de estado de gracia. El Domingo Sangriento o de estado de gracia fue el mayor punto de inflexión en el esfuerzo por ganar apoyo público para el movimiento de los Derechos Civiles y humanas más que todo gente de color con el fin de la más clara demostración del potencial dramático de las técnicas de la no violencia de Martin Luther King.
King, sin embargo, no estuvo presente; más tarde en una reunión con el Presidente Lyndon Johnson, este había intentado retrasar la marcha hasta el día 8 de marzo, pero la marcha fue realizada contra sus deseos y sin su presencia por los trabajadores por los derechos civiles locales.
Las imágenes de la brutalidad policíaca contra los protestantes fueron transmitidas ampliamente en toda la país, lo cual despertó un sentido nacional de indignación pública y la violación en sí de los derechos humanos.
El segundo intento de marcha fue el 9 de marzo, la cual finalizó cuando King la detuvo en el puente Pettus a las afueras de Selma, una acción que parece haber negociado con los líderes de la ciudad de antemano. Este inesperado hecho despertó la sorpresa y el enfado de muchos dentro del movimiento pasivista. La marcha finalmente fue llevada a cabo totalmente el 25 de marzo, con la aprobación y el apoyo del presidente Johnson, y fue durante esta marcha que Stokely expresó la frase Poder Negro.
En el momento de su llegada al capitolio de Montgomery, el jueves 25 de marzo, los manifestantes eran 25 000. Martin Luther King pronunció entonces el discurso “How Long, Not Long”. Ese mismo día, la militante blanca de los derechos civiles, Viola Liuzzo, fue asesinada por el Ku Klux Klan cuando transportaba a unos manifestantes en su coche. Martin Luther asistió a sus funerales y el presidente Johnson intervino directamente en la televisión para anunciar la detención de los culpables.
Menos de cinco meses después, el presidente firmó la Voting Rights Act mediante la que se garantizaba el derecho al voto para los ciudadanos negros sin restricciones de ningún tipo.
Contra la guerra de Vietnam y la pobreza
A partir de 1965, Martin Luther King comenzó a expresar públicamente sus dudas sobre el papel de los Estados Unidos en la Guerra de Vietnam. El 4 de abril de 1967, un año antes de su muerte, pronunció en Nueva York el discurso “Más allá de Vietnam: el momento de romper el silencio”.
Una verdadera revolución de valores se preocuparía luego, avergonzada, de los sorprendentes contrastes entre la pobreza y la riqueza. Con una indignación justificada, miraría más allá de los mares y vería a los capitalistas individualistas del oeste invirtiendo enormes cantidades de dinero en Asia, en África y en América del Sur, solo para conseguir beneficios y sin ninguna preocupación por las mejoras sociales en esos países, diría: “No es justo.”
Consideraba que el Vietnam hacía difícil alcanzar los objetivos enunciados por Johnson en su discurso sobre el estado de la Unión de 1964, en el que anunció una “guerra contra la pobreza”.
Luther King ya era odiado por numerosos blancos racistas de los estados del sur, pero este discurso hizo que numerosos medios se volviesen contra él. Times calificó el discurso como “una calumnia demagógica que parecía un guion de Radio Hanoi”, y The Washington Post declaró que King “había disminuido su utilidad a su causa, su país, su gente”.
Luther King recorrió el país de punta a punto para reunir un “ejército multirracial de los pobres”, que marcharía sobre Washington e iniciaría una desobediencia civil en el capitolio, que duraría si fuese necesario hasta que el congreso firmase una declaración de los derechos humanos del pobre. El Reader’s Digest hablaría de una “insurrección”.
Esta “declaración de los pobres” demandaba un programa de empleos gubernamentales para reconstruir las ciudades estadounidenses. Luther King vio una necesidad urgente de enfrentarse al congreso que había demostrado su “hostilidad a los pobres” al “distribuir los fondos militares con generosidad” pero dando “fondos a los pobres con avaricia”. Su visión era la de un cambio que fuese más revolucionario que una simple reforma: citó los defectos sistemáticos del racismo, de la pobreza, del militarismo e indicó que “la misma reconstrucción de la sociedad era el verdadero problema que había que resolver”.

Asesinato
A finales de marzo de 1968, Martin Luther King se desplazó a Memphis (Tennessee) para apoyar a los basureros negros locales que estaban en huelga desde el 12 de marzo con el objeto de obtener una mejora salarial y un mejor trato.
Como consecuencia de las protestas pacíficas, estalló una oleada de violencia contra ellas que degeneró en el asesinato de un joven afroamericano.
El 3 de abril, en el Mason Temple, Martin Luther hizo el discurso profético “He estado en la cima de la montaña” ante una auditorio eufórico.
El 4 de abril de 1968 a las 18 horas y un minuto, Martin Luther King fue asesinado por un segregacionista blanco en el balcón del Lorraine Motel en Memphis (Tennessee). Sus últimas palabras en ese balcón fueron dirigidas al músico Ben Branch, quien iba a actuar esa noche durante una reunión pública a la que asistiría Martin Luther:
Ben, prepárate para tocar Precious Lord, Take My Hand (Señor, toma mi mano) en la reunión de esta noche. Tócala de la manera más hermosa.
Su muerte fue declarada en el St. Joseph’s Hospital a las 19h05. El asesinato provocó una oleada de motines raciales en 60 ciudades de los Estados Unidos (125 en total) que provocaron numerosas muertes y obligaron a la intervención de la guardia nacional.
Cinco días más tarde, el presidente Johnson decretó un día de luto nacional (el primero por un afroamericano) en honor de Martin Luther King. A sus funerales asistieron 300 000 personas, a los que asistió también el vicepresidente Hubert Humphrey.
Tras el asesinato, la ciudad de Memphis negoció el fin de la huelga de una manera favorable a los basureros.
Dos meses después de la muerte de Martin Luther King, James Earl Ray, un evadido, fue capturado en el aeropuerto de Londres Heathrow cuando intentaba salir del Reino Unido con un falso pasaporte canadiense a nombre de Ramón George Sneyd. Ray fue extraditado rápidamente a Tennessee y acusado de la muerte de Martin Luther King; reconoció el asesinato el 10 de marzo de 1969 y se retractó tres días después. Aconsejado por su abogado Percy Foreman, Ray se declaró culpable con el fin de evitar la pena de muerte. Fue condenado a 99 años de prisión.
Ray despidió a su abogado, diciendo que los culpables de la muerte había sido un tal “Raoul: y su hermano Johnny, a los que había conocido en Montreal, Canadá. Dijo, además, que “él no había disparado personalmente contra King”, aunque podía “ser parcialmente responsable sin saberlo”, sugiriendo una pista acerca de una posible conspiración. Pasó luego el resto de su vida intentando en vano que se le anulase su condena y que se reabriese el proceso.
El 6 de abril de 2002, el New York Times informó de que un pastor, el Reverendo Ronald Denton Wilson, había declarado que era su padre Henry Clay Wilson quien había asesinado a Martin Luther King Jr, y no James Earl Ray. Dijo que sus motivos no habían sido racistas sino políticos, dado que pensaba que King era comunista.[5]
Persecución del FBI
El FBI y su director J. Edgar Hoover mantuvieron relaciones antagónicas con Martin Luther King. A partir de una orden escrita del ministro de justicia Robert Francis Kennedy, el FBI comenzó a investigarlo a él y a la Southern Christian Leadership Conference.
El FBI intervino las líneas telefónicas en las casas y oficinas de King y de Stanley Levison, también en los hoteles donde se hospedaban cuando estaban de viaje por el país.
Por su parte, Martin Luther negó categóricamente tener relaciones con los comunistas, Hoover respondió acusándolo de ser “el mentiroso más grande del país”.
Como no se pudo encontrar políticamente nada contra Luther King, los objetivos y las investigaciones del FBI cambiaron y se centraron en intentar desacreditarlo a través de su vida privada. Se intentó en primer lugar probar que era un marido infiel.
El FBI distribuyó informes sobre estas supuestas desviaciones en su vida privada a periodistas amigos, aliados o posibles fuentes de financiación del SCLC, e incluso a la propia familia de Martin Luther. La agencia envió también cartas anónimas al interesado amenazándolo con revelar más informaciones si no abandonaba su militancia por los derechos civiles. Alguna carta ha sido incluso interpretada como una invitación a que Martin Luther se suicidase.
El último contacto del FBI con Martin Luther King fue el momento de su asesinato. La agencia lo vigilaba en el Lorraine Motel desde un edificio al otro lado de la calle, muy cerca de donde se situó James Earl. Fueron miembros del FBI los primeros que acudieron junto a Martin Luther a proporcionarle los primeros cuidados en cuanto fue disparado. Para los partidarios de una teoría conspiratoria, su presencia tan próxima al lugar del crimen es una confirmación de su implicación en el asesinato.
(Síntesis biografía tomada de Ecured)
“Tengo un sueño”
DISCURSO EN WASHINGTON, D.C.

Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país.
Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.
Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
Es obvio hoy en día, que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar esta sagrada obligación, Estados Unidos ha dado a los negros un cheque sin fondos; un cheque que ha sido devuelto con el sello de “fondos insuficientes”. Pero nos rehusamos a creer que el Banco de la Justicia haya quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de la oportunidad de este país. Por eso hemos venido a cobrar este cheque; el cheque que nos colmará de las riquezas de la libertad y de la seguridad de justicia.
También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial. Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad.
Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento y no darle la importancia a la decisión de los negros. Este verano, ardiente por el legítimo descontento de los negros, no pasará hasta que no haya un otoño vigorizante de libertad e igualdad.
1963 no es un fin, sino el principio. Y quienes tenían la esperanza de que los negros necesitaban desahogarse y ya se sentirá contentos, tendrán un rudo despertar si el país retorna a lo mismo de siempre. No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia. Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás.
Hay quienes preguntan a los partidarios de los derechos civiles, “¿Cuándo quedarán satisfechos?”
Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipí no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qué votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que “la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente”.
Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde en su búsqueda de la libertad, han sido golpeados por las tormentas de la persecución y derribados por los vientos de la brutalidad policíaca. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador.
Regresen a Misisipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia, regresen a Louisiana, regresen a los barrios bajos y a los guetos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de alguna manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperanza.
Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño “americano”.
Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: “Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales”.
Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.
Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.
Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.
¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.
¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.
Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres.
Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, “Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a tí te canto. Tierra de libertad donde mis antesecores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad”. Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad.
Por eso, ¡que repique la libertad desde la cúspide de los montes prodigiosos de Nueva Hampshire! ¡Que repique la libertad desde las poderosas montañas de Nueva York! ¡Que repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pensilvania! ¡Que repique la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve en Colorado! ¡Que repique la libertad desde las sinuosas pendientes de California! Pero no sólo eso: ! ¡Que repique la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia! ¡Que repique la libertad desde la Montaña Lookout de Tennesse! ¡Que repique la libertad desde cada pequeña colina y montaña de Misisipí! “De cada costado de la montaña, que repique la libertad”.
Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: “¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!”





