La Pantera Más Negra
Este pasado viernes 25 de septiembre se cumplió un año de su desaparición física de la revolucionaria estadounidense Assata Shakur, quien, entre los sectores progresistas de Estados Unidos, goza de una estatura mítica y moral como una inclaudicable luchadora por la justicia social, contra el racismo sistémico, la brutalidad policial y la opresión estructural. El fervor con que es vista no solo radica en sus acciones pasadas, sino en lo que su figura representa hoy: la resistencia inquebrantable frente a un sistema que continúa criminalizando la disidencia negra y la lucha por la igualdad. Su muerte en 2025 no hizo más que reavivar y consolidar este legado en las nuevas generaciones de activistas.
Despedida a una referente histórica del feminismo negro y la resistencia antirracista
Por Sol Duarte, 29 de septiembre de 2025 – /Pagina 12, Argentina
La activista, ex integrante del Partido Pantera Negra y del Ejército de Liberación Negro, falleció el 25 de septiembre en La Habana a los 78 años. Su historia, marcada por la persecución del FBI, la cárcel, la fuga y el asilo en Cuba, convirtió su nombre en un símbolo de dignidad y lucha para generaciones enteras.

Assata Shakur (1947-2025).
El 25 de septiembre de 2025, en La Habana, Cuba, falleció Assata Olugbala Shakur. Tenía 78 años y había pasado más de cuatro décadas en la isla, donde encontró refugio tras escapar de la represión en Estados Unidos. Su muerte no significa el fin de su legado, Assata se convirtió en un faro para quienes luchan contra el racismo estructural, la violencia policial y las múltiples opresiones que atraviesan al pueblo negro en todo el mundo.
Nacida en 1947 en Queens, Nueva York, bajo el nombre de Joanne Deborah Byron, Assata creció entre las calles de la ciudad y la Carolina del Norte segregada. Durante sus años universitarios comenzó a militar y adoptó un nuevo nombre como gesto de emancipación frente a la herencia de la esclavitud. Su activismo la llevó al Partido Pantera Negra y luego al Ejército de Liberación Negro (BLA), organizaciones que desafiaban al Estado con programas sociales, autodefensa y un proyecto político de autodeterminación afroestadounidense.
La represión contra Assata Shakur, que se volvería sistemática y personal, comenzó a intensificarse el 2 de mayo de 1973. Ese día, en una carretera de Nueva Jersey, un enfrentamiento con la policía terminó con la muerte de su compañero Zayd Shakur y de un oficial. Assata, herida de gravedad, fue detenida, marcando el inicio de un prolongado proceso judicial. Durante años enfrentó un juicio cuestionado, con evidencias inconsistentes y un contexto de hostigamiento político. En 1977 recibió la condena de cadena perpetua, en medio de un escenario en el que el programa de contrainteligencia del FBI, había declarado la guerra abierta a los movimientos de liberación negra.
Dos años más tarde, Assata desafió al sistema con una huida que aún hoy se recuerda como uno de los episodios más valientes de la época. Logró escapar de prisión y llegó a Cuba en 1984, donde el gobierno de Fidel Castro le concedió asilo político. Desde la isla, no solo reconstruyó su vida, sino que también escribió Assata: An Autobiography, un libro que se transformó en referente del pensamiento crítico feminista negro. Allí desnudó la violencia racista del Estado, y realizó un análisis de las tensiones habitantes en el interior de los propios movimientos de liberación, adelantándose a un debate que hoy sigue siendo central.
Aunque el gobierno estadounidense la catalogó como “terrorista” y colocó precio a su captura, la figura de Assata cruzó fronteras y se volvió emblema. En África, en el Caribe, en América Latina y en los guetos negros de Estados Unidos, su nombre y lucha circuló en cada rincón. El movimiento negro global la abrazó como referente y sostuvo que su historia era, al mismo tiempo, una denuncia y una inspiración.
En sus últimos años, el deterioro de su salud la fue alejando del espacio público, pero nunca de la memoria colectiva. La confirmación de su fallecimiento por parte de su hija, Kakuya Shakur, despertó homenajes inmediatos de activistas, artistas e intelectuales que reconocieron en ella un ejemplo de resistencia.
Assata Shakur no aceptó la derrota. Eligió el exilio antes que el sometimiento y convirtió esa elección en testimonio político, la libertad puede ser arrebatada físicamente, pero no espiritualmente. Su vida recuerda que la dignidad no se encarcela y que las voces de las mujeres negras, aun perseguidas, siguen marcando el camino de la emancipación.
Soy una esclava fugitiva del siglo XX
Por Assata Shakur, CounterPunch, 30 de diciembre de 2014
(http://readersupportednews.org/opinion2/277-75/27780-i-am-a-20th-century-escaped-slave)
Me llamo Assata Shakur y soy una esclava fugitiva del siglo XX. Debido a la persecución gubernamental, no me quedó más remedio que huir de la represión política, el racismo y la violencia que caracterizan la política del gobierno estadounidense hacia las personas de color. Soy una ex prisionera política y vivo exiliada en Cuba desde 1984.
He sido activista política la mayor parte de mi vida y, aunque el gobierno estadounidense ha hecho todo lo posible por criminalizarme, no soy una criminal, ni lo he sido jamás. En la década de 1960, participé en diversas luchas: el movimiento de liberación negra, el movimiento estudiantil y el movimiento para poner fin a la guerra de Vietnam. Me uní al Partido Pantera Negra. Para 1969, este partido se había convertido en la principal organización objetivo del programa COINTELPRO del FBI. Debido a que el Partido Pantera Negra exigía la liberación total de la población negra, J. Edgar Hoover lo calificó como «la mayor amenaza para la seguridad interna del país» y juró destruirlo, junto con sus líderes y activistas.
En 1978, mi caso fue uno de los muchos presentados ante las Naciones Unidas en una petición interpuesta por la Conferencia Nacional de Abogados Negros, la Alianza Nacional contra la Represión Racista y Política y la Comisión para la Justicia Racial de la Iglesia Unida de Cristo, que exponía la existencia de presos políticos en Estados Unidos, su persecución política y el trato cruel e inhumano que recibían en las cárceles estadounidenses. Según el informe:
“El FBI y, en particular, el Departamento de Policía de Nueva York, acusaron a Assata Shakur de participar en ataques contra agentes del orden y difundieron ampliamente dichas acusaciones entre las agencias y unidades policiales. El FBI y el NYPD la acusaron además de ser líder del Ejército de Liberación Negra, organización que el gobierno y sus respectivas agencias describieron como dedicada a disparar contra policías. Esta descripción del Ejército de Liberación Negra y la acusación de la vinculación de Assata Shakur con él fueron ampliamente difundidas por agentes del gobierno entre las agencias y unidades policiales. Como resultado de estas acciones gubernamentales, la Sra. Shakur se convirtió en una persona buscada; carteles en comisarías y bancos la describían como involucrada en actividades delictivas graves; fue incluida en la lista de los más buscados del FBI; y para la policía, en todos los niveles, se convirtió en un objetivo prioritario”.
Fui acusada falsamente en seis casos penales diferentes y, en los seis, fui absuelta o se desestimaron los cargos. El hecho de que fuera absuelta o que se desestimaran los cargos no significaba que hubiera recibido justicia en los tribunales; ciertamente no fue así. Solo significaba que las “pruebas” presentadas en mi contra eran tan endebles y falsas que mi inocencia se hizo evidente.
Esta persecución política formaba parte de la política gubernamental de eliminar a los opositores políticos acusándolos de delitos y arrestándolos sin tener en cuenta la base fáctica de dichas acusaciones.
El 2 de mayo de 1973, Zayd Malik Shakur, Sundiata Acoli y yo fuimos detenidos en la autopista de peaje de Nueva Jersey, supuestamente por una “luz trasera defectuosa”. Sundiata Acoli salió del coche para averiguar el motivo de la detención. Zayd y yo permanecimos dentro. El agente estatal Harper se acercó al coche, abrió la puerta y comenzó a interrogarnos. Alegó que, como éramos negros y viajábamos en un coche con matrícula de Vermont, le pareció “sospechoso”. Luego sacó su arma, nos apuntó y nos ordenó que levantáramos las manos, al frente, donde pudiera verlas. Obedecí y, en un instante, se oyó un ruido fuera del coche, hubo un movimiento repentino y recibí un disparo con los brazos en alto, y otro por la espalda.
Zayd Malik Shakur fue asesinado posteriormente, el agente Werner Foerster también, y aunque el agente Harper admitió haber disparado y matado a Zayd Malik Shakur, bajo la ley de homicidio doloso de Nueva Jersey, fui acusada tanto del asesinato de Zayd Malik Shakur, mi mejor amigo y compañero, como de la muerte del agente Foerster. Jamás en mi vida había sentido tanto dolor. Zayd me había prometido protegerme y ayudarme a llegar a un lugar seguro, y era evidente que había perdido la vida intentando protegernos a Sundiata y a mí. Aunque él también estaba desarmado, y el arma que mató al agente Foerster fue encontrada bajo la pierna de Zayd, Sundiata Acoli, quien fue capturado posteriormente, también fue acusado de ambas muertes. Ni Sundiata Acoli ni yo recibimos jamás un juicio justo. Ambos fuimos condenados por los medios de comunicación mucho antes de nuestros juicios. Ningún medio de comunicación tuvo permiso para entrevistarnos, aunque la policía de Nueva Jersey y el FBI filtraban historias a la prensa a diario. En 1977, fui declarada culpable por un jurado compuesto exclusivamente por blancos y sentenciado.
Condenada a cadena perpetua, más 33 años de prisión.
En 1979, temiendo ser asesinada en prisión y sabiendo que jamás recibiría justicia, fui liberada gracias a la ayuda de compañeros comprometidos que comprendían la magnitud de las injusticias en mi caso y que también temían enormemente por mi vida.
El informe de 1976 de la Comisión Church del Senado de los Estados Unidos sobre las operaciones de inteligencia dentro del país reveló que «el FBI ha intentado influir subrepticiamente en la percepción pública de personas y organizaciones mediante la difusión de información difamatoria a la prensa, ya sea de forma anónima o a través de contactos periodísticos “amigos”». Esta misma política sigue vigente hoy en día.
El 24 de diciembre de 1997, el estado de Nueva Jersey convocó una rueda de prensa para anunciar que la Policía Estatal de Nueva Jersey había escrito una carta al Papa Juan Pablo II solicitándole que interviniera en su favor y ayudara a que me extraditaran a las prisiones de Nueva Jersey. La Policía Estatal de Nueva Jersey se negó a hacer pública su carta. Sabiendo que probablemente habían distorsionado por completo los hechos e intentado que el Papa hiciera el trabajo del diablo en nombre de la religión, decidí escribirle para informarle sobre la realidad de la “justicia” para las personas negras en el estado de Nueva Jersey y en Estados Unidos.
En enero de 1998, durante la visita del Papa a Cuba, accedí a conceder una entrevista al periodista de NBC, Ralph Penza, sobre mi carta al Papa, mis experiencias en el sistema judicial de Nueva Jersey y los cambios que observé en Estados Unidos y en el trato a las personas negras durante los últimos 25 años. Acepté esta entrevista porque consideraba esta carta secreta al Papa una maniobra publicitaria cruel y vulgar por parte de la policía estatal de Nueva Jersey, y un intento cínico de manipular al Papa Juan Pablo II. Viví en Cuba durante muchos años y desconocía por completo la naturaleza sensacionalista y deshonesta de los medios de comunicación tradicionales de hoy en día. La situación es peor ahora que hace 30 años.

Tras años de ser víctima de los medios de comunicación tradicionales, fue ingenuo de mi parte esperar tener finalmente la oportunidad de contar mi versión de los hechos. En lugar de una entrevista, lo que ocurrió fue un montaje mediático en tres partes, plagado de distorsiones, inexactitudes y mentiras descaradas. NBC tergiversó los hechos deliberadamente. No solo gastó miles de dólares promocionando esta supuesta “serie de entrevistas exclusivas” en su canal, sino que también destinó una gran cantidad de dinero a anunciarla en emisoras de radio dirigidas a la comunidad negra y publicó avisos en periódicos locales.
Como la mayoría de las personas pobres y oprimidas en Estados Unidos, no tengo voz. Las personas negras y pobres en Estados Unidos carecen de verdadera libertad de expresión y muy poca libertad de prensa. La prensa negra y los medios progresistas han desempeñado históricamente un papel fundamental en la lucha por la justicia social. Debemos continuar y ampliar esa tradición. Necesitamos crear medios de comunicación que contribuyan a educar a nuestra gente y a nuestros hijos, en lugar de aniquilar sus mentes. Soy solo una mujer.
No soy dueña de estaciones de televisión, radio ni periódicos. Pero siento que la gente necesita informarse sobre lo que está sucediendo y comprender la conexión entre los medios de comunicación y los instrumentos de represión en Estados Unidos. Solo tengo mi voz, mi espíritu y la voluntad de decir la verdad. Les pido sinceramente a quienes trabajan en los medios afroamericanos, a quienes trabajan en los medios progresistas, a quienes creen en la verdadera libertad, que publiquen esta declaración y den a conocer lo que está pasando. No tenemos voz, así que ustedes deben ser la voz de los que no la tienen.
Liberen a todos los presos políticos. Les envío amor y saludos revolucionarios desde Cuba, uno de los palenques (campos cimarrones) más grandes, resistentes y valientes que jamás hayan existido en la faz de este planeta.

***
Afirmación (poema de Assata Shakur)
Creo en la vida.
Creo en el espectro
de días Beta y personas Gamma.
Creo en el sol.
En molinos de viento y cascadas,
triciclos y mecedoras.
Y creo que las semillas se convierten en brotes.
Y los brotes se convierten en árboles.
Creo en la magia de las manos.
Y en la sabiduría de los ojos.
Creo en la lluvia y las lágrimas.
Y en la sangre del infinito.
Creo en la vida.
Y he visto el desfile de la muerte
marchar por el torso de la tierra,
esculpiendo cuerpos de barro a su paso.
He visto la destrucción de la luz del día,
y he visto gusanos sedientos de sangre
a los que se les rezaba y saludaba.
He visto a los bondadosos volverse ciegos
y a los ciegos volverse atados
en una simple lección.
He caminado sobre cristales rotos.
He comido cuervo y pan de error
y he respirado el hedor de la indiferencia.
He sido encerrada por los sin ley.
Esposada por los que me odian.
Amordazada por los codiciosos.
Y, si algo sé,
es que un muro es solo un muro,
y nada más.
Se puede derribar.
Creo en la vida.
Creo en el nacimiento.
Creo en el sudor del amor
y en el fuego de la verdad.
Y creo que un barco perdido,
dirigido por marineros cansados y mareados,
aún puede ser guiado de regreso a puerto.
“Affirmation”
I believe in living.
I believe in the spectrum
of Beta days and Gamma people.
I believe in sunshine.
In windmills and waterfalls,
tricycles and rocking chairs.
And I believe that seeds grow into sprouts.
And sprouts grow into trees.
I believe in the magic of the hands.
And in the wisdom of the eyes.
I believe in rain and tears.
And in the blood of infinity.
I believe in life.
And I have seen the death parade
march through the torso of the earth,
sculpting mud bodies in its path.
I have seen the destruction of the daylight,
and seen bloodthirsty maggots
prayed to and saluted.
I have seen the kind become the blind
and the blind become the bind
in one easy lesson.
I have walked on cut glass.
I have eaten crow and blunder bread
and breathed the stench of indifference.
I have been locked by the lawless.
Handcuffed by the haters.
Gagged by the greedy.
And, if I know anything at all,
it’s that a wall is just a wall
and nothing more at all.
It can be broken down.
I believe in living.
I believe in birth.
I believe in the sweat of love
and in the fire of truth.
And I believe that a lost ship,
steered by tired, seasick sailors,
can still be guided home
to port.









