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FIDEL: CAYO CONFITES Y EL BOGOTAZO, DOS HITOS ANTES DEL MONCADA

Una mujer sostiene un cartel con una fotografía del líder de la Revolución cubana Fidel Castro durante la conmemoración del Primero de Mayo (Día del Trabajo), que marca el Día Internacional de los Trabajadores, en la Plaza de la Revolución de La Habana el 1 de mayo de 2025.

Por: Germán Sánchez Otero

 

Existen dos escenarios y momentos que marcan el nexo solidario temprano de Fidel con Nuestra América, entre sus 20 y 21 años: Cayo Confites, al norte de la actual provincia cubana de Holguín, entre julio y septiembre de 1947, y “El Bogotazo”, en Colombia, en abril de 1948.

Él aludió además innúmeras veces, el significado en su vida de ambos eventos históricos. Seleccioné el siguiente fragmento del excelente libro de Katiuska Blanco Castiñeira: FIDEL CASTRO RUZ. GUERRILLERO DEL TIEMPO. CONVERSACIONES CON EL LÍDER HISTÓRICO DE LA REVOLUCIÓN CUBANA. Primera parte. Tomo II. Página 25. Dice:

 

Katiuska Blanco. —Quizás recordó usted las simpatías que Gaitán alcanzó entre las filas del Ejército colombiano por haber defendido al teniente Cortés; al menos usted sabía que, a pesar de todo, nobles empeños pueden calar entre los militares de un Ejército como aquel si existe una política hacia ellos. De nuevo pienso en lo vivido por usted como punto de referencia esencial.

 

Fidel Castro. —En efecto. El hecho de que me hubiera enfrentado solo y desarmado al gobierno, a su policía, a su cuerpo represivo, a sus bandas mercenarias, a lo que pudiéramos llamar hoy fuerzas paramilitares, escuadrones de la muerte; el hecho de que hubiera participado en acciones como la de Cayo Confites y hasta en el mismo Bogotazo, y vivido tantas experiencias, me hizo ser optimista, en el sentido de que, si usted tiene al pueblo y una cantidad determinada de armas, puede imponerse a un Ejército. Es decir, si usted tiene una parte de dicho Ejército, si puede armar al pueblo; si usted tiene al pueblo, además, está en condiciones de resolver el problema de las fuerzas armadas y crear unas al servicio del propio pueblo.

 

Cayo Confites

En 1947 el joven Fidel Castro cursa el tercer año de la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana. Por sus verticales posturas contra las mafias vinculadas al gobierno de Ramón Grau, que controlan esa universidad, y gracias a sus magnéticas cualidades de líder, resulta electo primero vice presidente y después presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) en su facultad. A la par, encabeza en la Universidad el Comité Pro Democracia Dominicana, y en tal carácter mantiene relaciones con algunos de los principales dirigentes de ese país residentes en La Habana, luchadores contra la dictadura de Leónidas Trujillo, entre ellos el intelectual y político Juan Bosh.

Al conocer que varios de esos dominicanos, en coordinación con el gobierno y el ejército cubanos, han decidido organizar una expedición armada para luchar en tierra dominicana contra el dictador, el joven dirigente estudiantil decide enrolarse como simple soldado. Así, desde julio de 1947 y hasta el 29 de septiembre, fecha en que termina tal episodio, Fidel forma parte de un contingente de 1,200 hombres que se entrenan para ese fin en Cayo Confites.1

Resuelve cumplir el compromiso solidario a riesgo de su vida, a pesar de percibir que entre los integrantes de la futura expedición hay dominicanos y cubanos íntegros, pero también aventureros inconsistentes, sujetos delincuenciales y lumpen.

Primero, lo nombran jefe de un pelotón y después al mando de una compañía. Vísperas del traslado a Quisqueya, se produce la traición del jefe del ejército de Cuba, en contubernio con Trujillo, y la expedición es abortada en el mar. Raudo, Fidel se lanza al agua en la bahía de Nipe y llega a la costa en un barco que lo auxilia de casualidad, pues quiere evitar ser apresado al considerar tal deserción un acto deshonroso.

Cayo Confites es su primera experiencia en un proyecto de lucha armada. Sin embargo, él no es neófito en el uso de las armas de fuego. En la finca del padre, en Birán, existían varias de ellas y siendo niño, a los 11 o 12 años, aprendió a emplearlas. Llega a ser un excelente tirador. Había una escopeta semi automática, tres viejos fusiles máuser, dos fusiles Winchester calibre 44, con varias balas en la recamara y algunos revólveres. 2

Fidel, Caracas, 1959: un discurso temprano y un disparo al futuro

El Joven Fidel no es en 1947, por consiguiente, un advenedizo en el empleo de las armas. Incluso en ese tiempo, en la Universidad, para enfrentarse a quienes se proponían asesinarlo allí, consigue una pistola Browning de 15 tiros para defenderse de los mafiosos.

Viendo el caos y la desorganización reinante en Cayo Confites, y la supuesta intención de desembarcar y enfrentar en forma convencional al ejército de Trujillo, él pensaba por su parte iniciar una guerra irregular en las montañas con su compañía, inspirado en las guerras de independencia cubanas. 3

Los tres meses en ese islote, le permiten entrenarse militarmente y lograr un buen dominio en el uso de varias armas de fuego. Es uno de los saldos positivos para su futuro desempeño militar. También comprende que una fuerza insurgente de fines revolucionarios, debe ser seleccionada de manera muy cuidadosa, para lograr que todos sus integrantes posean la calidad ética y política indispensable.

Tres comentarios finales sobre la experiencia de Cayo Confites: 1) por primera vez, Fidel hace valer su disposición a convertir en acto el compromiso solidario hacia una causa nuestra americana justa; 2) reacciona a gran velocidad, cuando comprende que ha sido engañado y traicionado; y 3) actúa de modo audaz y valiente, y a la vez demuestra tener un elevado instinto para preservar su vida.

 

El Bogotazo

La participación en El Bogotazo, entre el 9 y el 10 de abril de 1948, es la segunda ocasión en que Fidel ejercita su solidaridad hacia otro pueblo latinoamericano, a riesgo de la vida, apenas seis meses después de Cayo Confites. Esta vez en Colombia, a diferencia de su meditada participación en el proyecto bélico contra Trujillo, debe reaccionar al instante ante una explosión social inesperada, en medio de caóticos enfrentamientos armados y de una despiadada represión.

Además de presidir el Comité Pro Democracia Dominicana, él es también en ese tiempo un destacado activista a favor de la independencia de Puerto Rico y un promotor de la solidaridad con el pueblo de Panamá por el tema del Canal.  Al conocer que se celebraría en la capital de Colombia, a partir del 30 de marzo y durante abril de 1948, la Novena Conferencia Panamericana –cuyo objetivo principal era crear la Organización de Estados Americanos (OEA)–, concibe y promueve la ejecución de un Congreso Estudiantil Latinoamericano en los días de ese evento.

Contacta a los dirigentes estudiantiles de Venezuela, Panamá, Colombia y Argentina, y viaja en los primeros días de abril a Panamá y Caracas, rumbo a Bogotá. En los tres países obtiene entusiasta apoyo a su idea, sumándose también los argentinos, por el tema de las Malvinas y varias organizaciones estudiantiles de casi toda la región. De tal modo, el Congreso tenía en la mira el combate a las dictaduras, contra el colonialismo, por la democracia y de enfrentamiento al imperialismo.

En la memorable entrevista que le concedió en 1981 al escritor colombiano Arturo Alape, que aparece en su libro El Bogotazo: Memorias del olvido, dice lo siguiente: “Lo que nosotros estábamos haciendo no tenía nada que ver con los problemas internos de Colombia, era una idea latinoamericana la que estábamos defendiendo (…) en dos palabras, lo nuestro era contra Estados Unidos”. 4

Orígenes y vigencia del pensamiento político de Fidel

Ya en Bogotá, las delegaciones participantes reafirman el desempeño del joven cubano como artífice principal del evento. Sus colegas colombianos le hablan sobre el líder popular Jorge Eliécer Gaitán, quien tenía el respaldo de la inmensa mayoría de los estudiantes de esa nación.  Pronto, el 7 de abril, Fidel visita a Gaitán en su oficina, junto a sus anfitriones. Luego del precario triunfo conservador en 1946, Gaitán se ha convertido en el dirigente señero del liberalismo, de amplia base popular, con simpatías incluso entre los militares. Su proyecto político se proponía trastocar el poder oligárquico y nadie en sus cabales dudaba de su elección en los comicios presidenciales de l950.

Expresa Fidel en la entrevista aludida: “A Gaitán le entusiasmó la idea del congreso y nos ofreció su apoyo. Conversó con nosotros, se habló y él estuvo de acuerdo con la idea de clausurar el congreso con un gran acto de masas. Y nos prometió que él clausuraría el congreso (…). Nosotros estábamos citados con él de nuevo la tarde del día 9”.

El joven cubano salió del hotel aquel 9 de abril alrededor de la 1:00 p.m. y avanzó lentamente, para estar próximo a la oficina de Gaitán antes de la hora de la entrevista, a las 2:00 de la tarde. Narra a Alape: “Salimos para ir caminando y acercarnos a la oficina de Gaitán, cuando vemos que empiezan a aparecer gentes corriendo desesperadas en todas direcciones. Uno, dos, varios a la vez por acá, por allá, gritando, ¡Mataron a Gaitán! ¡Mataron a Gaitán! ¡Mataron a Gaitán! Era gente de la calle, gente del pueblo, divulgando velozmente la noticia. ¡Mataron a Gaitán! ¡Mataron a Gaitán! Gente enardecida, gente indignada, gente que reflejaba una situación dramática, trágica, planteando lo que había ocurrido, una noticia que empezó a regarse como pólvora. Hasta tal extremo, que nosotros que habíamos caminado como dos cuadras más y llegamos a un parquecito (…). Ya en ese momento, alrededor de la una y media la gente estaba realizando actos de violencia”.

Al salir de su despacho en la Carrera Séptima, a la 1:05 de la tarde, Gaitán es asesinado. La multitud, frenética, es guiada por las voces que señalan al presunto culpable, a quien nunca se identifica después, lo captura y golpea hasta dejarlo sin vida. Al cabo, lo arrastran hacia el Palacio Presidencial, donde dejan su cuerpo destrozado y desnudo.

El desenlace brutal y sorpresivo que sufre el líder liberal origina en Bogotá un maremoto de violencia incontrolada, durante más de 48 horas. Y también, una revuelta nacional en contra del gobierno conservador de Mariano Ospina, a quien muchos le exigían la renuncia inmediata.

Acudo a la memoria de García Márquez, quien se encontraba esa tarde a menos de tres cuadras del lugar del crimen. Narra en Vivir para contarla:

No me habían servido la sopa cuando Wilfredo Mathieu se me plantó espantado frente a la mesa:

 

—Se jodió este país –me dijo–. Acaban de matar a Gaitán frente a El Gato Negro. 5

 

Al principio, la policía trata de controlar el desborde popular, pero enseguida varios de sus miembros y algunos militares se unen a la revuelta y propician la entrega de armas a civiles, mientras otros abren fuego despiadado contra los manifestantes. El saldo fue de varios cientos de muertos y heridos, la parte central de la ciudad queda hecha pedazos y cenizas y el país ingresa en la espiral de violencia más diabólica de su larga historia de conflictos armados.

¿Cómo actúa Fidel ante tal circunstancia inesperada y arrolladora? Pareciera que tuviese una cámara de cine en las manos, al relatar en su entrevista con Alape las imágenes de cuanto ocurre alrededor suyo durante los desplazamientos y actividades en las que participa, hasta la tarde del 11 de abril. Muchas veces arriesga su vida, fusil en mano, en un gesto altruista y solidario con ese pueblo hermano.

¿Cómo obtiene esa arma? Lo hace cuando una multitud exaltada a la que se junta, ingresa y ocupa una estación de policía. Y desde allí trata de ayudar a que aquellas personas arremolinadas se organicen y encaminen sus acciones por un derrotero militar ofensivo, de orientación revolucionaria: “Yo lo que hice fue sumarme a un levantamiento popular. Por vocación, por principios, por simpatía revolucionaria”.

De especial interés, son estas reflexiones suyas, dichas a Alape:

Me impresionó el fenómeno de cómo puede estallar un pueblo oprimido. Segundo, me impresionó mucho la valentía y el heroísmo del pueblo colombiano, porque lo vi ese día. Aunque junto a esto, junto al extraordinario heroísmo del pueblo colombiano, te puedo decir que no había organización, que no había educación política; más que conciencia política había espíritu de rebeldía, pero no educación política y había falta de dirección.

 

Las aspiraciones del pueblo humilde, liberal o conservador, se esfuman entre los escombros y cenizas del centro de Bogotá. Las cúpulas de los dos partidos, liberales y conservadores, hacen un pacto y acuerdan aniquilar los desbordes populares y neutralizar las amenazas a sus intereses comunes.

Nadie podía sustituir entonces el ímpetu, el atractivo y la perspicacia de Gaitán, insigne líder del pueblo oprimido. El susto que vivieron la oligarquía y el imperio acrecentó el odio, la venganza y la represión hasta el delirio, respaldados por el pacto de marras. Fue entonces que el joven internacionalista cubano decide regresar a Cuba.

Fidel comentó muchas veces a lo largo de su vida las enseñanzas que dedujo de El Bogotazo, reflejo del impacto de ellas en su formación revolucionaria. Tuve la satisfacción de escucharle algunas veces evocaciones al respecto, de modo especial cuando leyó el manuscrito del libro que me sugiriera escribir sobre la “Operación Emmanuel”, organizada por Hugo Chávez para recibir en la selva de Colombia un grupo de secuestrados de las Farc, en enero de 2008, donde ofrezco una versión sobre su participación en el Bogotazo. 6

Por primera vez, gracias a ese congreso ideado y organizado por él, a los 21 años viaja a otros países de la región y se relaciona en forma personal con dirigentes juveniles latinoamericanos. Y algo importante: se estrena en tejer relaciones de solidaridad junto a otras organizaciones y luchadores del continente, en este caso estudiantiles.

¿Lecciones del Bogotazo? Comprueba la potencia volcánica de un pueblo enardecido. Aprende que toda fuerza popular para alcanzar sus objetivos necesita dirección, organización y estrategia. Y aunque debido a su inexperiencia juvenil se expone en demasía –de modo consciente, por ética principista, dice a Alape–, comprende a tiempo que es necesario preservar la vida en medio de un caos sin posible solución satisfactoria.

Por segunda vez, en apenas seis meses, el joven Fidel arriesga su existencia en aras de una causa solidaria.  En esta ocasión, fue arrastrado por una dinámica imprevista, que asumió sin titubear e hizo todo lo posible para contribuir a su mejor desenlace. Y otra vez reacciona a tiempo y se repliega, al percibir que él no puede cambiar el curso de tal rio humano desbordado, sin cauce, ni organización ni dirección.

 

EVOCACIONES DE FIDEL EN TORNO AL 26 DE JULIO (I)*

CITAS Y NOTAS

1 BLANCO, KATIUSKA: Todo el tiempo de los cedros. Paisaje familiar de Fidel Castro Ruz, Casa Editora Abril, La Habana, 2003, pp. 239–241.

CASTRO RUZ, FIDEL: Discurso en la Universidad de La Habana, 4 de septiembre de 1995.

RAMONET, IGNACIO: Cien horas con Fidel, conversaciones con Ignacio Ramonet, Oficina de publicacioes del Consej de Estado, La Habana, 2006 p 137.

2 RAMONET. Ibidem, pp. 135–136.

3 RAMONET. Ibidem, p. 137.

4 ALAPE, ARTURO:  El Bogotazo: Memorias del olvido, Casa de las Américas, La Habana, 1983.

5 GARCÍA MÁRQUEZ, GABRIEL: Vivir para contarla, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2002, p 335.

6 SÁNCHEZ OTERO, GERMÁN:  Operación Emmanuel, Casa Editorial Ruth, La Habana, y El Perro y la Rana, Caracas, tercera edición, 2023, pg 68 hasta la79.

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