*Ponencia presentada en el Coloquio Internacional “Fidel legado y futuro”, en ocasión del Centenario de su natalicio. La Habana, 11 de agosto, 2026.
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Discípulo de Martí, la estrategia latinoamericana y caribeña de Fidel es culta, abarcadora e inclusiva. Y como el Maestro, mantiene en secreto lo necesario. Su motivación suprema es contribuir desde Cuba a la emancipación plena de la América Latina y el Caribe, y, por consiguiente, a su unión política y económica en una dimensión bolivariana y martiana.
Él toma en cuenta siempre la interrelación esencial existente entre el imperio del norte, Cuba y nuestra América, amoldándose de modo creativo y con acciones ofensivas a tales circunstancias triangulares, en las diferentes etapas de la evolución de América y el mundo.
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En su criterio, el valor del ejemplo cubano a escala mundial y en particular al sur del rio Bravo, es motivo de mayor responsabilidad para la Revolución, pues debe evitar que ese espejo sea destruido o empañado.
Por eso persevera en demostrar con resultados materiales y espirituales palpables, que el modelo social y político de Cuba, sin ocultar errores y experiencias fallidas, es superior a las vitrinas que promueve el imperialismo, las que a su vez hace trizas con argumentos y cifras demoledores.
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Para Fidel, el destino de Cuba y el de todos los demás países caribeños y latinoamericanos es interdependiente y, en consecuencia, deben ayudarse entre sí. Es la idea matriz que expresara en México, cuando alude a los Niños Héroes de Chapultepec, en el discurso del 10 de octubre de 1955. Ahí revela su opinión sobre los objetivos esenciales de la emancipación nuestra americana y algunos conceptos iniciales respecto de la estrategia para lograrlos.
Anticipa desde entonces, la seguridad de que “América va a terminar cansándose, que América ya se está cansando, que América se está hastiando de tanta casta de politiqueros y de traidores y de opresores como está padeciendo, ¡que el pensamiento de Martí y la espada de Bolívar van a volver a centellear en América!”. 1
Después reafirma tal convicción mediante sus alocuciones en Radio Rebelde y en algunas entrevistas de prensa, en la Sierra Maestra. Y de manera más completa en Caracas, durante su visita en enero de 1959. Siendo la Segunda Declaración de La Habana, en febrero de 1962, el texto donde se exponen sus ideas de modo más extenso, integral y coherente.
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Orienta la política exterior de Cuba con una visión amplia, flexible y respetuosa de la soberanía y la idiosincrasia de cada país. Su divisa siempre fue la que proclamara la Segunda Declaración de La Habana: Las revoluciones no son mercancías que se exportan, nacen de las entrañas de cada país.
Promueve el apoyo recíproco entre Cuba y los demás pueblos al sur del Rio Bravo, y acciones tangibles para lograr una plataforma consensuada entre esas naciones hermanas, basada en la unidad en la diversidad, el desarrollo económico, la justicia social, la autodeterminación, la solidaridad mutua, la estabilidad política y la paz regional.
Un componente principal de su visión nuestra americana, es la inserción de Cuba en las luchas globales contra el colonialismo y el imperialismo, en una perspectiva tercermundista. Ella abarca la contribución de Cuba a la liberación y desarrollo de esos espacios geopolíticos, a forjar un nuevo orden económico internacional y en defensa de las normas sustentadas por Naciones Unidas.
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Realiza innúmeros quehaceres en la atención de nuestra América –políticos, diplomáticos, económicos, culturales, sociales, humanitarios y otros-, animado de contagioso entusiasmo, optimismo y perseverancia. Pero centra sus volcánicas energías en la dirección principal de cada momento estratégico. “Es mejor hacer una sola cosa bien hecha, que dos a medias”, le escuché decir en privado.
Verbigracia, actuó de tal modo durante el proyecto continental del Che entre 1965 y 1967, ante el gobierno de Allende entre 1970 y 1973, apoyando a la Revolución Sandinista en 1979, en las cruzadas contra la deuda externa en 1985, la globalización neoliberal y el ALCA después, y en la esmerada atención a la Revolución Bolivariana, a su líder Hugo Chávez, al ALBA, y a los procesos revolucionarios y progresistas y de integración, que marcaron el inicio del presente siglo, cuya expresión más visible fue la creación de la CELAC en 2011.
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Nunca subestimó ni exageró el poderío del imperio estadounidense, en particular en nuestras tierras. En las coyunturas globales y regionales adversas que viviera, realizó adecuaciones tácticas, a veces de hondo calado, mas no perdió jamás la iniciativa estratégica ni declinó los objetivos supremos de unión y emancipación nuestra americana. Nunca peleó contra las cuerdas.
La década vertiginosa de 1960, fundacional de una nueva era en nuestras tierras, termina con sorpresas favorables, pese al asesinato del Che en Bolivia, las derrotas de casi todos los movimientos guerrilleros, la existencia de varias dictaduras promovidas por Estados Unidos, y la intervención de sus marines en República Dominicana y de sus expertos en contrainsurgencia.
Paradojas de la historia. Al finalizar esos gloriosos años, marcados por sensibles derrotas, acumulación de fuerzas y formidables experiencias de los movimientos revolucionarios y populares, y sobre todo en la siguiente década de 1970, se desarrollan procesos políticos inéditos en la región. Fidel los interpreta como expresión inequívoca de la crisis de la dominación hemisférica imperial, y el inicio de la ruptura del cerco contra Cuba.
Irrumpen los gobiernos militares nacionalistas de Juan Velasco Alvarado en Perú (1968), de Omar Torrijos en Panamá (1969), y Juan José Torres, en Bolivia (1970); el triunfo de Salvador Allende en Chile (1970), con un proyecto de transición socialista respetuoso de la democracia liberal; los respectivos gobiernos de Héctor Cámpora y de Juan Domingo Perón en Argentina, de signo progresista; y los del socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, en Venezuela y el liberal Alfonso López Michelsen, en Colombia.
Además, en 1972, obtienen la independencia cuatro colonias del Caribe: Jamaica, Trinidad y Tobago, Barbados y Guyana. Estos países inician enseguida relaciones diplomáticas con Cuba y los otros mencionados las restablecen.
Ese lapso termina con el estallido de un proceso revolucionario en la pequeña isla de Granada y el triunfo de la Revolución Sandinista, ambos en 1979. Sobreviene así, fruto de todos estos eventos históricos, un nuevo contexto político hemisférico de signo favorable a Cuba. Fidel consagra a ellos miles de horas, cultiva vínculos personales con casi todos los líderes principales de tales gobiernos y promueve relaciones de Estado armoniosas.
Al decir de Séneca, “Ningún viento es favorable, si no se sabe hacia qué puerto se navega”. El líder de la Revolución Cubana siempre tuvo bien definido ese puerto, en su estrategia nuestra americana. Y enseguida que percibe los nuevos aires, comprende que no debía perder un minuto: levanta al máximo las velas, y avanza en esa dirección con notoria influencia en la aceleración positiva de la nueva etapa que se configura en pocos años.
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Pueden señalarse numerosos ejemplos de su capacidad para adecuarse a tales repentinos y originales escenarios, que suceden de manera ininterrumpida a partir de aquel viraje histórico, hace más de medio siglo, e influir en ellos.
Citaré tres anécdotas.
Una inicial. Mediante un emisario que envía Torrijos a La Habana, para conocer el criterio de Fidel sobre el conflicto en torno al Canal de Panamá, el líder cubano lo sorprende. Le dice que pudiese quedar atrapado en un callejón sin salida. Porque, en opinión suya, los norteamericanos eran capaces de masacrar al pueblo panameño, como lo estaban haciendo entonces en Vietnam. Y le recomienda al líder panameño evitar la violencia, para no dar pretextos al gobierno de Estados Unidos.
Cuando el emisario le transmite ese mensaje al general, este exclama: “¡Eso fue lo que te dijo!”. Y comenta con asombro: “Yo estaba convencido de que ese hombre me iba a mandar una ametralladora”. Ahí nació el aprecio que Torrijos le tomó a Fidel. 2
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La segunda anécdota es asimismo aleccionadora: el papel discreto –y aún casi desconocido– desempeñado por Fidel en la ofensiva final sandinista entre mayo y julio de 1979, que culmina en la derrota del dictador Anastacio Somoza Debaile en apenas dos meses.
Solo mencionaré un hecho: el presidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez y el general Omar Torrijos, secundados por el presidente de Costa Rica Rodrigo Carazo, le solicitan a Fidel que Cuba apoye al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) con armas, municiones y otros avituallamientos, para derrotar la repudiada dictadura. ¡Algo insólito! Fidel, sin demora, los complace con creces.
Paradojas como estas y otras muchas verdades semejantes, no se mencionan en el documento Cuba, capital del comunismo, emitido por el Departamento de Estado, plagado de mentiras e intenciones malévolas.
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La tercera anécdota está relacionada con Hugo Chávez. Cuando el joven líder bolivariano dialoga con Fidel por primera vez en La Habana, en diciembre de 1994, le explica que no descarta la vía de las armas para alcanzar el poder. Después le dice que es posible evitar la violencia y, con el apoyo de la población y amplios segmentos de las Fuerzas Armadas, ganar las elecciones en diciembre de 1998 y, de tal modo, llegar a la presidencia. Añade: “Creo que esa es nuestra mejor estrategia”.
Fidel, que lo escucha y observa con sumo interés, hace un breve y sincero comentario: “Ese es un buen camino…”, dice, y Chávez queda impresionado por la opción que prefiere Fidel.
Esa misma noche, el líder cubano vuelve a sorprender al invitado: “Aquí a la lucha por la libertad, por la igualdad y la justicia le llamamos socialismo; si ustedes la llaman bolivarianismo, estoy de acuerdo”. Y agrega: “Si la llamaran cristianismo, también estoy de acuerdo”. A Chávez le agrada esa idea, que muestra el pensamiento anti dogmático de Fidel, tan alejado de cierta izquierda latinoamericana, rígida y encartonada. 3
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Para Fidel, los revolucionarios y patriotas auténticos no disfrutan situaciones fáciles, pues se proponen hacer posible lo que muchos creen imposible. Es adalid de esa estirpe de soñadores y jamás acepta la derrota. Alienta pelear en todas las ocasiones y ámbitos, a fin de avanzar hacia el poder íntegro de los pueblos. Y enarbola, sin matices, la necesidad de defender a todo precio la soberanía, la independencia y autodeterminación de nuestras naciones.
La solidaridad multidimensional que concibe y ejerce, se fundamenta en un compromiso ético y en una visión política martiana y bolivariana. Representa además para Cuba, un factor de importancia geopolítica estratégica, en el enfrentamiento al dominio imperial en la región. Y está asociada, por ende, a la derrota del afán destructivo de este contra la Revolución cubana, siendo esencial para nuestra seguridad nacional.
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Siempre fue muy celoso en respetar las normas del derecho internacional y priorizó el desarrollo de relaciones diplomáticas, comerciales y en todas las esferas posibles con los gobiernos latinoamericanos y caribeños. También se empleó a fondo para contribuir a negociar la paz en conflictos bélicos internos, por ejemplo, en Colombia y en Centroamérica. Y fue un adalid en la defensa de la paz a escala de toda nuestra América.
Además de sus frecuentes intercambios personales con dirigentes de izquierda y progresistas, sin desmedro de ello, labra vínculos con líderes políticos, gobernantes y empresarios de posiciones ideológicas y políticas variopintas, de centro y derecha, sobre bases de respeto mutuo y acorde a temas de interés recíproco.
Cultiva amistades con numerosos líderes y personalidades latinoamericanas y caribeñas. Disfruta tales nexos en la intimidad, impregnado de gozo espiritual. Suma numerosos amigos y amigas entrañables, y entre varios expresivos están Salvador Allende, Hugo Chávez, García Márquez, Michael Manley, Frei Betto, Daniel Ortega y Diego Armando Maradona.
La arqueología de tales nexos mostrará también, cuánto tuvieron que ver ellos, y de qué modos, con la estrategia integral del líder cubano hacia nuestra América y sus luchas públicas y silenciosas contra el imperio.
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Utiliza su presencia en las cumbres de jefes de Estado y de Gobierno, y en las tomas de posesión presidenciales, para fortalecer relaciones oficiales bilaterales y multilaterales. Y también con personalidades y colectivos de sectores políticos, sociales y económicos diversos de los respectivos países sede. Su presencia en cada sitio, siempre deviene suceso de trascendencia en esas naciones y más allá, reafirmándose una y otra vez su liderazgo continental y mundial.
Por ejemplo, en la toma de posesión del socialdemócrata Rodrigo Borja, en Quito, Ecuador, en 1988, ocurre un hecho singular: lo invitan a celebrar su 62 cumpleaños en la casa–museo de su amigo el insigne pintor Pablo Guayasamín, primera vez fuera de Cuba después de 1959. Esa noche, sobreviene al sitio una oleada de invitados y auto invitados, más de 300. Sobre tan espléndida ocasión, que tuve el placer de disfrutar, el periodista cubano José de los Santos le pregunta días después a Guayasamín, sus impresiones y este le dice:
“Vinieron gente de todos los partidos, algunas extrañas para mi pensamiento, (…) gente a las que incluso les tengo cierto resquemor. Me dije: Bueno, Fidel sabe lo que hace, y por eso le expresé: “Mira, tú eres un genio en esto de la política internacional, así que haces y deshaces lo que tú quieras aquí”.
Al cabo de esa reflexión, Guayasamín pinta en trazos orales las dotes excepcionales de Fidel para cultivar las más diversas relaciones afectivas y políticas:
“En todo Ecuador, a todo nivel, desde gente de derecha hasta todas las gamas de la izquierda, es el personaje que más ha conmovido al país. Es un hombre de gran sabiduría (…). Cada frase de él, cada pensamiento, es en verdad un monumento, una granación hecha piedra para muchos años”. 4
Los criterios que más reitera en tales eventos, fundados en ejemplos ostensibles, rigurosos argumentos y datos precisos, son las denuncias al imperio y la necesidad ineludible de bregar contra su dominación, que él muestra sin eufemismo. También exhorta a defender el papel protagónico de los pueblos y sus intereses, en especial, la justicia social, el desarrollo económico y la integración económica, la soberanía y la autodeterminación, la solidaridad mutua, los temas ambientales, la paz, la identidad cultural y la unión de nuestra América.
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¿Cómo amolda su estrategia regional ante los enrevesados dilemas históricos de la última década del siglo XX, al desintegrarse la Unión Soviética y el campo socialista y sobrevenir un mundo unipolar, liderado por Estados Unidos?
Lo primero que hace es empeñarse en evitar la desmoralización y desunión de la izquierda en el continente. Propone a Lula y este acepta, convocar una reunión de toda la izquierda y centro izquierda regional, convocada por el Partido de los Trabajadores (PT) con sede en Brasil y el respaldo de Cuba. Así nace el Foro de Sao Paulo en 1990. Esta agrupación plural de partidos de izquierda y progresistas, inédita en el planeta, facilita los debates hacia la búsqueda de alternativas frente al auge del neoliberalismo y para crear una plataforma unitaria sustantiva mínima.
También concede especial atención a los vínculos estatales de Cuba en América Latina y el Caribe, entre otros motivos para contrarrestar la intención del imperialismo de aislar y darle jaque mate a la Revolución cubana y ampliar los nexos económicos, en la circunstancia del desplome de sus aliados allende el Atlántico.
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A fines de la década de 1990, concibe el Programa Integral de Salud (PIS) para ayudar, en primer término, a los países centroamericanos víctimas de dos fieros huracanes. Después lo extiende a otros continentes del sur global, y además funda en noviembre de 1999 la Escuela Latinoamericana de Medicina en La Habana, que pronto incorpora a miles de estudiantes del Tercer Mundo, e incluso de Estados Unidos.
A pesar de la crítica situación económica de la isla y la coyuntura internacional en extremo adversa, la solidaridad de Cuba en el ámbito de la salud comienza a vivir la etapa más fértil de su historia, concebida y dirigida en sus detalles por él. Una alegórica frase suya lo dice todo: “¡Médicos y no bombas!”.
Tal expresión en su memorable discurso en la Universidad de Buenos Aires, en mayo de 2003, sintetiza la energía de sus mensajes, que provoca un notorio efecto comunicacional, porque está avalada por generosas e incontables acciones solidarias concretas de Cuba, tan visibles como el sol, en el ámbito de la salud, la educación, la cultura, el deporte, la ciencia y otros.
La repercusión de los eventos que el lideró sobre la deuda externa, la globalización neoliberal y contra el ALCA, son ejemplos, entre otros, de su exitosa estrategia comunicacional, plural, democrática y con objetivos medulares, a fin de crear conciencia y movilizar contingentes de líderes y masas para alcanzarlos.
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Ante la descomunal ofensiva imperial de los años 1990, sin contrapeso a escala planetaria, Fidel promueve la idea de que es posible contrarrestarla y lo demuestra mediante acciones. Enarbola un nuevo concepto solidario estratégico: salvar la Patria, la Revolución y el Socialismo en el archipiélago mayor del Caribe, es el aporte más importante del pueblo cubano a sus iguales y al futuro de la región y el mundo.
A pesar de la precaria situación económica de Cuba, orienta que se mantenga el apoyo solidario y una comunicación fecunda con las fuerzas populares y las agrupaciones de izquierda y progresistas.
En aquella circunstancia lúgubre, vaticina, sustentado en análisis y datos convincentes, nunca en consignas o declaraciones de fe, que vendrá otra ola de cambios favorables a los pueblos en nuestro continente. Esta es, por ejemplo, una idea central de su entrevista con Tomas Borge, que se publica en 1992 con el título Un grano de maíz. La misma que lee Chávez en la cárcel en 1993 y que lo alienta en sus proyecciones.
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Desde 1999, ahora junto a Chávez al mando de la Revolución Bolivariana, Fidel acelera, vigoriza y afina su estrategia de contribuir a la formación de un mundo multipolar y a la unión nuestra americana, de índole bolivariana y martiana.
Al despuntar el presente siglo, aporta su sabiduría y miles de horas a la flamante hermana deseada, que desde su visita a Caracas en enero de 1959 vislumbrara posible, e hizo cuanto pudo para alcanzar un parto feliz.
Considera a la Revolución Bolivariana una fuerza renovadora, que estremece el dominio hemisférico de Estados Unidos en su zona de señorío predilecta. Por eso, alerta de modo reiterado sobre el objetivo del imperio de subvertir la original revolución, a fin de retomar el control del petróleo y demás riquezas venezolanas y revertir la correlación de fuerzas que crecientemente le desfavorece al sur del rio Bravo entre 2003 y 2016.
Fidel y Chávez desempeñan un rol primordial en ese envión nuestro americano, que se inicia entre 1999-2003, signado por procesos revolucionarios y progresistas en varios países.
La grandeza de ambos les permitirá entenderse y ayudarse mutuamente, absorber la sabiduría y el potencial del otro, y mantener un incondicional apoyo recíproco. Movidos por la identidad y el ingenio de ambos, convergen las dos revoluciones y la cooperación multifacética de ellas alcanza cotas inéditas en el continente. Tenían plena conciencia del formidable momento histórico en desarrollo y del papel esencial de la unión de Venezuela y Cuba, en su positiva evolución.
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En 2003 comienza a desarrollarse un polo revolucionario y progresista en la región –que ellos promueven e impulsan–, la hegemonía imperial pierde espacio, se amplían y fortalecen los procesos de integración y unión continental, e incluso la idea del socialismo alcanza una nueva dimensión simbólica y real, al reafirmarse en Venezuela como una alternativa necesaria y posible al capitalismo.
Queda evidenciada, como nunca antes, la eficacia del enfoque estratégico de Fidel en las relaciones de Cuba con nuestra América y también la dimensión triangular con Estados Unidos. Esto fue notorio, cuando Washington se vio presionado durante el gobierno de Obama a un cambio de política hacia La Habana. Entre otros factores, por uno muy importante: la correlación de fuerzas crecientemente adversa a Estados Unidos en el hemisferio.
Cuba y Venezuela, complementados por otros gobiernos y fuerzas sociales y políticas de América del Sur, Centroamérica y el Caribe, configuran una especie de motor principal, que impulsa tales eventos políticos y económicos en los primeros 15 años del siglo XXI. Siendo sus tres hitos colectivos alegóricos la creación del ALBA en 2004, mandar el ALCA al carajo en 2005 y constituir la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en 2011.
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Ese tiempo luminoso, aporta lecciones positivas cardinales y también incluye errores, debilidades e ilusiones superfluas. Washington fue en parte acorralado por el ímpetu y la conexión de numerosos gobiernos progresistas y revolucionarios, y un amplio haz de movimientos sociales, que crearon un promisorio escenario de cooperación económica y política. Incluso, favoreciendo el cambio de política encabezado por Obama en sus relaciones con Cuba. Confirmándose el pronóstico que hiciera Fidel en Un grano de maíz.
En ese diálogo con Tomás Borge, Fidel se refiere a los dramáticos cambios ocurridos en aquellos años en el mundo, al desintegrarse la Unión Soviética y el campo socialista, y que en América Latina trajeron consigo la estratégica derrota del FSLN en Nicaragua, el repliegue del proceso revolucionario en Centroamérica y otros reflujos de la izquierda, además de una honda crisis económica y social en Cuba.
Dijo Fidel entonces:
“La humanidad nunca vivió un momento de tal auge de la reacción ni de tal auge del poder del imperio. Eso no quiere decir que va a ser eterno ni mucho menos; ese imperio está corroído por toda clase de contradicciones.
(…) Creo que pase lo que pase vendrán otros tiempos, porque estamos ahora en medio de una gran ola reaccionaria, y después vendrá de nuevo una gran ola revolucionaria, una gran ola progresista en el mundo (…)
Aclara:
“Cuando digo revolucionaria me estoy refiriendo a los objetivos, a los propósitos, no a la forma de lucha con que se lleven a cabo esas ideas, sino que, al igual que hoy están prevaleciendo ideas reaccionarias y tienen una gran fuerza, vendrá el momento en que volverán a prevalecer las ideas progresistas, las ideas democráticas, las ideas justas, con nosotros o sin nosotros”.
Precisa además que “no creemos por ello que el futuro depende de nosotros; si nos da mucho ánimo y mucho aliento saber que estamos defendiendo ese futuro y saber que somos un símbolo de ese futuro y de esos principios, ante un mundo lleno de hambrientos, de explotados, de gente sufriendo”. 5
Tales comentarios y vaticinios de Fidel en 1992, tienen un valor de obvia actualidad. Pereciera que fueron expresados hoy. Los acelerados avances de la doctrina reaccionaria de la nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, sintetizada en el corolario Trump de la Doctrina Monroe, han creado un nuevo escenario, aún peor para los pueblos y las fuerzas revolucionarias y progresistas que el existente al terminar la última década del pasado siglo.
Por ello, cabe recordar también la postura del líder cubano ante cualquier reto, no importa el tamaño. A grandes problemas, grandes soluciones: ese fue siempre su parecer, que movilizó las actuaciones ofensivas suyas en las más adversas circunstancias. En opinión de él, las crisis y políticas reaccionarias del imperio, derivadas de su rapaz naturaleza explotadora, de las contradicciones que lo atraviesan y de su tendencia declinante, abren brechas y oportunidades para enfrentarlo y derrotarlo, como la historia ha demostrado otras veces.
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Sin violar la certeza de que las revoluciones no se exportan y los demás conceptos sobre las causas e inevitabilidad de ellas, la Declaración de Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1964, leída por Fidel ante una enorme multitud, proclama “el derecho de Cuba de ayudar con los recursos a su alcance a los movimientos revolucionarios en todos aquellos países que practiquen semejante intromisión en los asuntos internos de nuestra Patria”.
Es esa una definición vigente, sobre la prerrogativa de Cuba a practicar la solidaridad plena con los pueblos hermanos en lucha, en circunstancias de encontrarse asediada y atacada por el imperio y por gobiernos sumisos, aliados de este.
La respuesta que él le ofreciera a Ignacio Ramonet en 2006, cuando este le preguntara si creía que “la era de las revoluciones y de la lucha armada” se había terminado en América Latina, también ilumina las posibles disyuntivas del devenir histórico actual.
Fidel expresó:
“Nadie puede asegurar que se van a producir cambios revolucionarios en América Latina hoy. Pero nadie puede asegurar tampoco que no se produzcan en cualquier momento en uno o varios países. Si uno analiza objetivamente la situación económica y social en algunos países, no puede tener la menor duda de que se trata de una situación explosiva. Si a esos problemas no se les halla solución urgente —y el ALCA no es una solución, y la globalización neoliberal tampoco—, puede ocurrir más de una revolución en América Latina cuando menos se lo imagine Estados Unidos. Y no podrá culpar a nadie de promover esas revoluciones”. 6
¿Conocerán y aceptarán a tiempo estas palabras Donald Trump y Marco Rubio?
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En esta etapa de euforia imperialista de corte fascista, bajo el manto fanático de MAGA, es predecible suponer que ellos y sus iguales no serán capaces de interpretarlas de modo certero, aunque las lean. Ni tampoco ocurrirá después, al producirse una nueva ola de procesos nacionales y de escala continental contra tales políticas retrógradas, “cuando menos se lo imagine Estados Unidos”
Es cierto que el trumpismo y sus aliados ultrarreaccionarios de la región, han tomado la iniciativa en los últimos años y están a la ofensiva merced al enorme poderío que aún conserva Estados Unidos. Pero también es así, por debilidades y errores de los gobiernos revolucionarios y progresistas, sin excluir los propios de Cuba.
Ese tema actual desborda el ámbito de la ponencia, aunque incita a pensar en la necesidad de entender en su integralidad las ideas y modos de actuar de Fidel en circunstancias semejantes.
¿Acaso en su legado no están los secretos para retomar la iniciativa, avanzar hacia la recuperación de lo conquistado y avanzar rumbo a la liberación antimperialista y la unión de nuestra América, a la que tanto aportara él desde Cuba y en otras tierras del mundo?
Citas
1 FIDEL CASTRO RUZ: Discurso en el monumento a los Niños Héroes de Chapultepec, el 10 de octubre de 1955, sitio Web Fidel Soldado de las ideas.
2 NILS CASTRO: Fidel y Omar: momentos y escenarios de una convergencia vigente. Tareas, núm. 164, año 2020, pp. 21-42, Centro de Estudios Latinoamericanos “Justo Arosemena”.
3 GERMÁN SANCHEZ OTERO: Fidel, Chávez y el destino de nuestra América, Centro Fidel Castro Ruz e Instituto de Altos Estudios del Pensamiento de Hugo Chávez, Caracas, 2025, pp. 39 y 40.
4 LUIS BÁEZ: Así es Fidel, Casa Editora Abril, La Habana, 2009 p. 134,
5 FIDEL CASTRO: Un grano de maíz. Conversación con Tomás Borge. Oficina de publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1992, pp.43 y 44.
6 IGNACIO RAMONET: Cien horas con Fidel, Tercera Edición. Oficina de publicaciones del Consejo de Estado. La Habana, 2006. P. 594.






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