Por Claudio Katz/ Rebelión
LA INCIERTA CAPTURA DE VENEZUELA
El secuestro de Maduro marcó un hito central en la campaña de reapropiación de América Latina que impulsa Trump. Sin lugar a dudas envalentonó al magnate para subir la apuesta de su escalada. Consumó un acto terrorista con absurdas acusaciones de narcotráfico, cuando Venezuela no figura como productora, vía de tránsito o partícipe de la provisión de drogas. Por esa razón el juicio en Nueva York al mandatario raptado es un disparate procesal.
Trump recurrió a la captura de un presidente, dejando en pie el sistema político vigente y evitó la invasión externa o la colocación en Miraflores de algún servidor directo de la derecha venezolana. No ungió a Guaidó, Corina Machado o Leopoldo López. Optó por un camino intermedio, tomando en cuenta el largo historial fracasos de sus ahijados.
En Venezuela falló la guerra encubierta al estilo de Ucrania, que se intentó entre 2017 y 2020 y tampoco funcionó el alzamiento militar del 2019. La asfixia económica demolió la estructura productiva y forzó la emigración de siete millones de personas, pero no logró tumbar al chavismo. El Pentágono también desechó la ocupación de la zona petrolera del Orinoco -siguiendo el modelo de Libia o Siria- por temor a un inmanejable caos regional. Frente a los peligros de estas riesgosas opciones, Trump optó por un secuestro espectacular sin grandes cambios políticos. El resultado de este rumbo aún se está procesando.
Colocó una pistola en la cabeza de Delcy Rodríguez para imponer un fulminante paquete de exigencias. Forzó la reorganización de los mandos del ejército, el viraje pro occidental de la política exterior y la excarcelación de los conspiradores derechistas. Difunde la humillante imagen de Venezuela como el “Estado 51 de la Unión Americana” y perpetra un simulacro de evacuación de la embajada estadounidense, con aviones del Pentágono en los cielos de Caracas.
Trump ostenta todo el operativo como un proyecto personal para robar el petróleo. Lo que comenzó con sanciones, bloqueos y confiscaciones de la filial externa Citgo, despunta ahora como un intento de apoderamiento total del combustible. El magnate alude a una deuda ficticia como justificación de esa expropiación, pero no abunda en detalles y simplemente proclama que se adueñará del petróleo.
Hasta ahora logró la sanción de leyes que otorgan ventajas a las compañías yanquis en la apropiación de ese combustible. Ya circulan denuncias de un gran desvío de beneficios del crudo hacia el Tesoro estadounidense, en un contexto de reinicio de las inspecciones del FMI y doblegada reestructuración de la deuda externa. Pero la viabilidad efectiva de su plan es una incógnita.
Por un lado, existen indicios de recuperación de la producción y las exportaciones de crudo, junto al retorno de grandes compañías, que imponen los términos de resolución de las disputas arbitrales pendientes. Por otra parte, persisten las dudas sobre la monumental inversión externa que se requiere para reconstruir la infraestructura petrolera, erosionada por una década de sanciones Hay reticencia de las mega firmas a comprometer ese dinero, por el alto riesgo de esa operación en un tipo de crudo pesado que demanda elevados gastos de refinación (Krugman, 2026).
El trasfondo de esas reservas es político. Las empresas no observan garantías políticas suficientes por parte de Trump, que suele romper las reglas de juego con anuncios cambiantes. Todas registran, además, que el gobierno dista mucho del ponderado y confiable personal que encabezaría Corina Machado.
El curso actual genera también críticas del propio riñón chavista, con demandas de explicaciones por la contemporización oficial con Trump. Algunos exigen aclarar lo ocurrido durante el secuestro de Maduro (Britto, 2026) y otros estiman que en los hechos el país ha sido degradado a un status de protectorado (Jaua, 2026). También objetan la entrega del financista Saab a los tribunales estadounidense, señalando que ese individuo mantuvo en pie los circuitos del comercio exterior para lidiar con las sanciones del imperio. Es evidente que si hubiera cometido delitos correspondería juzgarlos en Caracas y no en una prisión del imperio.
Pero estas evaluaciones han pasado a un segundo plano ante la urgencia que ha creado el devastador terremoto. El auxilio es la prioridad absoluta frente a una tragedia mayúscula. La derecha acusa al gobierno de imprevisión y carencia de resguardos, para atender adecuadamente a las víctimas y los sobrevivientes, omitiendo la responsabilidad imperial por esas carencias. Al cabo de muchos años de bloqueo criminal, los hospitales no tienen medicamentos y el Estado ha quedado estructuralmente vaciado para auxiliar a sus ciudadanos (Aharonian, 2026).
El propósito de Trump es aprovechar el cataclismo para reforzar la custodia o la presencia directa de los marines, como ocurrió con el terremoto de Haití en el 2010. Por eso ofrece una ayuda insignificante, en comparación a los lucros que nuevamente obtiene con apropiación de gran parte de la renta petrolera (Kersffeld, 2026).
Pero en medio del inconmensurable dolor, emerge la solidaridad a pleno entre familiares, vecinos y pobladores que improvisan rescates y comparten víveres. Y esta labor es factible para la enorme red de comunas y organizaciones populares forjadas al calor del proceso bolivariano (Gilbert; Pascual Marquina, 2026).
LA SUPERVIVENCIA DE CUBA
En su campaña contra Cuba Trump ha proclamado que puede “tomar la isla, para hacer con ella lo que quiera”. Envió una flota para rodear el país y sus jueces inventaron una imputación contra Raúl Castro, para tentar secuestros o asesinatos selectivos. Está empeñado en provocaciones mayúsculas y ensayó un primer desembarco de mercenarios que fueron abatidos.
La mafia anticubana incentiva, a su vez, desde la Florida el descontento interno, mientras el Pentágono mantiene en carpeta una amplia gama de agresiones. En 60 años de bloqueo, nunca se atrevieron a imponer el actual cerrojo de abastecimiento petrolero. Con esa asfixia energética, pretenden forzar una crisis humanitaria semejante a la padecida por Haití. Intentan generalizar la oscuridad nocturna, la paralización de los hospitales, el colapso del agua y la falta de alimentos.
Como no pudieron destruir la revolución desde adentro han recurrido al asedio total, con voceros cómplices que acusan a Cuba de no haber sabido construir una defensa contra el cerco estadounidense. Le exigen a una pequeña isla, la autosuficiencia que no detenta ninguna potencia del mundo (Veloz Serrade, 2026).
Trump no solo logró que Venezuela cortara la provisión de combustible que sostenía la economía cubana, sino que también consiguió el acatamiento del bloqueo por parte del gobierno de Lula. Brasil produce entre 4 y 4,3 millones de barriles de crudo diarios (con frecuentes exportaciones), mientras que la Isla solo requiere importar entre 80 000 y 100 000 barriles. Ese abastecimiento no tendría ningún efecto económico para Brasilia y su negativa a suministrarlo, tan solo obedece al temor a suscitar el enojo de Washington.
Claudia Sheinbaum asumió una actitud más autónoma. Suspendió los envíos de combustible frente a las amenazas de Trump, pero reorientó la ayuda hacia los suministros humanitarios y negocia con Washington algún tipo de compromiso, para reiniciar la provisión de petróleo.
El gobierno cubano raciona el combustible para garantizar los servicios y las actividades esenciales, mientras busca alternativas en los parques solares y el suministro extracontinental. Logró que buques de Rusia y Turquía se aproximaran a la isla, pero sin conseguir la continuidad de ese abastecimiento. Todo el espectro de gobiernos verbalmente críticos del vandalismo imperial estadounidense, abandona en los hechos a Cuba cuando la isla más los necesita (Toussaint, 2026).
Dossier de Blog América: Nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU.
La ingratitud de países como Angola -que contó con el apoyo militar cubano en su lucha por su independencia y ahora ignora a su auxiliador- es muy chocante. Otras naciones que tienen petróleo y recibieron la asistencia desinteresada de los médicos o rescatistas cubanos, miran para otro lado en lugar de retribuir esa solidaridad.
La isla enfrenta el abandono silencioso de aquellos que convocan a sustituir el orden unipolar imperante. Por esa razón, urge demostrar en los hechos que “Cuba no está sola”, amplificando la campaña internacional para romper el bloqueo y forzar a los gobiernos enemistados con Trump a suministrar petróleo.
En Cuba se prepara la resistencia con dos lemas de las marchas multitudinarias que hablan por sí solos: “hasta la victoria siempre” y ¨que nadie espere la rendición”. La dignidad que tantas veces demostraron sus habitantes vuelve a emerger nuevamente, pero esa batalla exige un insoslayable sostén externo de provisión del combustible.
Las reformas de la economía que a toda velocidad sancionó y promueve el gobierno se inscriben en esta emergencia. No presentan la novedad que destacan tantos analistas, puesto que han sido discutidas en las últimas dos décadas para seguir el modelo que implementaron China y Vietnam. Pero en la desesperante coyuntura actual tienen otro propósito inmediato: quebrar el cerco de Trump, generando convenios con empresas cuya labor exija contar con petróleo. La batalla por ese objetivo domina cualquier otro tema.
POLARIZACION EN LAS URNAS, DESPUNTE EN LAS CALLES.
En muy poco tiempo Trump ha logrado multiplicar su base política de sustentación en América Latina. La ciega fidelidad inicial de Milei y Bukele se ha extendió en forma significativa a Peña, Novoa, Paz, Asufra, Kast y está por conseguir otros dos pilares muy relevantes con Keiko Fujimori y Abelardo De la Espriella.
Es evidente que la oleada ultraderechista persiste y quizás no alcanzo aún su punto máximo. El retorno del uribismo en Colombia con un programa ultra reaccionario de atropellos antidemocráticos, populismo punitivo, control de las redes digitales y alianza con Israel es un evidente indicio de este contexto.
Existen múltiples causas de este prolongado proceso de auge derechista, que tiene alcance internacional y numerosas especificidades latinoamericanas (Katz, 2024a: 119-130, 2024b, 2025). Pero lo que llama la atención es el continuado avance del trumpismo en la región, cuando su mentor acumula derrotas y fracasos al por mayor en el resto del mundo. ¿Será América Latina la excepción a esa adversidad?
Algunas miradas estiman que el movimiento popular de la región ya afronta una monumental derrota por esa contundente primacía de mandatarios de ultraderecha (Martínez, 2026). Esa posibilidad es una indiscutible posibilidad, pero conviene recordar que el primer Trump promovió una restauración conservadora, que fue doblegada en las calles y en las urnas. De esa derrota emergió la segunda oleada progresista del 2019-2023.
Hasta el momento, ninguno de los gobiernos serviles que el magnate tiene en la región ha logrado estabilizar sus atropellos. El dato dominante es la polarización que irrumpe en la mayor parte de los comicios. En los hechos, muy pocos mandatos logran afianzarse y opera un persistente cuestionamiento en dos direcciones.
Por un lado, los gobiernos progresistas (o de centroizquierda) afrontan el invariable desafío de sus rivales ultraderechistas, incluso cuándo sus gestiones son valoradas por la población. Pero ese mismo vaivén afecta al polo opuesto, que debe lidiar con inesperados rechazos a la hora de votar. El primer caso se verificó recientemente en Colombia y el segundo en Perú. En ambos casos el carácter extremo de la polarización condujo a empates técnicos en los comicios, que se dirimieron por mandatos del poder real y no por verificables conteos de las urnas.
En realidad, la balanza de América Latina quedará dirimida muy pronto por el resultado de las elecciones de Brasil. Por la envergadura de ese país, allí se juega la madre de todas las batallas a escala regional. Trump apuesta fuerte contra Lula con sus ahijados de la familia Bolsonaro y conspira desde hace meses, con el mismo descaro intervencionista que despliega en los países de menor porte.
Intentó penalizar con aranceles, las sanciones del poder judicial brasileño contra los delitos golpistas de Bolsonaro y catalogó de grupos terroristas a dos organizaciones criminales, para otorgarse permisos de asesinato o secuestro en territorio sudamericano. Además, motoriza la interferencia en la campaña electoral -especialmente en el terreno digital- con mentiras que estigmatizan al gobierno de Lula (La Jornada, 2026).
Lula y el PT de Brasil: pasado izquierdista e involución derechizante
Brasil es una pieza económica clave para Trump, no solo para contener el avance de China sobre el mercado más importante de la región, sino para asegurar también el reinado del dólar, neutralizando la inclinación de Lula a distanciarse (junto a los BRICS) de ese imperialismo monetario. Un triunfo de Bolsonaro le aportaría además al magnate, el soporte final para embestir contra Scheinman y conseguir el ansiado control total de América Latina.
Pero el destino de la región se dirime en forma más significativa por acontecimientos exteriores al ámbito electoral. La derecha altera esos escenarios con golpes militares, conspiraciones de jueces o conmociones de mercado. La izquierda y el movimiento popular trastoca los mismos contextos en las calles, con masivas rebeliones que modifican las relaciones sociales de fuerza a favor de los trabajadores. El levantamiento que se registró en Bolivia podría operar como el primer episodio de respuestas de ese tipo.
Fue una sublevación impactante, a tan solo seis meses de asunción del gobierno derechista. Los manifestantes cercaron la sede de gobierno, bloquearon las rutas e impusieron una llamativa radicalidad en los métodos de lucha. Exigieron la renuncia de un presidente que incumplió su mandato y reprimió brutalmente las protestas.
Trump explicitó su apoyo a esa reacción, pero fue muy visible la fragilidad de un gobierno que intentó anular las conquistas ciudadanas y los derechos conseguidos por la población indígena a la cabeza de la revuelta. La rebelión no logró la insurrección urbana que requería para triunfar (García Linera, 2026), pero demostró la abrumadora superioridad de las fuerzas populares frente a un aparato gubernamental inoperante. Concluyó finalmente con un repliegue táctico ante un mandatario debilitado (Alessandri, 2026).
En las últimas décadas Bolivia anticipó el sendero combativo de la región. Encabezó a principio del nuevo siglo la oleada de rebeliones que acompañaron Ecuador, Venezuela y Argentina y comandó posteriormente la segunda marea que siguieron Ecuador, Chile, Colombia y Perú. Nuevamente el altiplano tomó la delantera desafiando un proyecto regional de Trump con resultado aún abierto.
RESUMEN
Trump refuerza el control imperial de América Latina, en contraste con las adversidades que afronta en el mundo y en su propio país. Militariza la región con el pretexto del narcotráfico sin arriesgar el envío de tropas. Interfiere los procesos electorales a favor de servidores ultraderechistas, que cumplen con su exigencia de perseguir a los emigrantes. Busca frenar a China en la captura de los recursos naturales, pero no contiene a su rival en las cadenas de valor. Argentina es el caso más extremo de sumisión y vulnerabilidad, la tutela de Venezuela es incierta, Cuba batalla por la supervivencia y en Brasil se dirime el escenario regional. La polarización domina en los comicios y Bolivia inaugura la resistencia en las calles.
REFERENCIAS
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-Fazio, Carlo (2025) La ofensiva de Estados Unidos en el «hemisferio occidental» https://rebelion.org/estados-unidos-y-su-ofensiva-en-el-hemisferio-occidental/
-Anzelini, Luciano (2026). La importancia de América Latina para Estados Unidos
-Marino, Juan (2026) La “Gran Norteamérica” contra la Patria Grande, https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/la-gran-norteamerica-contra-la-patria-grande/
-Colussi, Marcelo (2026). Latinoamérica: ¿patio trasero? ¿Hasta cuándo?
Latinoamérica: ¿patio trasero? ¿Hasta cuándo?
-Lantos, Nicolas (2025) Posdemocracia: terminando el contrato social con un click https://www.eldestapeweb.com/politica/javier-milei-presidente/posdemocracia-terminando-el-contrato-social-con-un-click-20251227214951
-Katz, Claudio (2024a) América Latina en la encrucijada global, Buenos Aires Batalla de Ideas; La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.
-Malamud, Carlos Núñez, Castellano (2026). América Latina y el Corolario Trump-Monroe https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/america-latina-y-el-corolario-trump-monroe/
-Pont, Alejandro Marcó del (2026). Entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC) https://rebelion.org/883522-2/
-Rodríguez Gelfenstein, Sergio (2026) Comenzó la guerra de Estados Unidos contra China en América Latina y el Caribe. https://rebelion.org/comenzo-la-guerra-de-estados-unidos-contra-china-en-america-latina-y-el-caribe/
-Tigani, Pablo (2026) ¿Qué está detrás del interés de Palantir por el Estado argentino? https://www.pagina12.com.ar/2026/05/10/que-esta-detras-del-interes-de-palantir-por-el-estado-argentino/
-Esteban, Pablo (2026) El Gobierno busca convertir a la Argentina en el paraíso fiscal de las IA https://www.pagina12.com.ar/2026/06/04/el-gobierno-busca-convertir-a-la-argentina-en-el-paraiso-fiscal-de-las-ia/
-Krugman, Paul (2026). A nova riqueza “do” Imperador https://eleuterioprado.blog/2026/01/10/a-nova-riqueza-do-imperador/
-Britto García, Luis (2026). Resisto, luego existo https://huelladelsur.ar/2026/05/12/resisto-luego-existo/





