Por Germán Sánchez Otero
* Tomado del libro CHE SIN ENIGMAS, de Germán Sánchez Otero, primera edición, 2007, publicado por Ocean Sur, impreso en Bogotá, y por la editorial Ciencias Sociales de Cuba, en 2008. Esta versión que ahora publica el BLOG AMËRICA en dos partes, ha sido revisada por el autor para el Curso Internacional 2026 de la Escuela Florestán Fernández, del Movimiento Sin Tierra de Brasil (MST), con fines docentes.
Imperialismo, Internacionalismo y Liberación
¿Cuáles son, a juicio del Che, las circunstancias determinantes y los ingredientes contemporáneos del internacionalismo?
Desde joven, identificó al imperialismo como el obstáculo principal a vencer en la lucha por la liberación nacional y social. Sus estudios científicos, el conocimiento de la historia y, sobre todo, sus vivencias personales, lo llevaron a definir ese sistema de explotación mundial –en identidad plena con Lenin– como la fase superior y última del capitalismo. Para él, la tendencia a desaparecer de ese sistema no significaba un curso histórico lineal, pues el imperialismo encierra energías renovadoras y de sobrevivencia, tiene capacidad de golpear y contragolpear, e incluso, de consolidar posiciones y pasar a la ofensiva temporal.
El mundo de hoy “está profunda y antagónicamente dividido en agrupaciones de naciones que representan tendencias económicas sociales y políticas muy disímiles”. En su análisis de las contradicciones de nuestra época, luego de subrayar la fundamental – “la que existe entre los países socialistas y los países capitalistas desarrollados”– precisa: “con ser aquella la más importante contradicción no es, sin embargo, la única”. Y subraya las que existen entre los países capitalistas desarrollados y los pueblos subdesarrollados del mundo, que “tienen también una importancia fundamental”. 35
Con sus ideas acerca del fenómeno del subdesarrollo y la dependencia, formuladas a partir de la teoría del imperialismo, Che no sólo se coloca en el territorio del conocimiento científico social más avanzado de su tiempo. Introduce enfoques y conceptos novedosos, aportes al pensamiento revolucionario, que contribuyen a la fundamentación correcta de las vías para enfrentar al imperialismo a escala internacional y a las soluciones nacionales para lograr la liberación.
Su concepto del subdesarrollo –”desarrollo distorsionado”– 36 explica ese fenómeno como una deformación del capitalismo, una modalidad intrínseca a ese sistema mundial que abarca a la mayoría de los países del mundo.
El subdesarrollo es consecuencia del desarrollo desigual del capitalismo y éste, sin aquél, no puede existir. Se trata de un no desarrollo en apariencia; el subdesarrollo es para esos países su desarrollo, pues el desarrollo de las naciones imperialistas fue, y es posible, merced a ese subdesarrollo de las colonias, semicolonias y neocolonias.
Ante esa realidad, Che proclamó en la UNCTAD la única solución posible: “la supresión absoluta de la explotación de los países dependientes por parte de los países capitalistas desarrollados, con todas las consecuencias implícitas en este hecho”. 37
Y en su mensaje a los pueblos a través de la Revista Tricontinental, lo reiteró aún más enfáticamente: al imperialismo hay que batirlo y destruirlo en una gran confrontación mundial. En esa lucha diversa y compleja, la participación que corresponde a los pueblos sojuzgados “es de eliminar las bases de sustentación del imperialismo” y el elemento esencial de esa finalidad estratégica, es la liberación real de los pueblos. 38
¿Por qué emplea Che el concepto de liberación real?
Ya desde marzo de 1960, en una conferencia que impartió por televisión acerca del tema Soberanía Política e Independencia Económica, explicó: “Pero todos estos conceptos de soberanía política, de soberanía nacional, son ficticios si al lado de ellos no está la independencia económica”. 39
¿Y cómo alcanzar la independencia económica, que permita avanzar hacia el desarrollo a los países recién liberados?
La integralidad del pensamiento y el quehacer revolucionario de Che, pasa también por su lúcida comprensión de las relaciones económicas internacionales, el papel de ellas en la reproducción del subdesarrollo y la necesidad de transformarlas radicalmente, para, sobre nuevas bases, permitir y facilitar el desarrollo y la independencia plena de los pueblos del Tercer Mundo.
Fue un precursor –con enfoque y soluciones muy radicales– del Nuevo Orden Económico Internacional, aprobado formalmente años después por la ONU y lamentablemente nunca cumplido en los hechos. Estudió y denunció el dominio monopólico de los mercados, el proteccionismo aplicado contra los países subdesarrollados y otras expresiones de las relaciones económicas en que se sustenta el imperialismo.
Especial mención debe hacerse a su óptica admonitoria respecto del peligro que significaba el proceso de endeudamiento externo para las economías subdesarrolladas y “el vínculo orgánico entre intercambio desigual, extracción de ganancias por el capital extranjero y deuda externa”. 40
Promovió la acción unida y solidaria de los países subdesarrollados, con el apoyo de los países socialistas, para imponer al imperialismo un nuevo tipo de relaciones. De esa manera, en nombre de Cuba, se anticipó a esta concepción hoy generalizada entre muchos países.
Formuló un nuevo concepto –derivado de sus estudios sobre el funcionamiento peculiar de la Ley del valor a escala internacional–: la equidad. Definió esta como “la desigualdad necesaria para que los pueblos explotados alcancen un nivel de vida aceptable”. 41
Partiendo del criterio internacionalista de que la liberación de un país cualquiera “es una derrota del sistema imperialista mundial”, Che afirmó: “el desgajamiento no sucede por el mero hecho de proclamarse una independencia o lograrse una victoria por las armas de una revolución, sucede cuando el dominio económico imperialista cesa de ejercerse sobre el pueblo”.
En consecuencia –agrega él– a los países socialistas les interesa que se produzcan efectivamente estos desgajamientos “y es nuestro deber internacional, el deber fijado por la ideología que nos dirige, el contribuir con nuestros esfuerzos a que la liberación se haga lo más rápida y profundamente que sea posible”.42
A partir de esa certeza estratégica –internacionalismo como deber y necesidad– y del imperativo, por ende, de aplicar el concepto de equidad en las relaciones de los países socialistas con los subdesarrollados que alcancen su liberación política, concluyó: “el desarrollo de los países que empiezan ahora el camino de la liberación, debe costar a los países socialistas”. 43
Junto al reclamo de que se generalizara esa conducta entre los países socialistas más desarrollados, exigió a los gobiernos de los países subdesarrollados aludidos, posiciones firmes y dignas frente al imperialismo y acciones transformadoras en sus países en favor del pueblo.
Después de morir el Che en 1967, el proceso de deterioro moral y descomposición política de los países socialistas europeos, fue agudizándose hasta que se produjo la desintegración final entre 1989 y 1991. Unido a ese declive, estuvo también la pérdida creciente de los valores internacionalistas de aquellos países y especialmente en la etapa de la Perestroika que se iniciara en 1987.
La Paz, la liberación y el Internacionalismo
El Comandante Guevara examinó desde ángulos complementarios y circunstancias diversas el problema de la paz en el mundo actual. De las contradicciones existentes en este “se desprende el peligro de nuevas conflagraciones, que pueden adquirir carácter mundial en la era atómica”. 44
Advirtió esa posibilidad y enunció en reiteradas ocasiones que ello podría ocurrir en cualquier momento, a consecuencia de la ambición y el cálculo erróneo de algún país imperialista, en el afán de destruir el campo socialista.
Conocedor de las potencialidades destructoras de la guerra nuclear, prevenía: “y lo que nosotros no debemos dejar es que el imperialismo se equivoque esta vez”, porque –decía– va a destruirse a sí mismo “pero de nosotros va a quedar muy poco también”. De esa realidad, sin otra alternativa, concluye: “De ahí que nosotros tenemos que ser luchadores por la paz y defensores convencidos de la paz.” 45
¿Cómo concibe él la lucha por la paz?
Este objetivo sine qua nom de la humanidad, no se conquista de rodillas, ni siendo víctimas del chantaje imperialista. La paz hay que lograrla con firmeza, con audacia y con dignidad.
En lo que a Cuba concierne, “eludimos al máximo caer en las provocaciones maquinadas por los yanquis, pero conocemos la mentalidad de sus gobernantes; quieren hacernos pagar muy caro el precio de esa paz”.
Y frente a ese chantaje bélico al que está acostumbrado Estados Unidos, sentenció: “Nosotros contestamos que ese precio no puede llegar más allá de las fronteras de la dignidad”. 46
Su mente concentró su atención en un problema muy sensible de nuestro tiempo: la relación entre la lucha por la paz y por la liberación.
Basándose en el carácter internacional del imperialismo, él sostenía que, al debilitarse su dominio económico fuera de sus fronteras, ese hecho “ayuda a romper su fortaleza y ayuda a la paz, a la paz mundial, a la paz global, que es lo que nos interesa a nosotros”. 47
En consecuencia, sostiene, la lucha por la revolución y por la paz no son contrapuestas. Al revés, el avance y el triunfo de las revoluciones contribuyen a incrementar las posibilidades de una paz universal, indivisible y duradera, pues deteriora el sostén principal de las guerras, el poderío económico–político del imperialismo.
Por ello, aclara que la coexistencia pacífica entre las naciones no debe abarcar la coexistencia entre explotados y explotadores, ni entre opresores y oprimidos, ni tampoco “puede haber coexistencia pacífica entre poderosos solamente si se pretende asegurar la paz del mundo”. 48
A partir de esas definiciones, en su intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas reiteró en nombre de Cuba la disposición de nuestro país a un diálogo constructivo, en los términos facilitados por la coexistencia pacífica.
También en su función de representante de Cuba ante la ONU, abordó el tema del desarme –elemento clave para conquistar la paz–; expresó el acuerdo de Cuba con el desarme general y completo y la necesidad de destruir todos los artefactos nucleares bélicos.
Frente a estos temas cruciales de la humanidad, Che siempre asumió la perspectiva del análisis y los intereses de los países subdesarrollados y de los socialistas.
De ahí su énfasis en que la lucha por la paz y la coexistencia pacífica, no opacaran o afectaran los principios de la solidaridad entre los pueblos.
Ello explica el siguiente criterio, expresado por él debido a desvirtuaciones que entonces tuvieron lugar en algunos países socialistas: “las armas no pueden ser mercancía en nuestro mundo, deben entregarse sin costo alguno y en las cantidades necesarias y posibles, a los pueblos que las demanden para disparar contra el enemigo común”. 49
En las actuales circunstancias internacionales, sin dudas los conceptos del Che acerca del vínculo entre la lucha por la Revolución y la Paz, mantienen vigencia en sus ejes fundamentales.
Unidad de los pueblos y el internacionalismo
Lograr la derrota del imperialismo, es el factor unificador por excelencia de la acción de los pueblos tercermundistas. Esta visión resulta muy compleja, pero nunca será espontánea ni ocurrirá “sin discusiones”, sin que anteceda “un pacto doloroso a veces”. 50
El Che fue un defensor apasionado y un hacedor incansable de esa unidad entre los pueblos explotados, que bregan por su liberación y de éstos con los países socialistas.
“Es la hora de atemperar nuestras discrepancias y ponerlo todo al servicio de la lucha”, exclamó en su llamado dramático a todos los pueblos del mundo, en especial a sus vanguardias, en el mensaje enviado a través de la Revista Tricontinental, en 1965.
En ese memorable documento –tenso y radiante, estratégico y estremecedor– pone al descubierto sin titubeos ni eufemismos, las tremendas consecuencias negativas que traería para los pueblos oprimidos y para los países socialistas, las graves divergencias abiertas entre estos últimos.
Un caso real era Vietnam, cuyo pueblo estaba dando la batalla por todos. Por eso expresa: “Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos.”
La consigna central de ese mensaje –crear dos, tres, muchos Vietnam– encerraba dos propósitos entrelazados: multiplicar las luchas antimperialistas de los pueblos del mundo y, de esa manera, extender la más efectiva solidaridad a Vietnam.
El alcance estratégico de la victoria vietnamita, pocos años después, es la medida exacta de las dimensiones solidarias universales que tuvo la heroica batalla de ese pueblo y una confirmación del significado que el Che le concedió.
Sus efectos se extendieron a todo el planeta; el imperialismo estadounidense, después de Vietnam no fue más el mismo. El “síndrome vietnamita” es todavía –y seguirá siéndolo– un factor disuasivo fundamental en la agresividad imperialista contra los pueblos del Tercer Mundo.
Toda la solidaridad dada a Vietnam, fue revertida con creces por el triunfo final y por el ejemplo insuperable de ese pueblo. La ofensiva desatada por los Estados Unidos en los años sesenta –además de Vietnam incluyó la invasión a la República Dominicana, el Congo de Lumumba, a Ghana, las masacres de Indonesia, por citar algunos lugares– sólo fracasó en Vietnam.
También en América Latina y el Caribe esa ofensiva del imperialismo avanzaba ostensiblemente, al comenzar la segunda mitad de los sesenta. En varios países ocurrió un reflujo del movimiento popular y las vanguardias armadas sufrían las consecuencias de aquella arremetida, pero también de sus errores y del aprendizaje de la nueva estrategia.
Sólo en el año 1966, se produjo la muerte de cuatro importantes líderes: Camilo Torres, Fabricio Ojeda, Turcios Lima y Guillermo Lobatón, lo que unido a otros factores resultaban un claro indicio de una posible declinación del auge revolucionario y popular desatado después de 1959.
Así pues, el proyecto revolucionario continental que el Che inicia en Bolivia aquel mismo año –1966– tenía su matriz estratégica propia, pero también la marca de la coyuntura: era necesario y urgente dar un fuerte estímulo a esa acción de los pueblos, demostrar en grande la viabilidad de la lucha armada con las vanguardias y las masas populares unidas.
La causa de la liberación de América Latina y la suerte de Vietnam –con toda su significación demostrada por la historia– convocaron la epopeya internacionalista de Che iniciada en Bolivia. Por encima de la derrota, el núcleo fecundo de su decisión histórica pervive, y de ello es prueba el afán emancipador e integracionista de nuestros pueblos y el respeto y admiración a su figura, expresión señera de un proyecto unificador y de liberación continental, lleno de lecciones y valores vigentes.
Respeto a la autodeterminación y soberanía
Si el internacionalismo es una práctica consustancial a la Revolución, la solidaridad, por consiguiente, debe ser abierta, y enarbolarse sin temores: “No podemos negar nuestra simpatía hacia los pueblos que luchan por su liberación (…) y nos solidarizamos con los pueblos que luchan en cualquier parte del mundo, para hacer realidad los derechos de soberanía plena proclamados en la Carta de las Naciones Unidas”. 51
Che legitima la solidaridad entre los pueblos y la contrapone a la intervención e injerencia imperialistas, violadores de ese código.
A la dirección de nuestra Revolución y a Che como parte de ella, se le acusó reiteradamente de practicar en los años 1960 una política de exportación de la revolución y de enfrentar a ultranza a los gobiernos democráticos latinoamericanos. Con intenciones obvias, se pasa por alto la flexibilidad y la disposición constructiva en que el Che, expresando a su vez la opinión de Cuba abordó en su momento estos problemas. El asunto tiene una significación actual, pues demuestra la continuidad entre la política de la Revolución Cubana de ayer y de hoy.
El Che, en circunstancias de existir algunos gobiernos democráticos respetuosos de la autodeterminación y la soberanía cubanas, tuvo hacia ellos igual respeto. Asimismo, fue muy cuidadoso en desearle éxito a cualquier avance de los pueblos latinoamericanos, si aquellos eran logrados incluso por la vía de la cooperación externa de Estados Unidos que no beneficiaran a Cuba.
Así, en julio de 1960, expresa: “No es mi misión aquí enumerar los gobiernos de América, enumerar en estos últimos días, las puñaladas traperas que nos han dado y echar leña al fuego de la rebelión”. 52
O sea, a pesar de las acciones anticubanas de tales gobiernos y su confabulación en la creciente agresión de Estados Unidos contra Cuba, Che soslaya el enfrentamiento público. Aún no han roto sus vínculos diplomáticos ni expulsado a nuestro país de la OEA; ante todo, él respeta la soberanía de esos países.
En agosto de 1961, ya definido el carácter socialista de Revolución, en su discurso en Punta del Este, Uruguay, ante representantes de toda la comunidad americana el Comandante Guevara subraya: “Nosotros nunca hemos abandonado a las naciones latinoamericanas, y estamos luchando porque no se nos expulse, porque no se nos obligue a abandonar el seno de las Repúblicas Latinoamericanas”. 53
Esa posición constructiva fue llevada a una expresión muy elevada al afirmar, en esa misma ocasión, refiriéndose a la Alianza para el Progreso: “Y nosotros estamos interesados en que no fracase, en la medida que signifique para América Latina una real mejoría en los niveles de vida de los doscientos millones de habitantes”. 54
Y aún después de ser Cuba expulsada de la OEA (1964) hace distinciones entre los gobiernos de América Latina y expresa la disposición de Cuba a tener relaciones con un grupo de ellos –Uruguay, Chile y Costa Rica– “pero Estados Unidos no lo permite”. 55
Este Che no ha sido divulgado por sus detractores. No conviene a la imagen de guerrerista y aventurero. Y es lamentable que muy pocos analistas de la izquierda tampoco proyecten a ese Che multifacético, brillante, con matices, a ese Che de un hondo y afilado sentido de la praxis política que supo hacer de ella un vehículo idóneo de la estrategia revolucionaria y de sus principios internacionalistas.
También fue muy enfático en reiterar que las revoluciones no se exportan, ni se dirigen desde terceros países: “crecerán, simplemente porque son el producto de las contradicciones entre un régimen social, que ha llegado al fin de su existencia, y el pueblo que ha llegado al fin de su paciencia”. 56
A esa realidad, él agregaba otro factor, la política de los Estados Unidos: si esta “se mantiene exactamente como hasta ahora, me parece muy lógico suponer que habrá nuevas revoluciones”. 57
Basándose en esos conceptos, sostuvo que a los movimientos de liberación puede o no ayudárseles – “sobre todo se les puede ayudar moralmente”–, pero: “Nosotros sostenemos una y mil veces que las revoluciones no se exportan”. 58
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Patriotismo e internacionalismo
¿Cómo entendía Che la lucha continental?
El tema de la correlación entre lo nacional y lo continental y el factor tiempo en la lucha revolucionaria latinoamericana, fue definido por él con precisión: “Habíamos predicho que la guerra sería continental. Esto significa también que será prolongada”. 59
Ese concepto es resultante de una visión estratégica; de ningún modo, en consecuencia, “podemos decir cuándo alcanzará estas características continentales, ni cuánto tiempo durará la lucha”. 60
Así pues, el sentido continental de la lucha revolucionaria no significa esperar a que ésta comience en todos los países, ni se desarrolle por igual en ellos: debe iniciarse “cuando las condiciones estén dadas, independientemente de la situación de otros países”. 61
A partir del criterio de que Estados Unidos intervendría en un momento del desarrollo de la revolución –por razones conocidas– él sostiene: “Dado este panorama americano, se hace difícil que la victoria se logre y consolide en un país aislado”. 62
Lo anterior fue expuesto de manera pública por el Che. Ahora me referiré a sus planteamientos en privado, también en Bolivia, recogidos por uno de los sobrevivientes cubanos de la guerrilla. Harry Villegas (Pombo), en su diario de campaña.
El 7 de noviembre, cuando el Che habla por primera vez en tierra boliviana con un dirigente del Partido Comunista, cerca del Río Grande, le informa “su decisión de venir a luchar en Bolivia, porque es el país con las mejores condiciones como base para la guerra de guerrillas en el continente”. Y continúa diciéndole que los “los planes, junto con su presencia, alargarían la posibilidad de una victoria rápida, pero no podemos darnos el lujo de soñar con una revolución solo en Bolivia, sin tener por lo menos una revolución en un país costero y en toda América Latina. Si eso no sucede, esta revolución será aplastada”, dijo el Che. 63
El 15 de noviembre de ese mismo año, reúne a sus combatientes de la guerrilla y les explica lo que piensa decirle al secretario general del PC boliviano: “Mario tiene que comprender que la lucha en Bolivia será larga, porque el enemigo concentrará todas sus fuerzas contra ella. Bolivia se sacrificará en aras de que las condiciones para la revolución se creen en los países vecinos”. Y concluye: “Tenemos que hacer otro Vietnam en América con el centro en Bolivia”. 64
El Che vuelve sobre el tema el 20 de diciembre, cuando le explica a la guerrilla lo que representa esta lucha y destaca reiteradamente que no será rápida “porque necesitamos 10 años o más antes de que concluya la etapa insurreccional. Podemos tener el poder en nuestras manos en Bolivia, pero a menos que otros países hagan lo mismo, seremos ahogados inevitablemente, porque somos un país mediterráneo y un bloqueo como el que hay contra Cuba sería suficiente para que esta revolución se vea obligada a claudicar”. 65
La experiencia sandinista en Nicaragua –entre 1979 y 1989– confirmó hasta dónde es difícil la consolidación de una Revolución triunfante. La prolongada y heroica lucha del FMLN en El Salvador, reafirmó que es muy difícil el éxito y consolidación de un proyecto revolucionario, más aún después de haber desaparecido la Unión Soviética.
Por ello, es tan certera la proyección continental que Hugo Chávez le insufló a la Revolución Bolivariana, estimulando y apoyando una nueva generación de procesos revolucionarios, nacionalistas y populares en varios países de la región, y su convergencia integracionista y solidaria.
Si es posible identificar en alguien, la síntesis entre el patriotismo y el internacionalismo, es en el Guerrillero Heroico. Patriotismo e internacionalismo tienen en él un mismo sustento: el humanismo, la transformación raigal del hombre en todo el planeta.
Por ende, el patriotismo no es sólo el amor a la tierra patria y a sus símbolos. Ser patriota verdadero es estar dispuesto a morir, en todo momento, por la causa mayor de la humanidad y en cualquier suelo del mundo. Y cuando ello ocurre, se es entonces patriota de ese pueblo.
Desde las selvas bolivianas, en uno de los comunicados públicos que él escribió en nombre del Ejército de Liberación Nacional, termina diciendo: “todo hombre que luche con las armas en la mano por la libertad de nuestra Patria merece, y recibe, el honroso título de boliviano, independientemente del lugar donde haya nacido. Así interpretamos el auténtico internacionalismo revolucionario”. 66
Esta autodefinición suya resume todo cuanto pueda decirse del patriotismo y el internacionalismo en el Che: “he nacido en la Argentina. Soy cubano y también argentino… Me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica como el que más”. 67
El Che murió en Bolivia, pensaba desde allí contribuir a desarrollar un proyecto de lucha revolucionaria continental, en el que se fundieran los valores patrios y latinoamericanistas, en el crisol del internacionalismo más puro. En su corazón latía el sentimiento de cumplir con uno de sus sueños de siempre: desde Bolivia trasladarse a luchar a su propio suelo natal, Argentina, la patria chica.
Pues si en su concepción internacionalista se opuso radicalmente a toda manifestación de nacionalismo estrecho, amó a su patria de origen y no dejó de sentirse nunca argentino. Y en Cuba, como en Bolivia y en su prédica toda fue un ferviente conocedor y defensor de las tradiciones nacionales y revolucionarias, e insistió en que las luchas de hoy en cada país expresan la continuidad del proceso emancipador a esa escala.
Internacionalismo, socialismo y el hombre nuevo
Además de ser un compromiso ético insoslayable, una necesidad práctica para poder enfrentar y derrotar al imperialismo, la solidaridad entre los pueblos es necesaria para la formación de los nuevos valores humanos.
En ello, sin duda pensaba el Che al recomendarle a sus hijos en la carta que escribiera antes de partir a Bolivia: “Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo.”
Sin internacionalismo no hay socialismo. Y no sólo por su decisiva importancia material: “No puede haber socialismo si en las conciencias no se opera un cambio que provoque una nueva actitud fraternal frente a la humanidad”. 68
Esta advertencia de Che, es reiterada en El Socialismo y el Hombre en Cuba: si se olvida el internacionalismo, la Revolución deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra.
Para evitar ese acomodamiento socavador y lograr que el internacionalismo resulte un factor primordial en la formación del hombre y la mujer nuevos, Che expresa en esa memorable carta a Carlos Quijano: “Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos”.
Ese es el prisma límpido del Che: emprender y examinar el internacionalismo desde todos los ángulos posibles, y en su acepción más amplia, raigal y dinamizadora de los pueblos para alcanzar su liberación total.
En resumen, el Che destacó el papel del Partido y de los dirigentes de la Revolución Cubana, como guías y ejemplos de la actuación ecuménica de esta; reiteró muchas veces que la mejor expresión del internacionalismo en Cuba, consistía en avanzar rápido y bien en la creación de la nueva sociedad; concibió un sistema de dirección de la economía que buscaba –además de elevar la eficacia estatal y desarrollar la conciencia de las masas–, cohesionar aún más el sistema socialista mundial; valoró el significado y la interrelación entre la solidaridad que recibía y entregaba nuestro pueblo; ponderó integralmente todas las formas posibles para ejercitar la solidaridad y fue ejemplo insuperable en todas ellas: héroe cotidiano de la edificación socialista y paradigma de grandes jornadas liberadoras.
Deber y necesidad, ese es el internacionalismo humanista del Che, que cada día lo hace más presente en las rebeldías, sueños y certezas de millones de hombres y mujeres, que aprecian en su ejemplo e ideario una luz promisoria, en el devenir del tercer milenio.
Citas y notas
- Idem., tomo IX, p. 254. Che también se refiere a “la contradicción propia entre los distintos países capitalistas desarrollados”.
- Eugenio Espinosa. El pensamiento de Ernesto Guevara sobre la Economía Mundial, en Pensar al Che, tomo II, La Habana, Editorial José Martí, 1988.
- Ernesto Che Guevara. Escritos y Discursos., Ob. cit. tomo IX, p. 256.
- Idem, tomo IX, p. 367.
- Idem, tomo IV, p. 81.
- Ponencia Central e Informe de la Relatoría de la Comisión sobre las Relaciones Económicas Internacionales, de la Conferencia Teórica sobre el Pensamiento Económico del Comandante Ernesto Che Guevara. Palacio de Convenciones, La Habana, 1987.
- Ernesto Che Guevara. Escritos y Discursos, Ob. Cit. tomo IX, p. 273.
- Idem, tomo IX, p. 343.
- Idem, tomo IX, p. 343.
- Idem, tomo IX, p. 254.
- Idem, tomo IX, p. 214.
- Idem, tomo IX, p. 298.
- Idem, tomo IX, p. 216.
- Idem, tomo IX, p. 287.
- Idem, tomo IX, p. 351.
- Idem, tomo IX, p. 342.
- Idem, tomo IX, p. 302.
- Idem, tomo IX, p. 17.
- Idem, tomo IX, p. 66.
- Idem, tomo IX, p. 62.
- Idem, tomo IX, p. 325.
- Idem, tomo IX, p. 117.
- Idem, tomo IX, p. 117.
- Idem, tomo IX, p. 308.
- Idem, tomo I, p. 206.
- Idem, tomo I, p. 201.
- Idem, tomo I, p. 202.
- Idem, tomo I, p. 201.
63 Harry Villegas (Pombo). Un hombre de la guerrilla del Che. Editora Política. La Habana, 1997, p 53.
64 Idem, p. 56.
65 Idem, p. 60.
- Ernesto Che Guevara. Escritos y Discursos. Ob. cit., tomo III, p. 220.
- Idem, tomo IX, p. 309.
- Idem, tomo IX, p. 343.





