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Significado y alcance de las elecciones legislativas 2026 en Estados Unidos

Miembros del Congreso, manteniendo el distanciamiento social, permanecen de pie mientras el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se dirige a una sesión conjunta del Congreso en el Capitolio, en Washington D. C., el 28 de abril de 2021. (Foto de Caroline Brehman / POOL / AFP)

Por, Fernando M. García Bielsa

A pocos días del 3 de noviembre, cuando se realizarán importantes elecciones para determinar la composición del Congreso y de varios gobiernos estaduales en Estados Unidos – y en medio de bastantes incertidumbres y especulaciones – se siguen dando a conocer numerosas encuestas acerca de los posibles resultados, así como sobre el impacto que en ellas tiene la figura y las acciones del Presidente Donald Trump.

Estos comicios determinarán la composición de los órganos legislativos, renovando la totalidad de los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los cien escaños del Senado, y la ocurrencia de posibles cambios significativos en las mayorías parlamentarias. Unos 60 legisladores en ejercicio de la Cámara de Representantes —23 demócratas y 37 republicanos— no se presentan a la reelección en 2026 (es decir, se trata de cupos abiertos).

No es el propósito de estas notas hacer predicciones de resultados, salvo apuntar que se da por seguro que conllevarán la pérdida del control por el Partido Republicano, al menos, en la Cámara de Representantes y con opciones para el democratas de conquistar también la mayoría en la cámara alta. Los republicanos defienden en el Senado una mayoría actual de 53 a 47 y los demócratas necesitan ganar cuatro bancas netas para controlarlo.

Asimismo, en muchos de los 50 estados del país habrá elecciones regionales. Estados Unidos cuenta con 26 gobernadores republicanos y 24 demócratas. En estas elecciones, los republicanos defienden dos gobernaciones en estados que Kamala Harris ganó en 2024 (Nuevo Hampshire y Vermont). Los demócratas defienden cinco gobernaciones en estados que Trump ganó en 2024 (Arizona, Kansas, Michigan, Pensilvania y Wisconsin). Hay 22 gobernadores en ejercicio que se retiran este año. Habrá también múltiples elecciones para alcaldías y otros cargos.

La economía doméstica marcada por inflación, tasas de interés y precios, es un factor decisivo que influye en muchos votantes. También influye en la proyección internacional, incluyendo el creciente rechazo a las guerras, en particular a la agresión contra Irán y su dramático impacto en el precio de los combustibles.

Debido a jubilaciones y derrotas en elecciones primarias dentro de distritos electoralmente seguros, el próximo año habrá en torno a un centenar de nuevos miembros en el Congreso; y esto sin contar los escaños que pudieran cambiar de partido. Un fuerte sentimiento en contra de los legisladores en ejercicio impregna las bases de ambos partidos.

Los republicanos están enfocados en defender algunos distritos estratégicos para consolidar su mayoría, mientras que los demócratas buscan capitalizar cualquier nueva caída de la popularidad presidencial para recuperar el control de una o ambas cámaras.

Aunque obstáculos estructurales dificultarán que los votantes sean escuchados durante estas llamadas “elecciones de mitad de mandato”, por lo general, el partido del gobierno en ejercicio tiende a perder escaños durante las elecciones de medio término, lo que representa un desafío para los republicanos que buscan mantener su actual control del Congreso.

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Estado actual de la base de apoyo de Trump

El Presidente mantiene cierta capacidad de conectarse con el fuerte malestar generalizada y muchos de los prejuicios que predominan en buena parte del electorado, aunque para muchos otros aparece cada vez más como desconectado de la realidad, con un liderazgo inestable y autoritario, como un hombre errático y senil, y cuyas capacidades de concentración lo estarían abandonando.

No pocos analistas apuntan que se ha producido una erosión en la coalición de votantes que le permitió sus anteriores victorias, incluyendo perdida del alegado respaldo que habría logrado entonces entre segmentos de clase trabajadora y del electorado latino, de gran importancia en estados del Medio este y en el Suroeste respectivamente. Se ha aludido incluso a cierto debilitamiento del llamado movimiento MAGA (Hacer a Estados Unidos Grande de Nuevo) que Trump lidera.

No obstante, Robert Reich, ex ministro y referente liberal demócrata, expreso la importancia de reconocer que las fuerzas que llevaron a Trump a la presidencia —en dos ocasiones— siguen arraigadas en Estados Unidos, mientras que otras decenas de millones de estadounidenses se sienten frustrados ante la polarización creciente, el aumento generalizado de los precios de los combustibles, el actuar autoritario y cambiante del Presidente, las consecuencias de la descabellada agresión contra Irán y el alto costo de la vida, entre otros factores.

Se sigue manifestando apatía y cierto rechazo respecto a un sistema político bipartidista corrupto que no refleja el sentir de sus bases de seguidores.

Los sondeos nacionales muestran una carrera muy reñida. Algunas pesquisas indican una ligera ventaja para los demócratas en la intención de voto genérica (con márgenes cercanos al 53% frente al 47%), aunque otros sondeos reflejan una competencia más ajustada dependiendo del estado y el distrito.

Por otro lado, es evidente que existe una puja entre un ala progresista que ha cobrado alguna fuerza en algunas bases del Partido Demócrata y la burocracia que controla las estructuras nacionales, quienes sostienen que la influencia de “socialistas de izquierda” podría alejar a votantes moderados y beneficiar a los republicanos.

Las exiguas opciones del sistema electoral

Por otra parte, la Corte Suprema ha desmantelado las leyes que limitaban la influencia del gran capital en la política. Hoy en día, los grandes donantes ejercen un poder mayor del que se recuerde. Los 20 principales donantes ya han gastado más de 1200 millones de dólares este año —todos, salvo dos, apoyando a los republicanos.

A esto se suman leyes, de mayor o menor alcance, mediante las cuales los estados restringen el derecho al voto. Se espera una reducción de cientos de miles de votos emitidos., sobre todo entre los sectores de menos ingresos.

Como señalamos en un anterior artículo[2], ambos partidos oligárquicos utilizan artimañas para “halar las brasas hacia su sartén”, entre ellas la estructuración caprichosa de los límites de “distritos electorales seguros”, donde la oposición pueda ser descartada y los resultados estar prefabricados.

Las mecánicas del proceso electoral y el peso decisivo del dinero corporativo hacen que se dé por segura la reelección de la inmensa mayoría de los legisladores en ejercicio. Casi todas las bancadas son firmemente demócratas o republicanos. Existen muy pocos distritos congresionales realmente competitivos. Según algunos cálculos serian alrededor de 30 los escaños donde resulta más difícil prever un ganador. O sea, la definición de los eventuales cambios en la mayoría de ambas cámaras depende mayormente de los resultados electorales en esas circunscripciones; muchos de ellos por márgenes muy estrechos.

Se ha configurado un sistema político en el que la competencia es exigua, los multimillonarios dominan el gasto electoral y los votantes de color cuentan con escasa protección frente a los abusos.

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Posibles amenazas a la integridad del proceso electoral

El clima político también está marcado por debates y preocupaciones sobre posibles hechos que podrían alterar la supuesta limpieza del proceso electoral y los derechos de voto. Personalmente, el Presidente ha estado esbozando pasos al parecer dirigidos a poner en marcha una serie de acontecimientos para invalidar y manipular el resultado de las elecciones de mitad de mandato y se ha dedicado a sembrar dudas sobre la limpieza del proceso y los posibles resultados. Se ha señalado que si no tienen éxito estarían, incluso, preparados para anularlas.

Entre otras, han impulsado herramientas notoriamente imprecisas e incompletas para verificar la ciudadanía de los votantes inscritos y para seguir agitando sus políticas antiinmigrantes, que la Administración pretende utilizar como pretexto para depurar los padrones electorales aduciendo que los demócratas han propiciado a muchos indocumentados ingresar a los listados.

Podrían asimismo presentar una oleada de demandas alegando fraude electoral, exigirán recuentos en todo el país, difundirán propaganda incesante sobre supuestas ciber interferencias de China e Irán, amenazarán con procesar a los funcionarios electorales estatales e incluso podrían llegar a incautar máquinas de votación, entre otras maniobras.

Si la administración Trump no logra impedir que los demócratas recuperen el Congreso en estas elecciones — tal como sugieren casi todas las encuestas principales—, es poco probable que los partidarios del culto MAGA acepten el resultado sin oponer resistencia.

Incluso, el actual presidente republicano de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, podría valerse de algunas triquiñuelas para alterar el resultado de las elecciones legislativas, y hasta podría, luego, intentar impedir en enero la acreditación de diputados demócratas recién electos y hasta provocar una crisis constitucional, en un intento desesperado por asegurar el control republicano.

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Lo que viene después

De superarse esa etapa, debe quedar instalada una mayoría demócrata en la Cámara. Se sabe que el liderazgo de ese partido está preparando “una vasta agenda de supervisión” que es “tan sólida como desalentadora y que abarca varios comités de la Cámara”, informó AP. Con el poder de la mayoría vienen mayores presupuestos y personal, y la capacidad de investigar, emitir citaciones, y escarbar en las debilidades de sus oponentes y del propio Presidente.

El resultado apunta a redefinir el margen de maniobra del presidente Trump en el último tramo de su segundo mandato, pudiendo redefinir su presidencia y su capacidad para impulsar su agenda legislativa…. El equilibrio de poder en el Congreso será determinante para el futuro de políticas clave, como las regulaciones migratorias, el gasto público y las políticas comerciales. Una derrota del Partico Republicano podría exponer a su administración a investigaciones o posibles procesos de impugnación (impeachment) por parte de una mayoría demócrata

El despliegue por parte del gobierno de agentes federales de inmigración en varias comunidades estadounidenses para abusar de los derechos de los ciudadanos e inmigrantes estadounidenses por igual, así como su guerra ilegal contra Irán (con la consiguiente crisis de asequibilidad) también han alimentado los llamados a un juicio político.

Tanto líderes republicanos como los demócratas están discutiendo la posibilidad de que un Congreso controlado por los demócratas pueda intentar destituir al presidente Trump por tercera vez, luego de dos anteriores frustradas tentativas en 2019 y 2021. Los demócratas han estado considerando variantes o bases para un juicio político contra el mandatario desde el regreso de este a la Casa Blanca el año pasado.

Se da por seguro que, al menos, van a investigar a familiares del Presidente y a algunos secretarios del Gabinete. Aun sin dominio en el Senado, los demócratas en la Cámara de Representantes tendrán el mayor peso en el control del presupuesto y la facultad de investigar: podría citar integrantes del gabinete como Rubio, Hegseth y Bessent, auditar las operaciones en el Caribe, el salvataje a la Argentina y otros asuntos.

Donald Trump conservaría la capacidad de vetar proyectos presupuestarios y otros impulsados por los demócratas, al tiempo que varios ámbitos del proceso legislativo podrían hacerse más lentos y engorrosos, y anticipar negociaciones prolongadas y pocos incentivos para aprobar, por ejemplo, una ampliación del techo de la descomunal deuda que arrastra el país.

Los resultados de estas elecciones tendrán, por tanto, implicaciones considerables sobre el rumbo legislativo, económico y social del país para los últimos dos años de esta administración, y para algunos ámbitos de la política exterior y económica de Estados Unidos de cara al futuro inmediato- No obstante, no se debe sobreestimar su alcance dado que en esas áreas se mantiene bastante consenso y contubernio bipartidista y oligárquico.

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