Inicio / Artículos / América Latina, bajo la tensión del vínculo entre Washington y Beijing

América Latina, bajo la tensión del vínculo entre Washington y Beijing

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (izq.), se reúne con el presidente de China, Xi Jinping, en el marco de su visita al Jardín Zhongnanhai en Pekín, el 15 de mayo de 2026. (Foto de Evan Vucci / POOL / AFP)

Fernando Bulggiani

16 de agosto de 2026 

Docente e investigador, licenciado en Ciencia Política y Gobierno por la Universidad Nacional de Lanús. Excoordinador del Observatorio de Política Internacional del Senado de la Nación y coeditor de varios libros.

 

América Latina en la nueva geopolítica del poder global

El escenario de disputa entre las superpotencias abre oportunidades de diversificación pero también plantea dilemas de autonomía.

La rivalidad entre Estados Unidos y la República Popular China se ha consolidado como uno de los ejes estructurantes del sistema internacional contemporáneo. Sin embargo, esta disputa difícilmente pueda interpretarse como una simple reedición de la Guerra Fría. A diferencia del enfrentamiento bipolar del siglo XX, la competencia actual no se organiza exclusivamente en torno a clivajes ideológicos o militares, sino que articula dimensiones económicas, tecnológicas, financieras y geopolíticas en un contexto de profunda interdependencia global.

El ascenso sostenido de China en términos productivos, tecnológicos y geopolíticos tensiona la primacía estadounidense y reabre interrogantes acerca de la estabilidad del orden liberal. Más que una transición lineal de poder, lo que se observa es una reconfiguración conflictiva del sistema internacional, en la que las capacidades industriales, tecnológicas y financieras adquieren un papel cada vez más decisivo en la definición de la jerarquía global.

Esta rivalidad no se limita al vínculo bilateral entre Washington y Beijing, sino que se proyecta sobre distintas regiones del mundo, donde la competencia por infraestructura, financiamiento, recursos estratégicos y estándares tecnológicos adquiere expresiones concretas. América Latina y el Caribe comienzan así a adquirir una nueva centralidad en esta disputa.

Tecnología, interdependencia y poder

Uno de los rasgos más distintivos del escenario actual es el desplazamiento de la competencia entre grandes potencias hacia el terreno tecnológico. El control de tecnologías avanzadas y de las infraestructuras que las sostienen se ha convertido en un componente central del poder internacional. Sectores como los semiconductores, la inteligencia artificial o las telecomunicaciones constituyen hoy nodos críticos tanto de las cadenas globales de valor como de las capacidades estatales.

La industria de los semiconductores ofrece un ejemplo paradigmático: el control de sus cadenas de producción —altamente concentradas en etapas críticas— se ha transformado en un factor estratégico de primer orden. En paralelo, la disputa en torno a Huawei y el despliegue de redes 5G evidenció hasta qué punto las tecnologías digitales han dejado de ser consideradas bienes comerciales para convertirse en infraestructuras críticas de seguridad nacional.

En este contexto, el avance tecnológico chino comenzó a ser percibido en Washington no solo como un desafío económico, sino como un cuestionamiento estructural a su primacía global. La competencia adquirió así un carácter integral que atraviesa dimensiones económicas, financieras y geopolíticas, reconfigurando el modo en que se concibe la economía global: ya no como un espacio neutral de cooperación, sino como un terreno de disputa estratégica.

Este desplazamiento se inscribe, a su vez, en una transformación más amplia del funcionamiento de la interdependencia global. Durante las décadas posteriores a la Guerra Fría, la expansión de las cadenas de valor alimentó la expectativa de que la interdependencia favorecería la estabilidad internacional. Sin embargo, la evolución reciente ha puesto en cuestión esta premisa.

Las redes económicas globales pueden convertirse en instrumentos de poder cuando determinados actores controlan nodos estratégicos. Este fenómeno, conceptualizado como “interdependencia armada”, refiere a la capacidad de los Estados de utilizar dichas redes con fines geopolíticos. Sanciones financieras, controles tecnológicos y reconfiguración de cadenas de suministro ilustran esta lógica. La interdependencia no desaparece, pero se vuelve más selectiva, más politizada y subordinada a consideraciones estratégicas.

Es precisamente en este cruce entre tecnología, economía y poder donde la rivalidad chino-estadounidense adquiere su densidad contemporánea y comienza a proyectarse con mayor intensidad sobre los espacios regionales.

Estamos viviendo una profunda confrontación sistémica entre China y Estados Unidos. Una entrevista para comprender el contexto mundial

América Latina en la disputa

América Latina se inscribe de manera creciente en esta dinámica. Durante las primeras décadas del siglo XXI, el comercio entre China y la región experimentó una expansión extraordinaria, reconfigurando su inserción internacional. Sin embargo, este vínculo se estructuró sobre un patrón persistente de asimetría: exportación de bienes primarios e importación de manufacturas de mayor contenido tecnológico.

Al mismo tiempo, la presencia china se extendió hacia financiamiento, infraestructura, energía y sectores estratégicos, articulándose con iniciativas como la Franja y la Ruta. Este proceso comenzó a ser interpretado en Washington no solo como un fenómeno económico, sino como un desafío estratégico a su histórica primacía regional. En este contexto reaparece con fuerza la noción de “hemisferio occidental”, no como una categoría geográfica, sino como una construcción geopolítica que delimita un espacio de influencia.

El caso argentino permite observar estas tensiones en una escala concreta. La profundización del vínculo con Beijing —en comercio, financiamiento e infraestructura— consolidó una relación densa en sectores estratégicos, incluyendo cooperación tecnológica y proyectos como la estación espacial en Neuquén. A esto se suma la dimensión financiera, donde instrumentos como el swap de monedas han funcionado como mecanismos de alivio en contextos de restricción externa.

Esta inserción se desarrolla en un entorno atravesado por la rivalidad entre grandes potencias, lo que introduce tensiones crecientes en la política exterior. La competencia global comienza así a proyectarse sobre decisiones económicas, tecnológicas y diplomáticas, reduciendo márgenes de neutralidad y complejizando las estrategias de inserción internacional. En este sentido, lo que en el caso argentino aparece como una tensión de política exterior remite, en realidad, a una dinámica de alcance sistémico.

En definitiva, la rivalidad chino-estadounidense constituye uno de los procesos estructurales que marcan la transición del orden internacional contemporáneo. Para América Latina, este escenario abre oportunidades de diversificación, pero también plantea dilemas de autonomía en un sistema crecientemente polarizado.

La capacidad de los países de la región para navegar este contexto dependerá, en última instancia, de su habilidad para articular estrategias que equilibren oportunidades económicas, restricciones estructurales y presiones geopolíticas.

 

 

Este artículo fue originalmente publicado en la Carta del CEISiL Nº 6, del Centro de Estudios en Investigaciones Sino-Latinoamericano de la Universidad Nacional de Lanús, que dirige Gustavo Girado.

 

Autor

Etiqueta:

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *