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“La única minoría peligrosa es la de los millonarios fascistas”

Por Néstor Restivo (publicado inicialmente en Tektónikos)

Hace ya un cuarto de siglo, el Foro Social Mundial (FSM) —que arrancó en Puerto Alegre en 2001, funcionó y giró por el mundo durante años hasta ahora, pero que fue perdiendo relevancia— movilizó a decenas de miles de activistas contra la globalización neoliberal y atrajo la atención de organizaciones políticas, sociales, culturales y ambientalistas de todo el planeta. En el espacio latinoamericano, varios de sus impulsores pronto llegaron al gobierno: el chavismo (que en rigor ya lo estaba desde 1999 en Venezuela), el PT brasileño, el MAS en Bolivia, la Alianza País en Ecuador, el Frente Amplio en Uruguay o el kirchnerismo en Argentina. Y la agenda del FSM, que buscaba contrarrestar el avance neoliberal, se trasladó, en los mejores casos, a la gestión pública con mayor o menor fortuna. Poco más de una década después, la derecha retomaba mayoritariamente el mando del curso económico regional y, luego de sus primeros fracasos, América Latina volvió a ser ese triste vals yendo desde el progresismo a la reacción sin que –más bien al contrario- los reclamos y sueños del FSM pudieran concretarse.

A nivel mundial, 25 años después, un neofascismo liderado por el gobierno de Estados Unidos y sus aliados, llevando guerra, genocidio y vale todo sin reglas a lo largo y ancho del mundo, crea un escenario de catástrofe y otra vez Puerto Alegre volvió a convocar a un encuentro militante para pensar alternativas en la llamada “Primera Conferencia Internacional Antifascista por la Soberanía de los Pueblos”. Los escenarios no son iguales, también se modificaron los actores. Pero la lucha contra el poder económico concentrado, la depredación y la guerra parece ser la misma.

Uno de quienes viajaron desde Argentina (el país que con unos 150 militantes tuvo la mayor asistencia, luego del anfitrión Brasil) dijo a Tektónikos que “justamente en la Conferencia hubo balances de lo que pudieron, o no, hacer los gobiernos progresistas que hubo en la región, con una autocrítica que no se quedó solo en juzgar esas gestiones, sino que alcanzó a los propios movimientos sociales: por qué tampoco pudieron empujar a que los cambios que se buscaban ocurrieran”. Quien lo dice, Nahuel Gravano, dirigente de Marabunta, considera que “si bien este primer encuentro fue, en términos de escala, menos masivo que aquellos primeros Foro Social Mundiales, lo importante es que en los intercambios de ideas con gente de todo el mundo recogimos esa experiencia y hoy sabemos que no se trata solo de reclamar por una mejor distribución del ingreso o de que nos tiren alguna migaja cuando terminen los gobiernos de Milei o sus similares, sino de ser conscientes de que el combate al capital es a fondo, si no la historia se repetirá, y el planeta y muchos pueblos están al límite”.

¿Qué es ser “antifascista” ahora?, se le preguntó. “Obviamente hay escenarios distintos, aunque con cuestiones que pueden compararse a la Europa de Hitler o Mussolini. Una buena definición que escuché en la Conferencia es ver este neofascismo en el llamado ‘Eje Epstein’. Quiero decir, hay gobiernos que, aunque proceden de elecciones, se ordenan bajo una lógica sionista, que justifican, apoyan, aportan o directamente se involucran en las guerras actuales, que tienen que ver con el genocidio y con suplantar población local para instalar otras en un esquema diferente al colonialismo clásico, donde el capital cada vez más concentrado reclama para sí recursos naturales (el agua, los glaciares, los minerales, la energía, los alimentos); es una fracción de la alta burguesía más poderosa que ya no sabe hasta dónde extender su dominio para extraer ganancias. En el fondo, es lo que pasa en los escenarios bélicos actuales, también en África o en América Latina con Venezuela, por ejemplo”.

La Conferencia

Este primer encuentro antifascista debió hacerse en 2024, pero las inundaciones catastróficas en el sur del Brasil –y el cambio climático es uno de los ejes convocantes también de esta Conferencia, con mucha presencia de ambientalistas– lo postergaron. Tampoco se pudo hacer en 2025 y al fin llegó la concreción: ocurrió en el campus de la Universidad Federal de Río Grande del Sur (los de 2001 y 2002 del FSM habían sido en otro campus universitario, el de la Universidad Católica) entre los días 26 al 29 de marzo de este año. Participaron más de 4.000 personas de casi medio centenar de países (casi todos los de América Latina, Estados Unidos, Canadá, Mali, Benín, Costa de Marfil, Filipinas, Irán, entre muchos otros) y la presencia mayor fue brasileña: de los partidos de los Trabajadores (PT), Socialismo y Libertad (PSOL, junto con su Movimiento de Izquierda Socialista, MES), Comunista de Brasil (PC do B) y Movimiento de los Sin Tierra (MST). Empujaron de afuera el Comité por la Abolición de las Deudas Ilegítimas (antes llamado por la Anulación de las deudas de Tercer Mundo, CADTM), y ATTAC, la ong que busca una mayor tributación de las grandes fortunas y capitales, entre otros objetivos. Asimismo, varios grupos más campesinos, feministas, trotskistas, ecologistas, etc. Y de Argentina, entre varias más, hubo presencias de ambas CTA, Mundo Sur, Columna Mostri y organizaciones que forman parte de Vientos del Pueblo como la ya citada Marabunta al igual que MULCS Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social; Poder Popular; CPI Corriente Política de Izquierda; FPDS CP Frente Popular Darío Santillán – Corriente Plurinacional; Emancipación Sur; La Fragua – Colectivo militante, y Contrahegemonía.

La Conferencia en el sur brasileño no estuvo aislada de otros acontecimientos, del mismo modo que aquellos foros sociales mundiales (que por cierto continúan, este año habrá una nueva edición en Benín) no eran ajenos a movidas que se daban simultáneamente en el cambio de siglo contra el FMI, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, el G-7 o el Foro de Davos, con puntos fuertes de movilización en Seattle, Melbourne, Cancún, Génova, entre otros, que incluso tuvieron éxitos parciales como fue voltear un Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI, o MAI en inglés) que cocinaban las grandes multinacionales al amparo de la OMC y de la OCDE y luego repetir la victoria en el No al ALCA.

Ahora, como dice la Declaración de Porto Alegre 2026, “en esa misma semana tuvo lugar el convoy Nuestra América a Cuba; más de un millón de personas salieron a las calles en Argentina, luchando por la memoria y contra Milei; hubo cientos de miles en la convocatoria antifascista en el Reino Unido y, especialmente, la gran e histórica manifestación ‘No Kings’ en Estados Unidos, donde millones de estadounidenses se reunieron en cientos de ciudades, declarando una vez más a Trump como enemigo de la humanidad”.

Temas en debate

Roberto Baradel (secretario general del gremio docente SUTEBA, dirigente de la CTA de los Trabajadores y miembro de Mundo Sur) es uno de los sindicalistas argentinos que hace 25 años participaba de los foros sociales del Porto Alegre. “Fue muy importante –dice a Tektónikos ahora que volvió a viajar, esta vez para la Conferencia Antifascista– que se haya repetido la organización de su primer encuentro en la misma ciudad. Lo digo porque después de aquellos FSM surgieron los proyectos integracionistas y soberanistas de América Latina con los que pudimos avanzar”.

Añadió que “ahora el escenario es algo distinto, no es solo una lucha contra las grandes corporaciones, sino además contra multimillonarios con nombre y apellido que se apropian de gobiernos. Son parte de esa clase, como Trump, o dignos representantes de ella, como Milei. Y es importante que nos unamos para articular las luchas contra estas políticas no solo en defensa de la democracia, la paz, la justicia social, los derechos humanos, el cuidado del medioambiente, sino también por la inaudita voracidad de este capitalismo que avasalla a la clase trabajadora y la soberanía nacional para defender sus privilegios”. Baradel condenó cómo el neofascismo capitalista busca ir “destruyendo a pueblos enteros como fue el intento con Palestina o Irán, o secuestrando a presidentes legítimos como Nicolás Maduro en Venezuela. Si después de aquellos FSM surgieron aires esperanzadores en América Latina al menos, necesitamos recrear las condiciones de unidad y lucha contra esta nueva amenaza global”, dijo.

Por su parte, Mónica Gurina, secretaria general de la Central de los Trabajadores de la Argentina –  Autónoma, contó a Tektónikos que le impactaron en especial dos cuestiones del encuentro: una, la enorme solidaridad con el pueblo palestino por el genocidio en Gaza y la idea de lanzar al mar nuevamente la flotilla Global Sumud de ayuda humanitaria, siempre reprimida por Israel; y otra, la enorme similitud en materia educativa (educación para el fascismo) que observa en la Argentina de Milei y en lo que fue el Brasil de Bolsonaro, que busca volver al poder en las elecciones generales del próximo octubre.

Según Gurina, “la cuestión del apoyo a Gaza estuvo muy presentes en los debates, del que participaron algunos protagonistas directos de esa acción de la flotilla y la resistencia. Se siguen armando expediciones para ayudar a los palestinos pese al bloqueo y hay mucho apoyo en este movimiento, con firmas y convocatorias a la nueva flotilla de estos días con muchas más embarcaciones de las que lo intentaron hasta ahora”.

La dirigente sindical (que tiene militancia en la docencia y cuyo combate al plan de ajuste de Milei incluso le ha valido persecución judicial) participó también de las mesas destinadas al debate educativo. “El análisis de los proyectos de ley educativos son muy parecidos en la Argentina y en Brasil –dijo–, ponen en evidencia que la derecha tiene su organización, su armado internacional en eso también; de hecho, las llamadas ‘derecha-fest’ que se hacen en distintos países forman parte de esas reuniones internacionales donde diseñan sus estrategias. Creo en ese sentido que, por nuestro lado, nos debemos más acciones como esta conferencia para socializar nuestras experiencias, porque hay un capitalismo dispuesto a no perder sus privilegios y que ahora se viste de neofascismo, y el caso más claro es la Argentina. Aquí tenemos un gobierno elegido que destruye el Estado, los derechos laborales, la universidad pública, nuestros recursos naturales, la salud pública, todos los derechos, así como la solidaridad construida socialmente para jubilados y personas con discapacidad, entre otras políticas”.

Otro de los asistentes consultados fue el dirigente del Partido Comunista de Brasil Ricardo Alemão, quien valoró para este portal la “diversidad y amplitud de la presencia de este encuentro donde creo que lo más importante fue la necesidad de vincular las actuales luchas contra el fascismo del siglo XXI con las luchas antiimperialistas, con vértice en Donald Trump. El encuentro en Puerto Alegre, una ciudad con tradición de lucha en este terreno, tuvo un final resolutivo para promover las movilizaciones y acciones en cada territorio que organicen la resistencia y la organización popular”, afirmó. Desde el PCdoB recordaron también que esta Conferencia siguió al I Foro Internacional Antifascista de Minsk, en abril de 2023, y al Congreso Antifascista de Caracas de septiembre 2024, “donde no estaba tan clara la ligación entre las luchas antifascistas a las antiimperialistas”.

Contrapuntos: diversidades y Sur Global

Otro de los ejes de la cita en la tierra gaúcha fue cómo el nacionalismo exacerbado de los fascismos reproduce el odio racista, xenófobo, sexista o la LGBTQI+fobia. En ese sentido, Tektónikos consultó a Ese Montenegro, militante transmasculino que viajó como parte de la Columna Mostri. “Nosotros somos una organización política no partidaria con características que quizás no coincide con percepciones de quienes mayoritariamente participaron del evento. No llevamos un programa ‘cerrado’ a una disputa en los términos de un partido más o menos tradicional. Por eso vimos que la participación partidaria fue mayoritariamente de lo que entendemos como ‘izquierdas’ más o menos tradicionales, pero cuyas características que se presentan como internacionalistas, no son homogéneas. Hay disputas y tensiones, eso no pasa solo en las derechas o centroderechas. Y vimos que ciertas diferencias en las caracterizaciones de base, no sé si impiden, pero sin dudas demoran, la posibilidad de construcción de horizontes en común, posibles de configurar una agenda o programa compartido”.

Agregó “Nos quedamos pensando con las compañeras con quienes viajamos que dentro de lo que fue ‘la grilla oficial’ de las conferencias hubo un recorte bastante arbitrario de ‘los temas que importan’ y cierto sesgo expositivo, que dejó poco margen para hacer más horizontal el diálogo. Si bien hubo encuentros paralelos, una suerte de ‘grilla extraoficial’, donde desde las marginalidades se pudieron producir otros espacios, se publicitó poco y tuvo déficits de accesibilidad y de condiciones materiales de funcionamiento”. Para ejemplificar su crítica, Montenegro dijo que “en la grilla oficial hubo una sola mesa que puso en contacto los ejes Feminismo y antirracismo, y todas sus expositoras (tuvo el formato expositivo que señalé) dieron cuenta de la jerarquización de las agendas y la ‘bajada de precio’ a los temas que consideran menores. Entonces, hablar de la relación entre el fascismo y: el cuerdismo, el patriarcado, el racismo, el capacitismo, el transodio, el encarcelamiento, la moral y el pánico sexual, la eugenesia, el higienismo, etc. se vuelve urgente. Sin descuidar el concepto de clase, creemos que si no mejoramos eso se ordena y perpetúa la idea (siempre cruel) de que hay vidas que valen menos, que son descartables, que incluso, son configurables como un costo social asimilable, ante tanta desigualdad”.

Un tema más que puede dividir algo las aguas es el de cómo se percibe el resurgir del Sur Global y sus estructuras emergentes, como los BRICS. En el encuentro participaron muchas organizaciones de izquierda con una mirada más distante y otras, como las del Brasil anfitrión, más afines a una construcción alternativa al Norte global. De hecho, el PT en el gobierno con todos los partidos de izquierda que lo acompañan (y aún con socios del gobierno de Lula más conservadores o de centroderecha, pero necesarios para evitar el regreso del bolsonarismo) no solo fueron los más activos de la Conferencia, sino los más asertivos promotores de la pertenencia brasileña en los BRICS y el rol de liderazgo en la región que tiene el actual gobierno de la mayor economía latinoamericana, por sus alianzas con China, Rusia, India o Sudáfrica, así como las posturas claras contra la guerra, el genocidio y el unipolarismo.

Dice Nahuel Gravano: “Por supuesto los BRICS no son la OTAN, pero vemos que hay diferencias entre sus países, y la convocatoria de Porto Alegre es clara en señalar que combatimos todo tipo de imperialismo. Por cierto, podemos acercarnos a las posturas de países BRICS en términos de la disputa geopolítica, pero no necesariamente compartimos criterios de algunos miembros en materia de teocracias, castas, vigilancia digital extrema, autoritarismos”. Del mismo modo, Eric Toussaint, del CADTM (entidad promotora de la Conferencia y que ha hablado de una “internacional del odio” con “un discurso racista y chauvinista que persigue objetivos como “destrucción social, privatización de los servicios públicos, desmantelamiento de la seguridad social y precarización de los asalariados, vigilancia idariomasiva, ecocidio y colonialismo, negacionismo climático en beneficio del extractivismo, discriminación reforzada contra las mujeres, contra los LGBT+, contra las personas de origen extranjero, etc”) ha escrito sobre lo que llama zonas de influencia, un argumento que es cuestionado por otros analistas como Gabriel Merino.

En afán de acercar posiciones, Toussaint también ha escrito que “para actuar conjuntamente desde una perspectiva antiimperialista, no es necesario ponerse de acuerdo en la caracterización de Rusia o China, siempre que estemos de acuerdo en tareas concretas de solidaridad”. Y añadió que “si bien las divergencias sobre la naturaleza de los distintos imperialismos y el legado del siglo XX siguen fragmentando a la izquierda, la urgencia dictada por el auge coordinado de los neofascismos y las agresiones imperialistas ha forzado una convergencia sin precedentes.”

El contrapunto se observó, asimismo, con una propuesta que el PCdoB llevó para el documento final y no fue incluida. Raúl Carrion (historiador y dirigente de ese partido, exdiputado federal, uno de los organizadores de la Conferencia) dijo “lamentar que una propuesta nuestra construida con la máxima amplitud no haya sido aceptada”, y recordó lo que decía: “Defensa de un proceso de paz en Ucrania que remueva las causas de fondo del conflicto, establezca garantías de seguridad para todas las partes y respete la autodeterminación y la voluntad soberana de las poblaciones envueltas en el conflicto”.

En el caso de Irán o Palestina, o de las agresiones a Venezuela y Cuba, hubo mayores coincidencias, con un repudio cerrado al “colonialismo sionista” y las acciones israelo-estadounidenses contra ambos pueblos. “La voluntad de acumular riquezas en manos del capital, la búsqueda desenfrenada del lucro máximo que sustenta las políticas de la extrema derecha también se manifiesta en la intensificación de las agresiones imperialistas para monopolizar recursos y explotar a los pueblos”, sostuvo Carrion.

Después de todo, como también expresó Montenegro, “la única minoría peligrosa es la de los millonarios fascistas”.

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