Por: Gustavo Márquez Marín /originalmente en Aporrea
Venezuela: ensayo colonial del siglo XXI
Aplicando la lógica del pescador que administra la fuerza de su presa, el gobierno de los Estados Unidos aplica y flexibiliza sanciones a discreción a través de las licencias de la OFAC, mientras afianza su dominio sobre Venezuela. Mediante un sofisticado entramado económico, jurídico y de seguridad, Washington está tejiendo una tupida malla de contención sobre el país para someter al Estado-Nación, cercenando su capacidad de autogobernarse, su soberanía y su destino histórico.
En contubernio con el gobierno tutelado de Delcy Rodríguez, EEUU pretende forjar una dependencia absoluta envuelta en la narrativa, propia del colonizador supremacista, presentándola como un remedio «inevitable» ante la supuesta incapacidad “congénita” del país para superar el malestar social. Esta celada no busca erosionar a una facción política particular, sino vulnerar la médula de la soberanía: la facultad del Estado para regir su territorio, disponer de sus recursos y definir su futuro.
Los hilos de acero y el plan colonial de nueva generación
Para comprender lo que acaece hoy en Venezuela es indispensable tomar distancia y observar el escenario desde las alturas. Visto desde esa perspectiva panorámica, lo que acaece hoy en Venezuela no es ni una «reconstrucción gradual» ni una «transición a la democracia», sino la ejecución metódica de un plan de ingeniería colonial dirigido por el gobierno estadounidense. con la anuencia del gobierno tutelado de Delcy Rodríguez y el evidente respaldo pleno del liderazgo opositor que encabeza María Corina Machado, a pesar de su supuesta inconformidad por haber sido marginada por razones tácticas en ésta etapa del proceso. Este plan se articula mediante cinco hilos de acero:
La dolarización formal: abdicación de la soberanía monetaria
Sustituir la moneda nacional por el dólar atraído por el espejismo de alcanzar la estabilidad de precios, representa la renuncia expresa a la soberanía monetaria. La adopción del dólar elimina al Banco Central como emisor soberano y declinar el poder monetario en la Reserva Federal de EEUU, despojando al Estado de la capacidad de regular el sistema financiero, administrar reservas y trazar políticas económicas o sea de ejercer la gobernabilidad económica. En términos prácticos, el pago a un maestro, el funcionamiento de un hospital o la reactivación industrial quedan supeditados a las políticas y directrices de Washington.
El Acuerdo Petrolero: la entrega del recurso estratégico vital
Bajo la arquitectura del acuerdo petrolero suscrito entre EEUU y el gobierno tutelado, el Estado cedió la posesión y gestión de las reservas petroleras más valiosas y económicamente explotables de 65.000 millones bd por 25 años. Se consumó así la entrega del recurso estratégico vital del país, despojando a la Nación de su sustento material e instrumento geopolítico fundamental y de su capacidad soberana de hacer política petrolera. La cadena de valor queda supeditada al Pentágono, a las corporaciones transnacionales y al capital financiero internacional bajo el amparo de la Doctrina Monroe. La República retrocede al esquema extractivista de enclave: las multinacionales operan con beneficios tributarios mientras la pobreza y los pasivos ambientales crecen en el territorio.
El cerco sobre las telecomunicaciones: tutela del flujo informativo
El dominio sobre las telecomunicaciones mediante las licencias de la OFAC (como las 60 y 61) consuma el cerco tecnológico sobre este sector estratégico de impacto transversal y multidimensional. En la era del tecnofeudalismo y el neocolonialismo digital, controlar las redes equivale a dominar los antiguos puertos coloniales. Al someter la infraestructura de telecomunicaciones al arbitrio del Departamento del Tesoro, Washington decide qué empresas operan, qué normas técnicas aplican y bajo qué condiciones se comunica la sociedad, vulnerando la capacidad de la Nación para ser libre e independiente.
La renegociación de la deuda externa: el embargo del futuro
La reestructuración de la artificialmente superinflada deuda externa actúa como la «tenaza fiscal» de una nueva Pax Estadounidense. Lejos de plantear una condonación soberana que devuelva el “oxígeno” a la economía nacional, la negociación se somete a los fondos de inversión y organismos multilaterales dirigidos por EE. UU. Esto impondrá contraprestaciones gravosas: un servicio de deuda impagable, el remate de activos externos (como Citgo), la entrega de yacimientos mineros, la privatización de los servicios públicos y la pignoración de ingresos futuros, vaciando al Estado de su misión de garante del bien común y la cohesión social.
La captura de minerales estratégicos
A través de licencias de la OFAC (51D, 54C y 55A) y la reforma de la Ley Orgánica de Minas, Washington proyecta su control y saqueo de las reservas globales de oro, coltán, torio, níquel, diamantes y tierras raras del Arco Minero y Guayana. Este mecanismo monopólico cercena el ejercicio del Estado soberano de gestionar la política comercial, al prohibir la venta de minerales a competidores de EEUU (como China, Rusia o Irán) y exige subordinar los contratos a tribunales estadounidenses. De sobreexplotación minera desenfrenada, libre de regulaciones ambientales y sociales, promete acelerar la destrucción de los frágiles ecosistemas que sustentan la reserva de agua dulce, la biodiversidad y la infraestructura de hidroeléctrica del país. A ésto se suma la destrucción del hábitat y el desplazamiento de los pueblos indígenas establecidos en esa región. Es la liquidación del el patrimonio ambiental y sociocultural de la Nación.
El candado que cierra la malla
El candado que cierra la malla de contención colonial funciona como un filtro geopolítico y la anulación de facto de la inmunidad de jurisdicción propia de los Estado que se autodeterminan: Emisión de disposiciones de ‘obligatorio” cumplimiento como la Licencia de la OFAC 51D, que cercenan la política comercial soberana al vedar la venta de minerales a competidores de los Estados Unidos (como China, Rusia o Irán) y arrogarse el derecho a vetar las relaciones económicas. comerciales o de cooperación que no convengan geopolíticamente a los intereses de EEUU. Ese “filtro” opera usurpando la facultad del Estado venezolano para establecer marcos regulatorios, como el de la Licencia 55A de la OFAC, que exigen subordinar los contratos futuros a las leyes y tribunales estadounidenses, contraviniendo abiertamente los principios constitucionales de la República e inhibiendo la aplicación del Estado del derecho para juzgar la explotación de su propio subsuelo.
El Pentágono: agente económico y garante de la seguridad
El Pentágono ejercerá el control militar del territorio para asegurar el flujo de materias primas y neutralizar la resistencia social, militarizando la Faja del Orinoco, el Arco Minero y la Cuenca del Lago de Maracaibo. Proveerá la seguridad que garantiza la funcionalidad del “candado” sobre el enclave extractivista colonial venezolano, actuando como actor de primera línea, como parte interesada en el aprovechamiento de los recursos mineros y como guardián cuida el territorio conquistados. Dada la relevancia crítica de estos recursos para la hegemonía global, el estamento militar estadounidense ha pasado a ser un factor determinante en la ecuación económica. El correlato inevitable de este modelo colonial es la proyección de un control militar sobre las zonas de producción estratégica, transformando los centros de extracción en enclaves blindados para asegurar el flujo ininterrumpido de materias primas y neutralizar la resistencia social. Lo que se avecina es la militarización bajo el control de EEUU, de los extensos territorios que conforman el “Arco Minero del Orinoco”, la Faja del Orinoco y la Cuenca del Lago de Maracaibo.
La mutación del colonialismo en el siglo XXI
El colonialismo es un patrón de dominación dinámico que se adecúa a las fases de acumulación del capitalismo global. Dada la importancia de los recursos energéticos y mineros frente a la competencia con China y Rusia, el modelo neocolonial ensayado en Venezuela introduce una mutación: el Departamento de Defensa de EEUU deja de ser solo un brazo armado actuar también como inversor y administrador económico. Las zonas de producción operan como enclaves bajo tutela militar directa o indirecta del Comando Sur.
La Patria no se rinde ni se remata
Observados en conjunto, la dolarización, el despojo petrolero, el cerco tecnológico, el ahogamiento financiero y la captura de minerales no son hechos aislados, sino los engranajes de un proyecto de recolonización para clausurar la República.
No enfrentamos una crisis política coyuntural que pueda resolverse en un proceso electoral bajo la tutela de EEUU, sino el despojo integral de la soberanía. Enfrentamos la disyuntiva histórica entre resignarnos a ser una colonia o convocar la reserva moral de un pueblo que sabe con certeza que el bienestar social del presente y la esperanza de un futuro mejor para las próximas generaciones están indisolublemente ligado a la independencia nacional.
Un llamado de advertencia para Latinoamérica y el Caribe
Este “ensayo” no es un fenómeno aislado, sino la prueba piloto del nuevo orden hemisférico. Si estos mecanismos de despojo se consolidan en la región, América Latina retrocederá a una subordinación más profunda. Frente a la Doctrina Monroe en sus vertientes financiera y digital, la integración soberana y la complementariedad del Sur Global son el único camino para evitar que la región no sea repartida como como en las épocas más oscuras del oprobio colonial.





